No siempre las diferencias al interior de un gobierno son nocivas para su marcha y menos para el rumbo de un país. Así es que los criterios encontrados que mantienen —y sostienen también públicamente— el ministro de Hacienda y Finanzas, Alfonso Prat-Gay y el presidente del Banco Central de la República Argentina (BCRA), Federico Sturzenegger, pueden resultar saludables para la economía.

Es una "pelea" que cabe interpretar como beneficiosa amparándose también en la comparación con nuestra historia reciente. Recordemos la dependencia y la complicidad (al menos en la causa que lleva el juez Claudio Bonadio sobre la venta de dólar futuro) entre quienes presidieron la entidad monetaria madre y la presidente Cristina Fernández de Kirchner. Casos como Mercedes Marcó del Pont y Alejandro Vanoli son claros ejemplos de lo que no debe ser un presidente del Banco Central. Haber modificado los principales objetivos para los que fueron creados los bancos centrales para hacerlos un apéndice del Tesoro de la Nación resultó una fuente de problemas para la economía y el principal es la alta inflación que aún padecemos. Recordemos que la Carta Orgánica del BCRA, incluso con la insensata modificación que le hizo el Gobierno anterior, reconoce la independencia de dicho organismo respecto del Poder Ejecutivo y el ministro de Economía (o Hacienda y Finanzas, tal como es la actual denominación).

"En agosto veremos el índice cerca del 1% (0,2% fue el incremento de precios respecto a julio, fallo de la Corte sobre tarifas mediante), el más bajo en 10 años. La inflación hace dos meses era la única preocupación; hoy no es un tema", dijo Alfonso Prat-Gay hace unos días; mientras que Federico Sturzenegger sostenía, simultáneamente: "Una baja en un mes puntual no es indicador suficiente. Un proceso de desinflación necesita meses para consolidarse", y en el Foro de Inversión y Negocios realizado en el CCK (vaya la paradoja), ampliaba: "Uno por ciento (mensual) aún es un número alto".

El trabajo que debe llevar adelante el ministro de Hacienda (más allá de lo ortodoxo o heterodoxo que pueda ser) es mucho más político que el del presidente del Banco Central y, como tal, está supeditado a una enorme cantidad de variables y presiones que debe tener en cuenta. Esto no es lo que sucede con el presidente del BCRA. Tan es así que en la propia web del organismo se explicita que, en lo que hace a la coordinación de la política fiscal (que no está dentro de sus facultades inherentes), se puso un tope de transferencias de recursos al Tesoro para todo 2016 de 160 mil millones de pesos y sostiene que es esto lo que le permite enfocarse en su meta de inflación. Hay un convencimiento fuerte en Sturzenegger de que la única forma de lograr un crecimiento sostenible es bajando de manera rotunda la inflación. Está de acuerdo en que el país necesita reactivar su economía, pero, básicamente, no acepta que para ello lo miren a él. Es por eso que no se ha visto influenciado por ningún tipo de presión para relajar la política monetaria, para la que, entre otras cosas, instrumenta bajas moderadas en las tasas de interés.

Así como Prat-Gay desearía que la baja en esas tasas de referencia (dadas por la licitación de Lebacs) fuera más pronunciada, también Sturzenegger desearía que el combate al excesivo gasto público fuera más decidido de lo que lo hace el ministro. Se respetan pero tienen y sostienen diferencias de criterio. Vale recordar que el ministro de Hacienda no es del riñón político del presidente Mauricio Macri ni del Pro y es probable que su ingreso al equipo que acompañó al candidato Macri y que luego lo llevó al Ministerio tenga que ver con la decisión del Presidente de ubicar en ese lugar a una suerte de keynesiano racional que se diferencie con fuerza de la anterior gestión de Axel Kicillof y compañía, pero que no resulte a los ojos de la sociedad un salto tan grande como para generar temores sobre el regreso a una década que el kirchnerismo ha logrado exitosamente demonizar, como fueron los años noventa.

Hay que recordar que Macri disfruta de las diferencias de criterio en sus equipos, tanto como lo hacía mientras gobernaba la Ciudad de Buenos Aires, y detesta cuando esas peleas se dan por motivos de poder. Con buen criterio, sabe que escuchar a gente capacitada exponiendo libremente sobre sus posturas es una decisión mucho más productiva que someter a sus subordinados (el presidente del BCRA técnicamente no lo es, aunque esté en sintonía con el Presidente y haya sido designado por él) a ser meros propagadores de las ideas que él detenta. Por eso es que se permitió elogiar el "gran manejo fiscal y financiero de Prat-Gay", al tiempo que destacó "un gran manejo monetario del presidente del Banco Central". Al mejor estilo de un director técnico motivador, el Presidente quiere tener a sus jugadores con la autoestima elevada.

 

El blog del autor es Choque de Palabras.