Amparada en la ajenidad con la que gusta arroparse, CFK abandonó Game of Thrones. La realidad le ofrece un espectáculo tanto o más atrapante que la ficción. Con el remoto en mano, en el lejano sur, va de las alocadas peripecias de Josecito López, según ella, una suerte de "lobo solitario" de la corrupción, a la helada templanza del enigmático Ibar Pérez Corradi. No se gana para sustos. No hay doble pensión que aguante este nivel de imparable sobresalto.

Las locaciones en las que corren tan excitantes historias también tienen lo suyo. Bóvedas, catafalcos y criptas camufladas en el monasterio suman cuotas de tenebroso misterio. Las monjitas, previsoras si las hay, acondicionan sus propias tumbas con anterioridad en un sitio sólo resguardado por Dios y monitoreado por cámaras de seguridad. Por si algo falta, un grabador de video para registrar, llegado el caso, el paso a la eternidad. Nada de delirio, todo cruda realidad. Ver para creer.

Un acaudalado contratista del Estado, terrateniente y recién divorciado, Báez; un abogado que quiso suicidarse y no lo logró, Chueco; un playboy bajado en vuelo, Jaime; un ex funcionario valijero y supuestamente bipolar, Josecito, comparten penurias y abandonos en el predio de Ezeiza.
"Tener poder es tener impunidad", rezaba a modo de letanía, antes de pasar a mejor vida, otro inefable argentino: Alfredo Yabrán. Ahora no disponen ni de lo uno ni de lo otro.

Fuera del gobierno, los K, los que hasta hace poco vagaban como zombies invisibles por las entrañas del poder haciendo y deshaciendo a puro antojo, devinieron simples mortales, gente de carne y hueso, vulnerables al frío y la soledad.

Eran pocos y viene llegando Ibar. "Tengo miedo, pero no puedo decir a quién", baja, a modo de título, Pérez Corradi. Inmediatamente aclara: "por ahora". Quien quiera oír que oiga.

El juez federal Ariel Lijo investiga ahora si el ex secretario de Seguridad Sergio Berni y el ex jefe de la Agencia Federal de Inteligencia (AFI), Oscar Parrilli, cometieron delito al omitir la detención del "financista" narco ahora atrapado cuando un informe secreto de la fiscalía de Mercedes lo ubicaba hiperactivo y fotografiado en Ciudad del Este.

El ignorado dossier incluía planos, direcciones y hasta fotos subidas a Facebook por su joven mujer enamorada. "El mejor regalo es alguien que te abrace y te diga: 'Pase lo que pase, siempre estaré a tu lado'". Todo registrado. En primera persona y viral. Eran tiempos preelectorales, se comprende.

¿Qué cosa buena podría sumar a la campaña del Frente para la Victoria la irrupción en escena del escurridizo Ibar, un hombre no sólo acusado como supuesto autor intelectual del Triple Crimen, sino también investigado en la mafia de los medicamentos y la ruta de la efedrina?

Delitos de imposible comisión sin la complicidad o al menos la "distracción" de los poderes del Estado. Generosos aportes al financiamiento electoral justificaban además las demoras en el proceder.
"Si la historia la escriben los que ganan, eso quiere decir que hay otra historia: la verdadera historia. Quien quiera oír que oiga".

Relocalizado por los agentes de inteligencia gracias a la foto de uniforme de jardín de su hija más pequeña subida a las redes, sus mujeres lo definen como un padre adorable y dedicado. Solange Bellone, la viuda del malogrado Sebastián Forza, en cambio, le tenía terror. No es grato para nadie recibir una silla de ruedas como parte de un recordatorio por deudas pendientes. Ahora desfila encapuchado, con casco y chaleco por la pasarela de la corrupción. Las manos esposadas y las yemas quemadas de ácido. Un recurso tan agresivo como inconducente en los tiempos del ADN para un hombre que tiene cinco hijos. Tres de los cuales hasta ayer lo daban por muerto.

"Traten de mantenerlo vivo", pide la ex. Ella quiere volver a verlo. Tendrá que esperar. "Me quiero quedar acá", asegura él y contradice su predisposición de ayer.

El "amoroso" padre de sus hijos rechaza ser extraditado y, sin dar nombres, asegura que desconfía de la Justicia argentina porque importantes autoridades del Gobierno anterior están involucradas en la trama que se investiga.

Haya paz, al menos por ahora. El juez cumple en aclarar que no dio nombres.

La seguidilla de hechos y acontecimientos no da respiro. La trama es compleja e inquietante. Mete miedo.

La jodita noventista de que a la obra pública le llamaban Movicom porque sólo salía con el 15 adelante quedó vintage. Una cosa es el "diego", la coima o "la mordida", y otra muy diferente es "ir por todo".

Escáneres de última generación, infrarrojos, perros entrenados y retroexcavadoras escarban las entrañas de la corrupción y el narco. Poder, plata, droga y muerte. Finalmente, todo tiene que ver con todo.