Elecciones generales 2017: rascando el fondo de la olla de las PASO

Según la historia reciente, buena parte de los que anularon su voto y votaron en blanco están disponibles

Todas las fuerzas políticas que superaron el piso requerido en las elecciones primarias se preparan para continuar su carrera en octubre. Ahora las elucubraciones giran en torno a dos objetivos no contradictorios: el de mínima, no bajar el porcentaje obtenido el 13 de agosto, y el de máxima, por supuesto, superar sus guarismos. Esto puede resultar obvio pero en el extraño escenario político argentino de hoy no lo es; muchos se conformarán con que sus votantes no se dispersen.

Mejorar los desempeños electorales esta vez sí tiene premio, el mayor es lógicamente incorporar más diputados y senadores en el Congreso Nacional. Pero no hay que perder de vista los objetivos menos visibles, que son mantener o lograr mayorías en las legislaturas provinciales y municipales, dramas que muchas veces escapan a los grandes titulares pero que esconden grandes tensiones y al final del día son herramientas fundamentales para construir poder territorial en las grandes ciudades e intendencias del Gran Buenos Aires, sobre todo pensando en que Cambiemos ahora sí las tiene en la mira.

Existen dos fuentes de votos disponibles. La primera surge de la ampliación el número de votantes con respecto a las PASO y la segunda es modificar la votación de los que sí fueron a las urnas. Lo último se abre en dos ejes: reorientar a los votantes de las fuerzas excluidas en las generales por no alcanzar el mínimo del 1,5% exigido por la ley y cambiar el voto sobre quienes votaron en blanco o impugnaron su voto. Estas dos últimas situaciones resultan particularmente altas en algunos distritos.

A nivel nacional hubo aproximadamente 800 mil votos en blanco y casi 580 mil votos impugnados; 1.280.000 votantes activos que pueden modificar los resultados en más de una provincia. De ese total, casi 310 mil de los votos en blanco se registraron en la provincia de Buenos Aires para la categoría a senador (casi 150 mil más para diputado), y cerca de 120 mil fueron recurridos e impugnados. Luego, en la provincia más poblada del país, otros 300 mil ciudadanos votaron por listas que van a quedar excluidas de las elecciones generales. Allí se reúne un conjunto de listas que fueron desde la Izquierda al Frente, de Vilma Ripoll, hasta Todos por Buenos Aires, de Arturo Larrabure, y habrá una redistribución de estos sufragios por afinidad o acuerdos.

Considerando que Cristina F. de Kirchner y Estaban Bullrich quedaron a 20.324 votos y que los votantes que tendrán que volver a elegir son cerca de 740 mil, se puede decir que la elección vuelve a fojas cero y el resultado es totalmente incierto.

No obstante, convertir los votos impugnados y en blanco en votos favorables para alguna fracción política es una tarea compleja que requiere la asistencia de herramientas de microtargeting para conocer en detalle las características de estos sujetos para acercarles propuestas personalizadas. Los impugnados suelen ser votantes enojados con el sistema en general y con las PASO en particular. Su forma habitual de exteriorizar el disgusto es romper las boletas, meter varias o incorporar en el sobre figuras como en su momento fue Clemente o el más actual, Gaturro. Se debe recordar que en el 2001, cuando comenzaba a madurar el "que se vayan todos", el voto impugnado ascendió, a nivel nacional, al 13% y el blanco, al 8,2%; este último superó en número de votos al ARI que capitaneaba entonces Elisa Carrió.

Los votantes en blanco, por su parte, suelen no estar contentos con la oferta electoral, cansados de los políticos o muchos de ellos despolitizados, pero en general creen que deben dar su testimonio, sabiendo que es un voto válido, a diferencia del impugnado.

No sólo en la provincia de Buenos Aires el voto en blanco o el impugnado fue alto. Por ejemplo, en Catamarca, el 6% votó blanco y casi el 2%, nulo; en Chubut, casi el 7% anuló su voto; en San Luis, casi el 5% no colocó nada en el sobre; en Tierra del Fuego, casi el 6% buscó que su voto sea impugnado. Sin embargo, es difícil que estas situaciones impacten en octubre, con una excepción: Santa Fe. Allí parte del enojo sobre la ruptura del radicalismo y el socialismo, entre otras cuestiones, llevó a que el voto en blanco sea de casi 75 mil votos y los nulos, más de cien mil.

Si se considera que los votantes que nulifican su voto son tan complicados, ¿por qué valdría la pena buscar su apoyo? En las primeras primarias del 2013 hubo, a nivel nacional, más de 460 mil de estos votantes que en las generales bajaron a un poco más de 309 mil, es decir unas 150 mil personas cambiaron su voto a afirmativo, aun con mayor participación electoral (3,2%). En las presidenciales de 2015 la diferencia de los nulos entre primarias y generales fue menor a 80 mil votos, pero los blancos pasaron de casi un millón a un poco más de 660 mil, y en el ballotage se redujo la cantidad a menos de la mitad.

En síntesis, según la historia reciente, buena parte de los que anularon su voto y votaron en blanco están disponibles. El kirchnerismo intentará acercar mayoritariamente a parte del primer grupo a su redil con la idea de su presunta rebeldía. El macrismo, por el contrario, evalúa avanzar en los votantes en blanco, entendiendo que por poco o nada politizados serán permeables a las posiciones posideológicas que serían el sostén de la fuerza gobernante.

El autor es sociólogo, analista político.

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