¿Qué hacer con la defensa nacional?

No pensar en nuevos escenarios para las Fuerzas Armadas es otra dejadez que no lleva a ninguna parte

Fue una decisión que nadie quiso tomar, no se sabía qué camino adoptar después de 1983. Las opiniones se fragmentaron y pesó más el malestar de la sociedad contra los militares que habían estado despóticamente en el poder desde 1977. Y eso que se trata de algo que también hace a la soberanía nacional.

Hoy se sigue discutiendo qué hacer mientras se deterioran los equipos, como el caso del submarino ARA San Juan y otros barcos paralizados, con un proceso similar en el Ejército y en la Aeronáutica: abandonar a las Fuerzas Armadas, olvidarnos de ellas, con Costa Rica como ejemplo, desprendernos de toda la carga en el presupuesto o darles otras funciones. La discusión ya es de largo aliento.

La comparación histórica no es válida con Costa Rica. Eso ocurrió por una decisión y un acuerdo entre partidos políticos fatigados de usar la violencia. Otros 25 países tampoco tienen Fuerzas Armadas. Islandia, entre ellos.

En esa discusión sin fin hay en la Argentina toda una nueva generación de militares y la mayoría de ellos no tiene nada que ver con la dictadura militar. Carecen de entusiasmo y de metas, están abandonados, el país gasta cada vez menos en tenerlos en sus cuarteles. Si la sociedad se permitiera un importante debate sobre su destino, sus propósitos, el camino que les corresponde en caso de desastres naturales o de rispideces de la nación de cualquier color o sentido, se ayudaría a muchos que tienen real vocación para usar uniforme.

Según el sitio El Auditor.info, que recoge los informes de control y auditoría de la nación, desde los montos asignados en el 2003, el 97% del dinero se destinó a gastos corrientes y ocho de cada diez pesos fueron para pagar sueldos. No quedaron ni migajas para comprar equipamiento. Fue consecuencia de decisiones de los distintos gobiernos desde 1983 hasta ahora.

En los últimos 15 años, la partida destinada a defensa descendió del 4% al 2% del presupuesto nacional, mientras que el ítem que engloba los subsidios al transporte y la energía creció del 9,3 al 14 por ciento. Tomando en cuenta la expansión inflacionaria del país, la función defensa se multiplicó entre 2003 y 2017 por 22, en tanto que los gastos totales del Estados nacional crecieron 43 veces.

Siempre en términos nominales, el incremento más importante se dio este año, en comparación con 2016, con un incremento que superó los 14 mil millones de pesos.

Así las cosas, sin dinero, con un secreto a voces que es la existencia de corrupción en la reparación de los equipos desgastados, más los robos de equipos que no se lograron evitar, más la dejadez de cierta oficialidad escasamente motivada, la realidad se agrava.

Es un tema pendiente que hay que resolver con sobriedad, respeto y criterio. Tratar defensa como se está haciendo es de una marginalidad odiosa y sin sentido. No pensar en nuevos escenarios para las Fuerzas Armadas es otra dejadez que no lleva a ninguna parte.

Tras todo este escenario se desata otra polémica. Si se usa o no se usa a las Fuerzas Armadas en la lucha contra el narcotráfico. Hay especialistas que han advertido que los ejemplos de Colombia y México son luces rojas. Allí sí se las utilizó, con el riesgo del crecimiento de la corrupción mientras los cárteles de la droga permanecen dominando territorios de manera imbatible. En esos casos, el tráfico de droga ha ganado la batalla.

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