Desde los  primeros días del Gobierno que acaba de cumplir sus primeros 10 meses en funciones, poco menos de un cuarto del mandato de cuatro años, aunque apenas un décimo en comparación con los pasados ocho años con crecientes intervenciones, cepos y atrasos de todo tipo, fueron claramente más las expectativas de cambio y anuncios de inversiones por parte de los empresarios, que las acciones y percepciones concretas compatibles con ese escenario.

Al menos así surge de las comparaciones de los índices de empleo, que como muy buena noticia sólo revelan hasta septiembre una desaceleración de las tasas de destrucción de empleos, como del desempeño de la recaudación de impuestos que no logra acompañar, al menos el ritmo de inflación, que saltó del 25% a 42 por ciento.

La conquista de los inversores comenzó casi desde el primer día de Gobierno, no sólo con el anuncio y liberación de las ataduras que tenía la economía, en materia cambiaria, de importaciones, trabas a las exportaciones y también una crisis energética que tiene dos aristas: las restricciones de oferta que impone un límite a una rápida reactivación, y cuadros tarifarios que fueron responsables de gran parte de la elevada tasa de inflación, sino con la participación del Presidente en el encuentro internacional de Davos en enero, luego con el Foro de Inversiones en Buenos Aires, y esta semana corona con el 52 Coloquio de IDEA, en Mar del Plata.

RESULTADOS NOTABLES, PERO PARA MUCHOS CON SABOR A POCO

Ese proceso tuvo respuestas contundentes, sin embargo, los números esquivos de la reactivación de la producción agregada, tras un lustro de estancamiento, y el inquietante escenario social de casi un tercio de la población en estado de pobreza, compatible con una tasa de desempleo de 9,3% de la oferta laboral, un tercio de informalidad laboral, más efecto desaliento y una generación de "ni-ni", llevan a pensar a muchos analistas y a políticos de oposición, que el operativo seducción a los inversores fue un fracaso, y por tanto se impone un punto de giro en las acciones de política económica, y hasta hay quienes ya piensan en la necesidad de cambio en el gabinete de ministros.

Los anuncios de inversiones productivas, más colocación de deuda pública y privada, sumaron en 10 meses, en términos netos, unos USD 75.000 millones

Sin embargo, los datos de la realidad en estos diez meses de Gobierno fueron sorprendentes, aunque curiosamente, escasamente difundidos por los ministros y analistas privados:

INVERSIONES: Desde el 10 de diciembre el Ministerio de Hacienda y Finanzas registró anuncios consolidados de inversión privada más inversión público-privada, para el cuatrienio 2016 a 2019, por poco más de USD 48.000 millones, a un ritmo de USD 4.800 millones por mes.

DEUDA PÚBLICA: A la emisión de bonos para hacer frente al cierre del capítulo del default, por USD 16.500 millones el 22 de abril, se agregaron hasta el presente otro tanto, para cancelar vencimientos y canjear Letras del Banco Central de la República Argentina por Letras del Tesoro Nacional, y también para encarar la financiación de obra pública de infraestructura. Se trata de un total de más de USD 32.000 millones, que provinieron tanto de inversores internacionales como locales, pero que según sostuvo el secretario de Finanzas, Luis Caputo, apenas un cuarto de ese monto pasó a incrementar el saldo neto de la deuda pública, porque el resto correspondió a vencimientos y a una amplia porción que el anterior Gobierno no la registraba como tal.

DEUDA PRIVADA: el presidente de la Comisión Nacional de Valores, Marcos Ayerra, destacó en un encuentro organizado por la Cámara Argentina de Fondos Comunes de Inversión que hasta fines de septiembre las emisiones de las empresas argentinas ascendieron a $150.000 millones, unos USD 10.000 millones.

El EFECTO ESTADÍSTICO DE COMPARAR CON UN AÑO ELECTORAL

Pese a que en los últimos 18 años en muy pocos, o casi en ninguno, se pudieron comprobar resultados similares, prevalece en parte de la sociedad un alto escepticismo sobre el impacto de esos movimientos sobre la economía real y el empleo.

Al parecer, ese estado responde a un fenómeno estadístico que no fue debidamente advertido por el equipo de gobierno, e incluso por parte de muchos experimentados analistas de la coyuntura económica, derivado de comparar los índices de actividad de los primeros nueve meses de 2016, en particular los del tercer trimestre, con los niveles más altos del año anterior, exacerbados por las expectativas de devaluación, la aceleración del crecimiento del gasto público y de la emisión monetaria, propio del escenario electoral.

El cuadro cambió notablemente desde el resultado de las elecciones nacionales, moderadamente en la primera vuelta, y más aún desde fines de noviembre, en particular para la rama de la construcción que acusó el impacto de no haber cobrado los certificados de obras desde el comienzo del segundo semestre de 2015. De ahí que ahora, ese "efecto estadístico" comenzará a influir positivamente sobre las expectativas a partir de cotejar los primeros números del cuarto trimestre con los de similar período del año anterior, y más aún en los dos primeros del próximo.

Entonces, habrá que estar atento a evaluar cuánto del esperado punto de giro responderá a un mejor clima de negocios, de la mano de un Brasil que se estima que dejó de caer, y cuánto al señalado efecto estadístico.