A ya ocho meses de gobierno de Cambiemos, aún no se perciben los prometidos cambios de fondo que tanto necesita la Argentina. Es cierto, se ha arreglado con los holdouts y salido del cepo cambiario, pero ambas medidas iban a ser tomadas independientemente de quién ganase las elecciones. Sin querer tampoco quitar mérito a estas dos medidas, lo cierto es que solucionar estos problemas requería más de voluntad política que de capacidad técnica. No se ven de manera clara, en cambio, reformas que no sean inevitables en el inmediato o corto plazo. Los cambios realizados hasta el momento han sido insuficientes o descontinuados a mitad de camino. Por ejemplo, el gran desequilibrio macro, el déficit fiscal, no muestra todavía signos claros de cambio.

Si bien Cambiemos se diferencia del menemismo de los noventa, sí comparte esta ambigüedad entre convicción y necesidad al inicio de sus gobiernos. La convertibilidad y el fin a la hiperinflación vinieron luego del fracaso de planes económicos. La convertibilidad y las medidas económicas tomadas durante el menemismo (para bien o para mal) fueron más medidas tomadas por una inevitable necesidad que por convicción económica y política. Posiblemente, haya sido esa falta de convicción lo que llevó a un esquema económico incompatible con la convertibilidad, que nos llevó, a su vez, al default y la crisis de 2001. Es decir, las reformas quedaron a mitad de camino. La ausencia de cambios profundos al inicio de un gobierno, justamente cuando hay más capital político para llevarlos adelante, se suele explicar con la restricción política y porque las reformas de shock son muy costosas socialmente. Incluso si estos cambios son económicamente convenientes (reducir el déficit fiscal, abrir la economía al comercio internacional, etcétera), son políticamente inviables. Disiento en dos puntos.

En primer lugar, Cambiemos parece a veces seguir una estrategia similar a la del kirchnerismo, que consiste en ridiculizar propuestas alternativas y críticas constructivas. Ya sea por distracción o por malicia política, Cambiemos no distingue entre las reformas necesarias de un día para el otro y hacer un shock institucional, donde se anuncia el objetivo final y el cómo se va a llegar (en lugar de anunciar sólo objetivos), por más que el camino se transite paso a paso. El gradualismo de Cambiemos, sin embargo, no tiene un destino claro. Facebook, Twitter y timbreadas no son una política eficiente de comunicación con el votante a nivel nacional. El tipo de shock del que habla Cambiemos no es la única alternativa posible al camino elegido. Bien haría Cambiemos en ser más honesto y cuidadoso frente a sus interlocutores. En segundo lugar, tampoco coincido con que las reformas económicas y políticas son inviables en sí, sino que son inviables porque Cambiemos no sabe comunicar de manera eficiente las reformas necesarias para producir el cambio tan prometido durante la campaña electoral. En este sentido, Cambiemos parece ser más seguidor de encuestas que un movimiento de genuinos líderes políticos capaces de enamorar al pueblo argentino con un país distinto. Esto no quiere decir, por supuesto, que la restricción política no exista, pero parece ser utilizada más como una excusa para no afrontar los cambios necesarios que el verdadero motivo de urgentes cambios que no se llevan adelante. El tarifazo, que cae sobre el contribuyente y no sobre el sector público, no ha estado sujeto a la restricción política del costo social, estuvo sujeto a una restricción legal con el fallo de la Corte Suprema.

Más allá del tema de calidad de gestión, no parece haber una convicción clara de que la Argentina debe ser una país económicamente libre, con un Estado eficiente pero chico, con una presión fiscal lo menor posible, y con una cultura de trabajo en lugar de vivir de la dádiva gestionada por un puntero político. ¿Cómo pretende Cambiemos llegar a su objetivo de pobreza cero si no es con una economía libre y abierta al mundo? Nadie critica a Cambiemos por no hacer lo imposible, pero sí es cuestionable no hacer lo necesario y que sí es posible. El temor de muchos argentinos es que la falta de convicción (y la falta de capacidad de comunicación) lleve a un nuevo modelo económico inconsistente y se pierda la genuina oportunidad de cambio. La preocupación es a la ingenuidad de creer que los cambios profundos en la economía van a ocurrir sin las reformas necesarias.

La única reforma seria encarada por Cambiemos fue la revisión de tarifas de los servicios públicos. Dicha reforma quedó trabada por problemas políticos y judiciales. Si Cambiemos tiene la convicción que dice tener y, de hecho, existe un plan económico integral para al país (en lugar de medidas aisladas), entonces quizás sea el momento de mostrar ese liderazgo que se dice tener y comenzar a debatir la Argentina del futuro en lugar de los parches al pasado.

 

@n_cachanosky

 

El autor es doctor en Economía por Suffolk University. Actualmente es Assistant Professor of Economics en Metropolitan State University of Denver. Administra el blog Punto de Vista Económicowww.ncachanosky.com