Lactancia materna: cómo desterrar los mitos que aumentan la exigencia sobre las mujeres

Desde la idea de que sí o sí hay que amamantar hasta la noción de que debe hacerse cada tres horas para no indigestar a los bebés, todo un imaginario social recae sobre esta tarea.

La iniciativa no es local sino global. Entre el 1º y el 7 de agosto se recuerda en todo el mundo la Semana de la Lactancia Materna, que sirve para visibilizar y estimular esa actividad entre la madre y su bebé. Fue la Organización Mundial de la Salud el organismo que impulsó y aún promueve que se lleve a cabo esta especie de recordatorio de la importancia de la lactancia como una de las acciones fundamentales en la relación entre las madres y sus hijos.

“Crear conciencia sobre la importancia de la lactancia materna” es, según la Organización Panamericana de la Salud, uno de los fines principales de esta especie de marca anual en el almanaque para que el mundo entero hable del tema. Otro es “apoyar los esfuerzos para fortalecer las medidas para proteger, promover y apoyar el derecho a la lactancia materna”.

Sobre esa acción, la de amamantar, recaen mitos y exigencias de forma constante. Tal vez la primera, la más visible, sea la exigencia de que debe hacerse sí o sí, sin que importe el deseo y la decisión de la mujer. Sabrina Critzmann es médica pediatra y puericultora. Además de su actividad en el consultorio, hace algunos años empezó a compartir sus experiencias como médica y también como mamá. Desde hace un tiempo se ocupa de difundir esas experiencias a través de sus redes sociales y, además, a través de los libros que publica.

Hoy no es siempre. Guía pediátrica para una crianza respetuosa es uno de los títulos que publicó, editado por Planeta. Lo lanzó en 2019 y allí se ocupó, entre otros temas, de la lactancia materna. Sobre todo intentó desterrar algunos de los mitos que rodean a esta acción, desde que la poca leche de los primeros días no alcanza para alimentar al bebé hasta que sí o sí las ingestas son cada tres horas.


“Hoy no es siempre” (fragmento)

Ningún científico o agente de salud podría dudar o contradecir que la leche materna es el mejor alimento para un bebé. Pero en la lactancia hay mínimo dos personas: mamá y bebé (o bebés, o mamás, pues mujeres no gestantes pueden amamantar también). La soberanía sobre el propio cuerpo es primordial: si no deseás amamantar, ¿quién puede obligarte? ¿Cómo puede ser la lactancia algo positivo si es una imposición?

Si tenés toda la información y el soporte adecuado, y de todos modos no deseás amamantar, siempre debe respetarse tu decisión, sin cuestionar ni juzgar, acompañando el crecimiento y desarrollo de tu bebé. Si tu deseo es amamantar, la información es tu aliada. Concurrir a charlas prenatales de lactancia y tener el contacto de una puericultora a mano para los primeros días debería ser tan importante como ir a los controles obstétricos.

Un mundo en el que no se sabe qué esperar

La lactancia también es un mundo de mitos y de no saber qué esperar. Entre esas fantasías se encuentra el color y la cantidad de leche: las que hemos deseado amamantar en algún momento creímos que seríamos vacas lecheras, con leche a chorros saliendo de las tetas. Y no, al menos no al principio.

El calostro es la PRIMERA LECHE. Y uso mayúsculas porque hay una creencia popular de que “no me salió leche, solo calostro”, o que el calostro es algo sin importancia. Es leche, y por algo es así. No es blanco y no son chorros: son más bien gotitas que tal vez vimos también durante el embarazo, de color dorado o anaranjado, espesas y pegajosas. El calostro es así porque está compuesto en su mayor parte por proteínas. Esas proteínas no son ni más ni menos que anticuerpos, es decir, defensas que le estás pasando a tu bebé. Además tiene células y bacterias buenas, y su color es así por los betacarotenos, que le dan un efecto antioxidante.

