El futuro de las pymes: que el menemismo sirva de lección

Por Walter Schmidt

El dueño de una pymes en el municipio bonaerense de Morón observa impotente como su pequeña empresa, organizada desde hace años para abastecer con sus productos a la comuna, de un día para el otro se queda sin el fruto de su esfuerzo. ¿El motivo? Al parecer la intendencia decidió, sin licitación mediante como exige la transparencia en cualquier gestión, contratar a otro proveedor, a un precio mayor, y ni siquiera de Morón sino de la Capital Federal.

Si bien un municipio no es el país, algunas luces de alerta se encendieron en el primer semestre del año, acerca del futuro de las pymes en la Argentina.

El comienzo del esperado segundo semestre no empezó de la mejor manera para este sector, que padeció una primera mitad de año con ventas caídas cerca del 9,8% respecto al año pasado, y tuvo en junio al peor mes para el consumo, con la consecuente reducción de facturación. Según datos de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), las ventas minoristas registraron en la primera mitad de 2016 un declive interanual de 6,4%.

En junio, la producción de las pequeñas y medianas empresas industriales cayó 5,9 por ciento en relación a igual mes del año anterior, alcanzando y el nivel más bajo en 7 años. Las ramas mas afectadas son material de transporte, productos de caucho y plástico, productos de metal, maquinaria y equipo; papel, cartón, edición e impresión, minerales no metálicos, textiles y prendas de vestir, calzado y marroquinería, y productos químicos, entre otros.

El aumento de tarifas sumó incertidumbre al sector, que ya venía golpeado por la caída de las ventas producto de la devaluación y la inflación. Un informe sobre el impacto tarifario en la suba de electricidad detectó que el aumento a las pymes llegó con un promedio del 211.5%, con un rango que iba entre el 109,5 y el 635,1 por ciento.

En ese contexto, la decisión del Gobierno nacional de habilitar el servicio de compra "puerta a puerta" hasta 5 mil dólares anuales, reabre el debate de lo nacional versus lo importado, que en muchos momentos de la historia contemporánea argentina provocó la derrota o extinción de las pymes.

En medio de la recesión económica, el Ministerio de Producción y la AFIP destacaron las bondades del nuevo régimen de envíos: libertad, recaudación, competencia.

"Las personas tienen la libertad de comprar en el mundo por un monto de dinero razonable, el Estado recauda casi la mitad de lo que se importa, se introduce competencia de manera muy medida y sostenida en el tiempo que favorece al consumidor y no descuida a la producción nacional", sostuvo el secretario de Comercio, Miguel Braun.

No obstante, desde el sector pyme consideran que flexibilidad en los controles sumados al difícil marco de competitividad con créditos a tasas altísimas, atraso cambiario y controles lazos de los productos que ingresan podrían afectar el empleo y rememorar así a la época menemista.

De hecho, a fines de la década del 90, el entonces presidente de la Confederación General Económica (CGE), Raúl Vivas, calificaba la gestión del entonces presidente Carlos Menem como "la época del holocausto de las pymes".

"La vuelta del servicio puerta a puerta para las compras al exterior será perjudicial tanto para la industria nacional como para el comercio local, ya que en una amplia gama de productos se pueden conseguir precios hasta 67% más económicos que los que ofrece el mercado local en los productos fabricados en el país", señaló la CAME, que consideró que ropa, juguetes, marroquinería, artefactos de iluminación y vajilla de cocina "son algunos de los rubros más afectados".

Hoy la Argentina cuenta con más de 650.000 pymes que representan el 99.6% del total de unidades económicas y aportan casi el 70% del empleo, el 50% de las ventas y más del 30% del valor agregado y su aporte al Producto Bruto Interno (PBI) gira en torno al 40%.

Además de generar riqueza, las pymes son generadoras de mano de obra y, por lo tanto, de arraigo local, permiten una distribución geográfica más equilibrada de la producción y del uso de recursos y de la riqueza que generan, tienen una flexibilidad que les permite adaptarse a los cambios tecnológicos y económicos y en muchos casos detectar nuevos procesos, productos y mercados. Sobre todo, poseen una capacidad dinámica y una gran potencialidad de crecimiento.

Varios modelos de desarrollo productivo de países que hoy figuran entre las principales economías mundiales como la Unión Europea, los Estados Unidos y Japón, se han basado en políticas exitosas de fortalecimiento y promoción del crecimiento de sus empresas de menor porte relativo.

La Fundación Observatorio Pyme (que reúne información de empresas de entre 10 y 200 empleados) promueve el aumento de la cantidad de empresas en el país y, al comparar a Chile con nuestro país, señala que la Argentina tiene sólo 13 empresas cada 1000 habitantes y creó 3000 empresas por año en los últimos 5 años, mientras que Chile tiene 53 empresas cada 1000 habitantes y creó 20.000 empresas por año en el mismo período.

El ex ministro de Economía Roberto Lavagna señaló recientemente que "hoy por hoy hay un riesgo de repetir la ilusión del menemismo, de combinar tasas de interés altísimas, pérdida de competitividad, ingresos de capitales de corto plazo y nuevo endeudamiento", al tiempo que pidió al gobierno "clarificar cuál es el papel en materia de industria porque es fundamental para la creación de empleo. Particularmente las pymes industriales y sectores de servicios modernos".

Para el economista, el campo y la obra pública pueden ser útiles para un "empujón inicial" de la Economía, pero una segunda etapa requiere de "una presencia activa de la industria".

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