En mi libro La década enterrada, Cristina, sus valijas y el plan mesiánico para volver (Planeta 2016), conté, al inicio del mandato del presidente Mauricio Macri, el plan para volver de la ex Presidente. Detallé las maniobras de lavado de dinero, los negociados con la Venezuela de Hugo Chávez y Nicolás Maduro, los bolsos con dinero y el dinero enterrado que fue apareciendo. Se describió allí lo que sería la búsqueda de fueros para lograr impunidad a través de su candidatura a senadora por la provincia de Buenos Aires. Un capítulo del libro se tituló: "La batalla del Conurbano en 2017". El libro adelantó el plan que vimos desplegarse estos dos años.

En el prólogo del libro adelantaba los dos errores que no debía cometer el Gobierno. Señalaba allí: "Serían errores caros e imperdonables del Gobierno no investigar a fondo la corrupción de Cristina Kirchner y recuperar los dineros robados por un canje de impunidad a cambio de seudogobernabilidad. El segundo error del Gobierno sería conformarse con terminar su mandato sin realizar el cambio de fondo político y cultural que el país necesita". De la ex Presidente debía ocuparse la Justicia como no lo hizo nunca antes.

El propósito más importante del libro era generar anticuerpos como sociedad para dejar atrás este plan y avanzar en la discusión del futuro, tarea primordial de la política. Pero Jaime Durán Barba determinó que el Gobierno decidiera usar el pasado para atemorizar electoralmente a la sociedad, pero no para dejarlo atrás rápidamente, sino para mantenerlo vivo y polarizar con él, en un duelo que les sirva primordialmente a los protagonistas de esa división antagónica.

Se moldeó esa estrategia. Luego vino el llamamiento a conjurar el peligro de la vuelta de CFK, poniendo a María Eugenia Vidal y Elisa Carrió al frente de ese electorado atemorizado.

Las realidades complejas hacen que se oscile entre el dramatismo y la simplificación o la trivialización. Se enaltece la despolitización, la banalización y el empobrecimiento del espacio público. Sólo existen, así, espectáculos de aclamación varios sin debate de propuestas.

El kirchnerismo ha perdido fuerza, credibilidad y hasta respeto. Tardíamente para quienes alertamos tempranamente sobre lo que serían los costos institucionales, económicos y sociales de la degradación política que significó su forma de concebir y ejercer el poder.

Pero el desprecio que buena parte de la sociedad hoy expresa para con el kirchnerismo no significa que haya desaparecido en el país la mentalidad política que lo generó. La del populismo. La que pretende relacionarse con el pueblo sin intermediación institucional, de manera personalizada, explotando sentimientos antipolíticos y antisistema. La que propicia una ciudadanía de baja intensidad. Cuando todo ello sucede, quedamos presos de la inmediatez y sacrificamos la posibilidad de entendimiento.

Cuando la política consiste en prescindir de la política, la sociedad tiene problemas para encauzar los desacuerdos de manera institucional. Los disensos no se respetan y son perseguidos quienes procuran enriquecer el espacio público. Una sociedad con el espacio público destruido se destruye a sí misma.

Las PASO dejaron clara la visión de los argentinos expresada en las urnas. Poder dejar atrás definitivamente el pasado. Lilita Carrió ya ganó, es claro que va a resultar ganadora en octubre y así lo ha dispuesto la ciudadanía. Entendemos la motivación de ese voto, que no es otra que asegurar dejar el pasado atrás. En ese aspecto, estamos de acuerdo con quienes así han pensado. Ahora, por eso mismo, el kirchnerismo no puede ser segunda fuerza en CABA.

Esta ciudad, faro del progresismo, el pluralismo y la tolerancia, no puede dar un espaldarazo a la ex Presidente CFK, eligiendo a sus representantes en el distrito como segunda fuerza, dándoles una guarida y un refugio político. Daniel Filmus es Cristina Kirchner. Reflexionemos sobre esto.

Los delegados de Atila, que arrasaron con todo y no dejaron nada, no pueden ser votados para ir al Congreso a conspirar y poner palos en la rueda. Los que apoyan a Maduro, dicen que hay democracia en Venezuela, los que creen que CFK no es corrupta, los que apoyan a Julio de Vido y dicen que Milagro Sala es presa política, los que usan políticamente a Santiago Maldonado con cinismo, los que son amigos de Irán y le dieron impunidad, los que dicen que Alberto Nisman se suicidó, los que nombraron al represor César Milani jefe del Ejercito, los que destruyeron la educación, La Cámpora y Máximo Kirchner, no pueden ser acompañados.

Ahora debemos elegir entre Evolución o Filmus y Filmus es Cristina. En octubre quedan muchas cosas importantes por decidir. Debemos asegurarnos de que la política transite hacia algo común e integrador y conferirle forma y realidad institucional.

El enemigo es vivir en la inmediatez y la tiranía del presente. El deber del ahora nos impone desarrollar una cultura política abierta y receptiva al largo plazo. Es imperioso que podamos dejar atrás las maniobras autodestructivas, obstruccionistas y desestabilizadoras de Cristina Kirchner, Filmus y sus delegados. Así podremos generar un nuevo espacio público. Confrontar ideas y diagnósticos, discutir propuestas y prioridades, y habituarnos a ver las discrepancias como algo normal.

Es lo que proponemos. Una nueva mentalidad política que nos permita resolver los conflictos y las tensiones mediantes debates que nos devuelvan la posibilidad de discutir el futuro.

El autor es dirigente UCR. Candidato a diputado nacional por Evolución.