El ciclo del endeudamiento argentino

José Castillo

La calificadora de crédito internacional Standard & Poor's confirmó lo que venimos diciendo desde la izquierda: el endeudamiento externo argentino es insostenible y terminará hundiéndonos en una nueva crisis.

Standard & Poor's es una de las más renombradas empresas privadas del establishment financiero internacional, una de sus voces autorizadas. Su comunicado, dirigido a quienes se dedican a otorgar préstamos internacionales, fue clarísimo al plantear a los futuros inversores que tuvieran cuidado al prestarle a la Argentina, ya que se trata de uno de los cinco países más vulnerables del mundo, junto con Turquía, Egipto, Pakistán y Qatar. Standard & Poor's avisa que cualquier movimiento inesperado en la economía mundial (una crisis política, la suba de la tasa de interés de los Estados Unidos, una caída de una bolsa importante del mundo, etcétera) repercutirá directamente sobre la Argentina. En una palabra, si la economía mundial se resfría, nuestro país sufrirá una pulmonía.

Aclaremos un poco más para nuestros lectores. Desde el ascenso de Mauricio Macri venimos endeudándonos en forma astronómica: ya llevamos más de 120 mil millones de dólares, y si sumamos lo que está presupuestado para el año próximo, pasaremos los 150 mil. A esto hay que agregarle la deuda que nos quedó desde el kirchnerismo: era una mentira absoluta la afirmación de Cristina de que "nos estábamos desendeudando". La realidad es que, si sumamos toda la deuda, incluyendo además el paquete también gigantesco del Banco Central, donde hay un billón de pesos en Lebacs que vencen y deben ser refinanciadas en cortísimos plazos, y las deudas provinciales, ya debemos más de 350 mil millones de dólares. Sencillamente impagable.

Lo que viene haciendo Macri no es novedoso. Simplemente le puso más velocidad a algo que hicieron todos los gobiernos, sin excepción, desde la dictadura: endeudarse más para pagar la deuda anterior. Claro que para hacer esto hay que desembolsar en efectivo todos los años los intereses que se van generando. Refinanciamos el capital de la deuda, o sea, nunca la pagamos y cada vez debemos más. Y, por supuesto, los intereses que hay que abonar año a año también crecen. Esta es, sencillamente, la bola de nieve de la deuda externa.

Así, para pagar nada más que los intereses, cada gobierno ajusta las demás partidas. En concreto: menos para los jubilados, menos para educación, menos para salud y más para la deuda. Este año vamos a terminar poniendo 16 mil millones de dólares en este concepto, dos veces el presupuesto de educación y tres el de salud. Y el año próximo será peor.

Lo que advierte Standard & Poor's es que, aun así, llegará el momento en que el monto de deuda a refinanciar será tan grande que la rueda se cortará, nadie querrá prestarle más a la Argentina, ante el riesgo de no cobrar, y se irá a una crisis. Esto ya lo conocemos: pasó en 1982, se repitió en 1989 y, más cerca en el tiempo, en 2001. Peor aún: cualquier problema nuevo de una economía mundial que, recordémoslo, todavía no salió de la crisis abierta en 2007, puede precipitarnos inmediatamente al abismo.

El actual modelo es ajuste y hambre para hoy, pero encima no hay ningún futuro de "crecimiento económico, más empleo e inversiones", como nos quieren hacer creer desde el Gobierno. Lo que va a terminar pasando es que, más temprano que tarde, nos encaminaremos a una nueva crisis de deuda externa. Por eso, volvemos a insistir en que la única salida pasa por suspender ya mismo los pagos de deuda externa, repudiarla de conjunto, romper con los organismos financieros internacionales que recomiendan más endeudamiento y más ajuste, y pasar a utilizar todo ese dinero que hoy se va por ese barril sin fondo para lanzar un gran programa de emergencia, que empiece con un plan de obras públicas para construir viviendas populares y así resolver el drama del desempleo, a la vez que aumentamos los presupuestos de salud y educación, garantizamos un salario mínimo igual a la canasta familiar para todos los trabajadores y el 82% móvil para los jubilados.

El autor es economista. Dirigente de Izquierda Socialista.

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