La tecnología es uno de los principales motores de cambio que nos mueve como sociedad; incluso gracias a la tecnología, por ejemplo, se redujeron los niveles de mortalidad infantil, a la par de que se elevaban las expectativas de vida debido a los avances en el campo de la salud. Es así que la tecnología se sitúa como uno de los motores de cambio que permitió mejorar diversos aspectos de nuestra vida cotidiana.

A lo largo de la historia hubo ciertas tecnologías disruptivas que marcaron hitos, un antes y después en la vida de las personas. Momentos como el magnetismo, la invención de la electricidad, del teléfono, del plástico como materia prima, entre tantos más, reflejan estos hitos disruptivos. Con estas nuevas tecnologías cambiaron los modos de producir, pero también los de consumir y los de relacionarnos como sociedad.

A medida que las nuevas tecnologías comienzan a comercializarse y a cobrar reconocimiento, podrían tener un impacto y una transformación tan grande en la vida cotidiana como el generado sobre los seres humanos por las computadoras personales o los nuevos dispositivos de comunicación en los últimos 30 años.

Actualmente es posible observar cómo diferentes sectores económicos se encuentran en crisis, ya que sus modelos de negocio se han tornado obsoletos, no han podido adaptarse al nuevo ciclo tecnológico y social. La sociedad busca apropiarse de las nuevas tecnologías e interactuar con sus capacidades transformadoras.

Con la globalización y el actual paradigma de interacción hombre-máquina, se dio un auge en la búsqueda por la innovación en lo referido a manufactura electrónica; deriva ello en que las grandes corporaciones multinacionales se orientaran al desarrollo de tecnologías y técnicas acordes a esta sociedad de la información y del conocimiento. Esto supuso un impulso jamás visto de nuevos medios disponibles para crear y divulgar información mediante tecnologías digitales, que se adaptan tanto a los nuevos hábitos socioculturales como a las expectativas de los usuarios.

En las últimas décadas, han sido tantos y tan variados los cambios tecnológicos y sus implicancias socioculturales que resulta fundamental repensar y analizar las consecuencias económicas y políticas que están teniendo en nuestras vidas laborales y las superestructuras de gran escala que están afectando.

Las tecnologías disruptivas son técnicas informáticas y paradigmas digitales de un enorme alcance que trascienden lo cotidiano e impactan directamente en varios ejes de nuestras vidas, modifican —de manera drástica y progresiva— el modo en que nos comunicamos, producimos y generamos trabajo, como así también la forma en que nos relacionamos con las máquinas.

Se trata de tecnologías que a corto plazo tienen proyección a golpear y cruzar nuestras vidas cotidianas directa o indirectamente. Para mencionar algunas de las más actuales, entre estas se encuentran la inteligencia artificial, la robótica, la impresión 3D, las divisas criptográficas y los vehículos autónomos. Todas tecnologías con dos grandes similitudes: un enorme alcance en el mundo entrepreneur y una significativa oportunidad-amenaza a modelos de negocios hoy multimillonarios, como lo son la industria de manufactura en serie o los procesos mecánico-industriales, por mencionar algunos. Las innovaciones disruptivas crean nuevos mercados, generan y satisfacen nuevas necesidades.

Por su parte, la ley de Moore o de la exponencialidad tecnológica expone que la tecnología avanza a ritmos exponenciales. Detrás de esta ley, que alude a la exponencialidad tecnológica, se encuentran los cambios tanto sociales como económicos y políticos. La brecha que se genera entre estos cambios debe ser considerada como una oportunidad para proyectar mejores modelos de negocios que, al estar optimizados, podrán impactar de manera positiva en la sociedad, contribuirán así a incrementar el bienestar social.

 

@JoanCwaik

 

El autor es un innovador tecnológico, docente universitario y conferencista.