Bali: mi lugar preferido

Por Estefania Berardi

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es la isla más hermosa que conocí. Mucha variedad de lugares por conocer. Aguas claras, cálidas, pero bastante revueltas. No me metí muy profundo porque las corrientes te llevaban para todos lados. Templos, como Tirta Empul de aguas sagradas. Cuenta la leyenda que “este arroyo claro como el agua” fue creado por el rey de los dioses y su ritual consiste en purificarse, ahuyentar los malos pensamientos y yo personalmente, siempre pido mis deseos. Son muy amables al dejarnos a nosotros, los turistas, experimentarlo. Hay que vestirse con ropa apropiada según su cultura. Y sentí tanta paz cuando salí de ahí, que me quede dormida. Si andan por Bali , no pueden dejar de conocerlo.

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Con el tema del coronavirus no hay turismo. Realmente paseamos casi solas. Nos hospedamos en dos hoteles diferentes. Uno más tradicional, y otro soñado, en la punta de una colina. Nos llevo dos horas llegar éste último , pero valió la pena y se puede apreciar el paisaje desde la habitación en las fotos que subí a mis redes. Lo súper recomiendo. Es lejos pero vale la pena.

El último día del check out, teníamos que esperar hasta las 20hs a que salga nuestro próximo avión hacia nuestro ultimo destino y nos fuimos a la playa para aprovechar el día. No teníamos donde bañarnos porque ya habíamos dejado el hotel, así que me bañe en una canilla que había en la playa a un costado de la arena como pude con mis amigas. Nos moríamos de la risa.

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En los momentos que más me divertí, fue teniendo pocas cosas. Sin plata o como en ese instante, bañándome en bikini con mi amiga enjuagándome la cabeza con una botella. Me voy a reír de esto toda la vida, cada vez que me acuerde.

Fuimos a una reserva ecológica donde vive una especie de monos salvajes y divertidos. Fue mi primera experiencia con ellos. Me hicieron divertir.

En cada rincón de Bali, existe una postal para fotografiar. Queríamos parar en todos lados. La isla te regala un millón de paisajes infinitos. Los arrozales son otros. Muchas de sus plantaciones se sitúan en laderas de montañas, formando preciosas terrazas de arroz escalonadas, que se convierten en una de las postales más bonitas y se utilizan a diario para las ofrendas que sus habitantes le dejan a sus dioses en cada lugar.

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Caminas y sentís el olor a sahumerio . En cada casa. No importa la posición económica. Ricos y pobres los prenden y le dejan ofrendas y rezan a sus dioses. Son muy creyentes. Vale la pena quedarse unos días para poder recorrerla ya que es muy grande.

Instagram @estefaniaberardi