Resultará imprescindible consultar el libro que José Luis Espert acaba de lanzar para elaborar o simplemente opinar sobre las causas de la triste decadencia nacional. También para tratar de avizorar los caminos para recuperar la grandeza, si alguna vez algún estadista decide en serio intentar la casi imposible tarea y el país advierte y acepta su enfermedad crónica (La Argentina devorada, Galerna, 2017).

Espert exhibe allí todo su bagaje técnico y académico, pero ha rescatado la claridad y la valentía que lo caracterizan en sus apariciones mediáticas. Así, por ejemplo, y en contra de la corrección política, ubica el nacimiento de la decadencia a principios del siglo XX, en el momento en que se elige el primer gobierno por sufragio universal, secreto y obligatorio, que culmina en el populismo de Hipólito Yrigoyen.

La obra es un análisis fundamentado en la más sólida teoría económica, con paciente sentido didáctico que facilita su comprensión y citas de trabajos de importantes autores, estadísticas y gráficos que respaldan cada una de las afirmaciones. Esa investigación y búsqueda de soporte y precisión, que no suele apreciarse debidamente, ha significado seguramente un largo y trabajoso proceso que debe destacarse y agradecerse aun antes de entrar en los aspectos profundos de la obra.

La introducción y el capítulo I del trabajo, donde se hace un lúcido análisis de la historia económico-político-social del país y de las consecuencias de las diferentes políticas, bastarían per se para comprender el problema y adivinar las soluciones. El enunciado frío y técnico de las concepciones estratégicas aplicadas y sus resultados presagia también las posibles salidas que se propondrán. La descarnada descripción de los abusos de los sectores más influyentes del cuerpo social no puede sino producir un enojo patriótico en el lector, enojo que lo debe ayudar a comprender la esencia del fracaso obsesivo nacional.

En el capítulo II se luce el economista clásico, en la línea de su admirado Milton Friedman y otros clásicos que explicaron los comportamientos sociales frente a los estímulos y los desestímulos que se les plantean. Amparado por un despliegue de cuadros, gráficos y resultados, pone en evidencia los efectos deletéreos del populismo, el proteccionismo, el gasto público y el corporativismo. De paso, produce una interesante pieza teórica sobre inversión y productividad de factores. También aquí se entrevén las soluciones que propone más adelante.

El capítulo III está dedicado al modelo de trabajo nacional, con importantes comparaciones con los modelos mundiales. Este tramo, donde Espert destaca la participación de reconocidos expertos, es relevante porque la flexibilidad contractual y aun salarial será condición de base para una inserción global y para cualquier cambio. Entender los mecanismos legales e institucionales —y los obstáculos y las trabas que plantean y plantearán— es ineludible. Por eso el análisis del sindicalismo argentino y su organización jurídico-político-legal se estudia aquí en detalle. En términos de competitividad, ofrece el ensayo de sindicalismo comparado con otros países, donde se aprecia nuestro grado de corporativismo. También escandalizan las cifras sobre las obras sociales, un monstruoso monto que se pone en manos del sindicalismo, fuera de todo control. Igual escandalizarán todos los costos que el gremialismo conlleva. Este capítulo será texto de consulta, seguramente, no sólo por el análisis, sino por su opinión original y crítica.

El capítulo IV es una tarea académica de fuste. Abunda en gráficos, comparaciones, datos, resultados, estadísticas y mediciones que demuestran lo lesivo del proteccionismo, en especial para los países chicos; explica con minuciosidad los fundamentos de las grandes teorías del comercio, desde la mantequilla y los cañones de Samuelson (con otros ejemplos), hasta la fundamental simetría de Lerner y el equilibrio de Nash. Los conocedores disfrutarán de este tramo y los que no lo son aprenderán. De paso, muestra conclusiones contundentes sobre Argentina. Un despliegue teórico que también contiene implícito los caminos de solución. El análisis del proteccionismo, sus formatos detallados y sus efectos es demoledor. Resultan muy importantes los análisis de los casos de crecimiento en aquellos países que liberaron su comercio, cuyas gráficas no admiten refutación.

El estudio del despojo sistemático al agro y el desperdicio de sus posibilidades son de lectura imprescindible. Debería ser estudiado en las escuelas para que los argentinos comprendan las barbaridades que hemos cometido y que aún cometemos. Desemboca en el análisis del desarrollismo, en definitiva una variante-disfraz del sistema fascista militar y del proteccionismo. Y nuevamente se toma el paciente trabajo de explicar la teoría detrás de la apertura comercial y sus efectos distributivos, entre otros. Es destacable el gran soporte bibliográfico y de análisis gráfico en estos temas.

El trabajo se focaliza luego en el sistema impositivo. O mejor, del saqueo impositivo, para usar un lenguaje que Espert comprende. Pasa luego al déficit y los mecanismos de financiamiento, la inflación dramática y las políticas salariales consiguientes. En todos los casos, con valiosos datos de soporte y conclusiones irrefutables. Para leer y aprender.

Avanza de inmediato con un preciso análisis de las instituciones económicas (finalmente instituciones políticas). El estudio es necesario, porque sin decirlo el tratadista nos enfrenta a los problemas políticos con que se encontrará quienquiera que trate de resolver la trama infernal que ha enfermado al país. El capítulo pone en evidencia que habrá que trabajar seriamente en mejorar la democracia para recién poder adentrarse en los cambios imprescindibles.

Como culminación, se proponen 13 puntos, prácticamente un plan de gobierno, para revertir la permanente decadencia nacional. Las propuestas son la consecuencia natural de los análisis de todo el libro, donde se ha fundamentado sobradamente la necesidad de cada medida. Dejo para el lector la elaboración sobre esas ideas de fondo, varias de ellas sistemáticamente predicadas por el autor. Cada una de esas propuestas requiere una revolución en el pensamiento de los argentinos, percudido por décadas de credos y doctrinas enfermizas.

Espert ha producido un trabajo sobre el país de una notable envergadura, pero ameno y comprensible para todos, y que cabe esperar que se incorpore como texto de estudio para enderezar la mente de nuestros futuros economistas, lo que debería ser el punto 14 de las propuestas que coronan la obra. Sería una buena forma de lograr que la Argentina devorada, como en una fábula mitológica, sea devuelta con una nueva vida a los ciudadanos de mañana.