Un 15 de junio, hace 95 años, nuestros abuelos inmigrantes nos dejaron una obra grandiosa cuyo mensaje, grabado en mármol, era: "Los italianos en la Argentina/ a la nación que los hospedó/ en el primer centenario/ de su independencia". Este monumento, desplazado y desguazado por una disposición intempestiva hace más de dos años, se encuentra todavía partido en más de cien piezas, a la espera de que se tome una decisión definitiva. ¿Hasta cuándo seguirá esta barbarie? ¿Ya no somos una nación civilizada?

¿Cómo trataría un pueblo civilizado los símbolos y los recuerdos construidos por ese mismo pueblo cien años antes? En aquel entonces, más de la mitad de los habitantes de Buenos Aires había nacido en el extranjero. Muchos de ellos colaboraron en las colectas —tanto italianos como de otros orígenes— que se organizaron para solventar la construcción del monumento que dejarían como recuerdo a las generaciones por venir. ¿Qué razón nos mueve ahora a despreciarlo y a quitarlo de su emplazamiento original? ¿Acaso no nos llena de orgullo que su memoria esté viva frente a la Casa de Gobierno de la Nación?

El monumento de Colón es memoria de nuestros orígenes inmigrantes: recuerda a quienes construyeron la Argentina del siglo XX. Por esa razón fue emplazado allí, hace casi cien años, con las 15 estatuas que lo componen, como muestra de aprecio, en un lugar de honor. ¿Qué mejor destino para los fondos dedicados a su restauración que efectuarla en su sitio histórico? ¡Que vuelva a la Casa Rosada, donde vio la luz!

Los fondos asignados deben utilizarse del mejor modo posible, para restituir al sitio histórico su importancia original, con la misma consideración que se ha tenido con la Torre de los Ingleses, en Retiro, que ha sido reparada y recuperada, y que acaba de cumplir cien años en el mismo lugar que la vio nacer.

Reconstruir el monumento a Colón en su lugar costará menos que lo presupuestado originalmente: su cripta está en pie —al igual que su fundación enterrada, pues no fueron demolidas—, y sobre esta se pueden volver a ensamblar las 15 estatuas del conjunto.

Por esta razón, son cada vez más las asociaciones y las instituciones —tanto nacionales como de descendientes de inmigrantes— que se expresan a favor de la reconstrucción de la plaza Colón y su monumento histórico, símbolo y recuerdo de nuestra historia, de la historia de la nación argentina.

El autor es miembro del Comité Ítalo-argentino y Adherentes Colón en su lugar.