Megaoperativo en la Villa 31 para desarticular a una peligrosa banda narco

La banda responde a César Morán de la Cruz, preso en Devoto por homicidio y célebre por su violencia. El fiscal Di Lello y el juez Lijo ordenaron 34 allanamientos

(Adrián Escandar)
(Adrián Escandar)

El calor volvió al asentamiento de Retiro, por así decirlo. Esta mañana, por orden del juez Ariel Lijo y el fiscal Jorge di Lello, la división Antidrogas Urbanas de la Policía Federal comenzó una serie de 34 allanamientos en el Playón Este de la Villa 31 bis y el barrio San Martín, lindero al Playón y a las vías del ferrocarril, un anexo al asentamiento de Retiro creado en los últimos años. El objetivo: desbaratar a la banda del peruano César Morán de la Cruz, alias "El Loco", el capo narco original de la Villa 31, preso en Devoto con una condena de 15 años por homicidio y otra a cinco años por robo. La Justicia de su país lo busca también: el juez Sebastián Casanello firmó la extradición de Morán pedida por un juzgado de Lima, por intentar asesinar a una vecina suya en un violento episodio. Será efectiva cuando Morán termine su condena.

El operativo de abril de 2016 que atacó 40 puntos narco en la Villa con 500 efectivos de la PFA, también bajo la firma de Lijo y tras una larga investigación del equipo de Di Lello, supuso un cambio en el balance de poder. Significó un retroceso casi definitivo para los traficantes paraguayos, encolumnados en diversas facciones y concentrados alrededor de la "Cancha de los Lápices"; de los 17 detenidos, los paraguayos integraban casi la totalidad de la lista.

"Ruti" Mariños, histórico rival de "Marcos" Estrada en la Villa 1-11-14 del Bajo Flores, hoy en Perú y con un pedido de captura a cargo del juez Sergio Torres, era otro jugador clave en la 31 bis. En las manzanas habitadas por peruanos, "Ruti" se había vuelto un rival natural para César. Mariños intentó rearmarse a lo largo del tiempo, pero su pérdida de terreno fue evidente. Así, con el retroceso de sus enemigos, Morán de la Cruz, según hallaron Di Lello y su equipo, habría buscado recuperar el dominio de la zona desde la cárcel. Sin embargo, algunos cambios fueron necesarios.

El operativo de abril tuvo como objetivo principal, más allá de las detenciones y las incautaciones de los estupefacientes, retomar espacios controlados por los traficantes para devolverlos a la comunidad. Morán, por ejemplo, controló durante años la "Casa del Pueblo", una ruina de dos plantas en la manzana 109, donde fue detenido su principal sicario, su sobrino Juan "Piedrita" Arredondo, en un operativo que incautó también parte del arsenal de la banda que incluyó granadas de mano.

El plan de Di Lello, en colaboración con el Gobierno porteño, busca convertir la "Casa del Pueblo" y otros puntos narcos en bibliotecas y centros de empleo. El punto era de vital importancia. En el narcotráfico villero, el verdadero capital no es la droga, ni el poder de fuego, sino controlar el espacio físico que los adictos reconocen como punto de venta. Días después del operativo de abril, un grupo de hombres armados intentó recuperar la "Casa del Pueblo" sin éxito. Así, sin su principal búnker, Morán, de acuerdo a inteligencia policial, se movió hacia el barrio San Martín, el principal foco del operativo de esta mañana. Su banda tomó nuevos domicilios en el clásico modus operandi de César: expropiándolos a punta de pistola.

La venta de droga en la Villa en los últimos meses tuvo cambios notables, por otra parte. Los dealers les ofrecen a los adictos sus propios bunkers para drogarse en vez de que lo hagan en los pasillos, para así evitar los patrullajes policiales. También, los adictos se convirtieron en los nuevos transas: reciben, en comodato, una tiza de diez gramos de cocaína. Al fallar en liquidar las ganancias, entran en deuda, lo que deviene en torturas, o en un caso en particular, la muerte.

Al despacho de Di Lello, llegó un asesinato ocurrido a metros de la "Casa del Pueblo" semanas atrás; el de un joven de 18 años oriundo de la zona de Tigre, de apellido Yrigoitía. Se cree que Yrigoitía habría comenzado a comerciar para la banda de Morán, para luego traicionar a un subalterno del capo robándole dinero y droga, lo que selló su suerte. El precio para su cabeza habría sido de 20 mil pesos.

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