Nota escrita en colaboración con Ignacio E. Carballo

 

El pasado 11 de octubre, la reina Máxima de Holanda visitó nuestro país en calidad de asesora especial en Inclusión Financiera para el Desarrollo del secretario general de las Naciones Unidas, Ban Ki-moon. La visita, que incluyó entrevistas con las más altas autoridades del Gobierno y una conferencia pública en la Universidad Católica Argentina (UCA), reavivó la discusión y el interés en torno a las políticas para la inclusión financiera en la Argentina.

El creciente interés a nivel mundial respecto a la inclusión financiera es consecuencia de una mejor comprensión de la importancia que tiene el tema para el desarrollo económico y social. Por un lado, es un reconocimiento global de que el acceso a servicios financieros tiene un papel fundamental en la reducción de la pobreza extrema, el impulso a la prosperidad compartida y el desarrollo inclusivo y sostenible, como establecen los Objetivos de Desarrollo Sustentable de Naciones Unidas. Por otro lado, es un fuerte reconocimiento de la cuantiosa dimensión de la exclusión financiera; 2.500 millones de personas adultas no poseen cuentas bancarias en el mundo. Dicho guarismo, a su vez, empeora en las economías más vulnerables. Dentro de la población adulta con ingresos inferiores a dos dólares al día, la cifra asciende al 77%, muy superior al 11% existente en las economías de ingresos altos. En otras palabras, tres cuartos de los pobres del mundo carecen de una cuenta bancaria, no sólo por su condición de pobreza, sino también debido a los costos, la distancia de traslado a la entidad bancaria y el papeleo que se necesita. Para peor, 55% de quienes piden préstamos en las economías en desarrollo recurren a fuentes informales de financiamiento (amigos, familiares o prestamistas a tasas usureras).

La reina de Holanda afirmó, sobre Argentina: "Sólo el 50% de los ciudadanos tiene acceso a una cuenta bancaria" y "el porcentaje baja a 44% cuando se trata de gente de bajos recursos". Agregó también: "Tiene que haber líneas de créditos accesibles y que funcionen", "Las microfinanzas son un antídoto contra la pobreza", motivo por el cual hay que fomentar el microcrédito productivo. Sin embargo, creemos que es necesario ampliar en cuatro puntos que no fueron explícitamente abordados en su visita.

En primer lugar, efectivamente, la Argentina se encuentra subdesarrollada en términos de bancarización. Nuestro país presenta niveles tanto por debajo del promedio mundial (52%) como del de América Latina (51%). En los hechos, los niveles de bancarización son equivalentes a aquellos de países como Botswana, Belice o Argelia. Sin embargo, esto no implica que no se hayan realizado importantes avances en nuestro país. Según el informe del FMI del año 2014, Argentina fue el país que más bancarizó a los ciudadanos de menores ingresos. Mientras que en 2011 sólo el 19% de las personas más pobres tenía acceso a una cuenta bancaria, en 2014 dicha proporción trepó al 44%, superó las tasas de crecimiento promedio del mundo.

No obstante, la inclusión financiera es una variable intrínsecamente más amplia que la simple bancarización o el otorgamiento de microcréditos productivos al ciudadano de bajos recursos y típicamente informal. El acceso, el uso y la profundidad de los servicios financieros, en conjunto con su calidad y las barreras de acceso a ellos, constituyen dimensiones vitales e indispensables en pos de una inclusión financiera que beneficie a los más vulnerables. Bajo esta definición, las nuevas tecnologías y la educación financiera resultan factores imprescindibles al pensar en una política integral.

En segundo término, la falta de fondeo en las instituciones microfinancieras (IMF) argentinas ha sido una limitante histórica para el sector. El sistema financiero argentino no cuenta ni contó con financiamiento suficiente a largo plazo para las IMF, quienes poseen una dependencia elevada del financiamiento de entidades internacionales o donantes. Es requisito avanzar en la eliminación de los obstáculos que dificultan el fondeo local, fortalecer el mercado financiero local y el mercado de capitales nacional o incentivar la captación de ahorros por las IMF a través de los microdepósitos.

Un tercer punto que ha aletargado la inclusión financiera de los más vulnerables corresponde a las fallas de coordinación entre los agentes del sector público. La superposición y (en algunos casos) contraposición de objetivos e instrumentos en las políticas públicas que actúen como incentivos para ofrecer servicios financieros a los más desfavorecidos no ha hecho más que demostrar la carencia de un camino firme y sostenido de desarrollo financiero inclusivo.

Por último, el cuarto factor que ha quedado relegado en el discurso sobre inclusión financiera de la reina de Holanda tiene que ver con una dimensión crítica de la pobreza estructural, el déficit habitacional. Cuando se piensa a las microfinanzas como un antídoto contra la pobreza, se deben incluir indefectiblemente las múltiples facetas que aquella representa. En Argentina hay 3,5 millones de hogares que padecen de algún déficit habitacional según el censo 2010. De ellos, 2,2 millones aproximadamente padecen problemas cualitativos en sus viviendas, tales como hacinamiento, falta de cloacas, entre otros. Dentro del público demandante de microcréditos al cual hace referencia la reina Máxima, la mayor parte de la demanda insatisfecha que estudios de la UCA registraron (un millón de individuos) se orienta a la refacción, la ampliación o la terminación de una vivienda.

Es imperativo orientar la política de inclusión financiera no sólo a la bancarización o para facilitar el uso de la tecnología en la operatoria financiera de los más vulnerables, sino también eliminar las barreras al financiamiento local y fondeo de las IMF, trabajar en la coordinación de los diversos agentes y organismos financieros del sector público, y dirigir un esfuerzo considerable en las microfinanzas hacia fines habitacionales.

 
 

Los autores son miembros de la Universidad de  Buenos Aires y Citra-Conicet.