Standard & Poor, una de las tres agencias de riesgo crediticio de más prestigio internacional, ha expresado días atrás que la economía argentina presenta una creciente vulnerabilidad, por lo que el Gobierno debe estar atento para corregir los desequilibrios macro que existen, manifestados por gran déficit fiscal, fuerte endeudamiento externo, déficit externo y marcado retraso del dólar.

Algo parecido acaba de afirmar la misión del Fondo Monetario Internacional (FMI) que vino a revisar las cuentas macroeconómicas del país. Sostuvo que el Gobierno debería empezar a reducir el déficit fiscal y, por consiguiente, tendría la necesidad de tomar deuda, al mismo tiempo que debería mejorar la competitividad externa para disminuir el déficit de las cuentas corrientes externas, fenómenos todos que imputa a la gran inflación que existe en comparación con parámetros internacionales.

Para nosotros, el mayor riesgo de la política económica del Gobierno radica en la creciente revaluación del peso y su contrapartida, que es la creciente subvaluación del dólar, lo que genera las condiciones para un déficit importante y cada vez mayor entre los ingresos y los egresos del comercio exterior y otros rubros importantes de la balanza de servicios.

Según cifras oficiales, hasta fines de septiembre de este año, el déficit del comercio exterior fue de 5.200 millones de dólares, lo que implica un promedio mensual de 577 millones de dólares, que, de mantenerse, haría que el déficit comercial para todo el año fuese de 6.931 millones de dólares, equivalente a 1,40% del PBI.

El déficit es todavía más amplio en lo que respecta a un rubro tan importante como es el turismo, que, al cabo de los primeros nueve meses de este año, acumuló un desequilibrio de 7.989 millones de dólares, equivalente a un promedio mensual de 887 millones de dólares. De mantenerse esta media, a fines de diciembre el rubro turismo habría acumulado un déficit de 10.650 millones de dólares, el equivalente a 2,10% del PBI.

La suma del déficit comercial más el déficit de turismo arroja la significativa cifra de 13.159 millones de dólares, equivalente a un promedio de 1.462 millones de dólares. Si esta media se mantuviese hasta fines de año, el déficit comercial más el déficit de turismo habrían alcanzado la cifra de 14.621 millones de dólares, lo que representa un 2,92% del PBI.

Si se toman en cuenta todos los rubros que integran el concepto de transacciones corrientes con el exterior —intereses, fletes, seguros, royalties, know how, etcétera—, el déficit en cuenta corriente de la balanza de pagos hasta fines de septiembre fue de 19.700 millones de dólares, equivalente al 3,94% del PBI.

El país ha tenido hasta fines de septiembre un promedio mensual de 2.188 millones de dólares de déficit en su cuenta corriente externa. De mantenerse hasta fin de año, implicaría que en el 2017 ese déficit alcanzaría los 26.264 millones de dólares, equivalente a un 5,25% del PBI.

Hasta fines de septiembre de este año la compra de dólares para atesoramiento y salida de capitales sumó la cifra de 15.500 millones de dólares, equivalente a un promedio mensual de 1.722 millones de dólares. Si este promedio fuese el mismo en los tres meses hasta fines de año, la compra de dólares de particulares y empresas para atesoramiento y remesa de capitales sería de 17.222 millones de dólares, equivalente al 3,44% del PBI. Por déficit de la cuenta corriente externa y la compra de dólares con fines preventivos, el país habría perdido de producir 43.486 millones de dólares, o sea, el equivalente a un 8,7% del PBI.

Esta tendencia deficitaria de la cuenta corriente de la balanza de pagos se profundizará más en el 2018 y el 2019, porque se necesitaría la entrada de fondos externos para cubrir dicho déficit, con lo cual el pago de intereses de la deuda soberana aumentaría del actual nivel de 10 mil millones de dólares, equivalente a un 2% del PBI.

El tiempo juega en contra el presidente Macri porque el mercado vería todas estas cifras con una ansiedad en aumento y muchos empezarían a cambiar de portafolio pasándose de la tasa al dólar sin importar cuán elevada fuese esa tasa. Esta huida hacia el dólar es el mayor peligro para la reelección del presidente, como lo atestigua toda la experiencia histórica del país.