Cuando la realidad supera la pandemia

Por Federico Bellezze (bellezzefederico)

Dos niños observan a miembros del personal de sanidad que realizan un testeo casa por casa para detectar los contagiados con coronavirus en Villa Azul en la Provincia de Buenos Aires (Argentina). EFE/Juan Ignacio Roncoroni/Archivo
Dos niños observan a miembros del personal de sanidad que realizan un testeo casa por casa para detectar los contagiados con coronavirus en Villa Azul en la Provincia de Buenos Aires (Argentina). EFE/Juan Ignacio Roncoroni/Archivo

Para quienes se atreven a cuestionar la entidad de esta Pandemia, pueden sentirse perseguidos y ¿por qué no? víctimas de juicios de orden moral y social, más expeditivos que aquellos que recorren con habitualidad la suerte de los pasillos eternos y tranquilos de los Tribunales, donde la figura de la justicia parece desvanecida, agotada, esperando que una pandemia pueda rescatarla de su profundo sueño.

La sociedad, cada mañana se abraza a los medios, y nutre sus músculos de números intangibles que recuerdan a ciertos discursos matutinos a los que un otrora un jefe de gabinete nos acostumbrara, aturdiéndonos con cifras, valores, estadísticas, y una voluminosa ¨des¨información.

Por cierto, toda esa minuciosa y guionada información era suministrada para atemorizar a la población, para engendrar el dolor, donde ese dolor ya existía, agrandar las diferencias de los indiferentes e infundiendo el temor a vivir, si a vivir la vida.

Nuestra sociedad está sedienta de valores, ávida de información genuina, deseosa de encontrar motivos para salir adelante, no se necesitan más narradores de tragedias ajenas, personas que, con micrófono en mano aducen ser empáticos con el prójimo y utilizan el medio para mofarse de colegas.

Señaladores, citadores de héroes y gestas de hidalgos que hicieron grande a nuestra patria. La sociedad expresa a gritos que se hastió de los grandes oradores de verdades propias y ajenas, de los aduladores de la verdad relatada y de los generosos de y con lo ajeno y que comienza la hora de la verdad.

Es un momento en el que cada uno a su manera hará un viaje interno, con su traje a medida y el ritmo que pueda sostener, sin imposiciones, sin cifras, cada uno con su propia historia. De ese modo, podremos revalorizar nuestros proyectos, resignificaremos nuestros momentos y haremos de seguro ensayos sobre nuestra vida y seremos críticos de nuestra propia historia y ya sin la presencia de moderadores.

Ahora bien, el ¨Pueblo¨ hoy reclama más. Ya no se trata de la cuarentena, que por cierto debería llamarse cuarentena bis, sino que es la vida misma. Esa vida donde algunos se pueden abrazar y saludar sin barbijos y ¨otros", no pueden ver a sus seres queridos.

La verdad, esa, que por momentos la historia exige. Historia y verdad que dicen que no da lo mismo comprar un producto a un valor que a otro. Verdad que dice que no es lo mismo la muerte por suicidio a un homicidio. La que exige que las causas judiciales avancen y no sigan durmiendo. La que exige y grita por trabajar. La realidad que pide igualdad, la que necesita respuestas claras y no regreso de programas circenses donde la moral no existe. Aquella verdad que se inclina y exige por una mejor educación, un mejor sistema de salud, donde los pobres dejen de llamarse por villas y empiecen a sentirse ciudadanos y cuidados. Y sí la verdad de que, por una buena vez, nos permita vivir en un país donde la realidad supere la pandemia.

Federico Bellezze (bellezzefederico)

24.990.163

Abogado -CPACF T*109 F*40



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