(Télam)
(Télam)

Alianzas encubiertas, corrimientos oportunistas, suceden en todas las temporadas preelectorales, cuando los contendientes sufren o saltan de gozo al ver las novedades que les aportan sus tableros de comando.

La experiencia enseña que no se debe cantar victoria antes de tiempo. Lo puede refrendar Daniel Scioli, entre otros. Los ciudadanos deciden de acuerdo a convicciones – algunos – y conveniencia – la mayoría -, relativamente estables las primeras y voluble la segunda. Es habitual que la economía juegue un rol decisor, como lo demuestra la coyuntura actual. El oficialismo mide índices y exhibe logros no siempre reflejados en el gasto diario, pero que apuntan a la esperanza. La oposición cristinista agita el fantasma de un ajuste y ofrece más de lo mismo que llevó a la crisis.

Los burgueses son los motores de los cambios políticos y deciden en las elecciones. Las últimas medidas gubernamentales se dirigen a ellos. Créditos para la vivienda. Préstamos blandos para los sectores postergados.  Moneda apreciada que estimula los viajes a los que los argentinos son tan afectos. Suma y sigue. El colectivo Cambiemos alienta medidas que responden a intereses concretos y satisfacen decisiones postergadas. Queda por ver como siguen, pues los desafíos son numerosos.

La sociedad local ha perdido hace largos años el hábito del ahorro. No le faltan motivos, ante la sucesión de crisis económicas y políticas que la castigan periódicamente. Posee cultura inflacionaria y desconfía con motivos de los proyectos a largo plazo. Cambiar esta conducta demandará tiempo. Por el momento, al macrismo le alcanza con desmontar algunos subproductos del populismo permisivo.

Comenzó con dirigentes gremiales bien elegidos. Adictos a la impunidad, el patoterismo, la exhibición de riquezas. Indefendibles para sus pares y rechazados por la gente de a pie. No serán los últimos, pero la selección es cuidadosa y procura no invadir territorios minados. En este plano, el Presidente la ha emprendido con un gremialista empresario de cuello blanco, desconocido para la mayoría, pues maneja un coto de caza privado que genera altos ingresos. El practicaje ha creado varias fortunas y este dirigente es un ejemplo de tales costumbres.

Los próximos vendrán en breve, antecedidos por los ex funcionarios K sometidos a proceso. La Justicia argentina es lenta y mañosa. Cuando sus habitantes percibieron que desde el Poder Ejecutivo y la corporación política se les abría una puerta, reaccionaron y actuaron sobre quienes hasta hace pocos meses no se atrevían a citar. Ver a un ex super ministro y un ex vicepresidente kirchneristas sometidos a proceso, parece fantasioso. Desde el Gobierno lo aprecian y alientan. Al ciudadano de a pie le cae bien.

Viejos zorros del juego político, gobernadores y diversos dirigentes peronistas ofrecen alianzas impensadas poco tiempo atrás. Con el poder no se juega y la consigna es no rifarlo. Manejan territorios y distribuyen canonjías en riesgo si se les evapora la ayuda del gobierno nacional. Olfatean que el liderazgo cambia. La K paga menos que antes y no ofrece futuro. Han comenzado un doble juego que apuesta a la supervivencia y la formación de un frente común para impedir que les vacíen sus bases. Necesitan mostrar unidad ante un grupo de poder que se apropia de sus mecanismos de captación popular.

Una novedad en la Argentina contemporánea. Un Presidente de formación ingenieril y empresaria que no viene del conglomerado justicialista gana espacio con sus métodos, no se ata a compromisos partidarios y está desprovisto de prejuicios que lo condicionen. Ha comenzado más de un romance con sectores que poseen poder político. No son los únicos ni serán los últimos.

Queda por ver si expresan un cambio o se aferran a la historia conocida.

*El autor es miembro de ICC Baraldo, Consultores de Comunicación.