En su primer viaje a España como presidente, Néstor Kirchner desarrolló una estudiada agresividad hacia los empresarios españoles. "Nos puso a parir", dijo uno de ellos. Estaba todavía fresca la gran crisis económica argentina de fines de 2001 y principios de 2002. Kirchner, como sucede con todos los líderes populistas, buscaba (o construía) enemigos. En lugar de invitar a reflexionar a sus compatriotas sobre las verdaderas causas de esa debacle, endulzó sus oídos con la denuncia de culpables externos. Ellos y sus socios locales habían llevado al pueblo, al que le chupaban la sangre, al abismo. Es la misma estrategia que otros emplearon después de que sus países fueran derrotados en una guerra. Son consignas a todas luces falaces, pero su simplismo maniqueo las hace tener muchas veces un éxito considerable. Hasta la crisis siguiente.

Mauricio Macri está, como en todos los campos, desandando el camino del populismo. Su visita a España, que lo recibió con todos los honores, es un claro ejemplo. Fue impecable desde el inicio hasta el final. Respetó y fue respetado. Recibió una larga ovación en el Parlamento, que provino de todos los bloques políticos, con excepción de los émulos del kirchnerismo.

Parece increíble, pero una parte del electorado español ha sido afectada por el virus del populismo. El partido que canaliza esa tendencia se llama Podemos. Su programa es difuso e incoherente, pero su naturaleza ideológica queda clara cuando se identifica con el chavismo y el kirchnerismo, con Cuba y con Irán. El ejemplo de convivencia política que, pese a todas las dificultades, vino dando España desde la transición hacia la democracia, a partir de mediados de la década del setenta, con hitos como los Pactos de la Moncloa y la Constitución de 1978, es impugnado por esta corriente antisistema.

Un diputado de Podemos, Íñigo Errejón, sostuvo, dirigiéndose al Gobierno de Mariano Rajoy: "Es evidente que el señor Macri es de los suyos cuando el señor Macri en un año de gobierno ha aplicado un tarifazo de gas, agua y electricidad, tiene en un año de gobierno un saldo de 200 mil despidos (…). Es evidente que el señor Macri es de los suyos cuando aplica una política que básicamente asume que cuando hay más pobres, en lugar de combatir la pobreza, hay que combatir a los pobres y por eso Milagro Sala lleva un año encarcelada".

Las mismas falacias del kirchnerismo. Frases sin sentido, que pueden impactar a algunos que no se detengan a analizarlas. Porque el que llenó de pobres la Argentina fue el partido populista (ese PP que sí es de los suyos, señor Errejón), con décadas de políticas que estancaron el desarrollo económico y sólo acudieron al asistencialismo clientelista para tener a los pobres dentro de un cepo social que los haga depender de ellos.

El final de esa perorata fue por lo menos curioso: "Al pueblo argentino, a la mayoría que sufre el maltrato y los recortes de Macri, le vamos a decir sólo una cosa: 'Aguanten, no aflojen, que vamos a volver'". ¿Quiénes van a volver? El pueblo argentino no los conoce. Si se identifican con el kirchnerismo, habrá que notificarles que el pueblo sí lo conoce y que votó hace poco por un cambio. Los argentinos no necesitamos ese trato paternalista.

Pero la módica transgresión de ese legislador de aspecto adolescente no es más que una nota de color, que no deja de ser útil como contraste con la seriedad con que el Presidente argentino encaró su visita a España, para poner fin, como él lo dijo, a los "cortocircuitos" que enturbiaron una relación de mutuo provecho. Ahora los políticos y los empresarios españoles saben que pueden invertir en nuestro país sin ningún privilegio, pero con todas las garantías de la seguridad jurídica. Lo harán, si lo quieren, teniendo en mira su beneficio, como corresponde, pero contribuirán a aumentar la riqueza de la Argentina, única vía genuina para combatir la pobreza, esa que multiplican los populismos mientras predican su amor a los pobres.