¿Pero con esas gotitas no se va a morir de hambre el bebé? No, el bebé recién está aprendiendo a coordinar la serie de movimientos “respirar-succionar-tragar”, y si el cuerpo produjera mayor volumen, no podría manejarlo. Además, su estómago tiene un tamaño pequeñito como una uva: no necesita grandes cantidades para “llenarse”.

Sabrina Critzmann es pediatra y puericultora.
Sabrina Critzmann es pediatra y puericultora.

El calostro es IMPORTANTÍSIMO. Hace que el intestino del bebé se pueble con bacterias beneficiosas y que se empiecen a sellar las uniones entre células intestinales, muy inmaduras aún. Tiene un efecto laxante, hace que el meconio se elimine más rápidamente y eso genera menor hiperbilirrubinemia (cuando sube la bilirrubina y se ponen amarillitos).

A medida que el bebé se pone más canchero con el asunto de respirar-succionar-tragar, el cuerpo empieza a producir la leche que va a reemplazar al calostro, que se llama “leche de transición”. Esta leche ya es más blanquecina y se produce en mayor cantidad, coincidiendo con un bebé más despierto, con más ganas de comer y con un estomaguito más grande.

En estos momentos, los bebés suelen estar muchas, muchas, MUCHAS horas tomando teta. Cuando digo “muchas”, digo alrededor de 20 por día, a veces. ¿Por qué? Porque le están explicando a la teta que tiene que producir leche para alimentarlos. Si cortamos ese estímulo introduciendo fórmula o un chupete, podemos interferir negativamente en la lactancia.

El calostro es tan importante para el establecimiento de la lactancia y del vínculo, que existen evidencias de pueblos de guerreros que les impedían a los bebés tomar el calostro de sus madres, creyendo que esto los haría más independientes y agresivos.

La teta es una fábrica

La teta es una fábrica, no un almacén. La leche no se acaba nunca. En las primeras semanas, la leche sale rápido y a montones, pero a medida que van pasando los días, hay que esperar al reflejo de eyección para ver “el montón” de leche. Y eso es lo que nos pasa cuando usamos el sacaleches. Muchas veces creemos que nos sacamos poquito, y en realidad es porque no esperamos el reflejo de eyección.

Para estimular este reflejo, pensar en nuestro bebé, olerlo, acariciar su ropita, ver videos cuando no lo tenemos cerca, puede ayudar porque convoca a la oxitocina. ¡El reflejo de eyección es el que hace que nos salga leche de las tetas cuando escuchamos a un bebé llorar! (Y el que nos mancha la ropa del lado contrario al que estamos dando la teta).

Lactancia A DEMANDA

* “Diez minutos de cada teta”.

* “Cada tres horas”.

* “Cuando te pida llorando”.

* “Si le das muy seguido, le creás dependencia/lo sobrealimentás/lo cansás/le generás cólicos/ETC., ETC.”.

Todas estas recomendaciones son MITOS. Nunca voy a cansarme de escribir que la lactancia materna es A DEMANDA: las veces que el bebé pida, el tiempo y la cantidad que el bebé tome.

La leche materna se digiere rápidamente, en alrededor de una hora. El concepto de “cada tres horas” es algo de la fórmula (antigua), ¡extrapolado a la leche materna! Las leches de fórmula también se han sofisticado y ahora son más digeribles, por lo que también se puede hablar de “fórmula a demanda” utilizando lo que llamamos “método Kassing” (una técnica para dar la mamadera que busca reproducir las condiciones que el bebé experimenta cuando toma la teta, hay mucha información en la web).

¿Cómo nos damos cuenta de que un bebé quiere comer? Por diversas señales que va mostrando, ¡antes de llorar! Sacan la lengua, hacen movimientos buscando la teta, succionan en el aire... Cada bebé es un mundo y cada familia va aprendiendo a decodificar las señales del nuevo integrante. Repito: confíen en su intuición. Nadie conoce a su bebé más que ustedes.

Cuando un bebé ya está llorando porque tiene hambre, probablemente haya que consolarlo primero y luego ofrecerle el pecho, dado que es posible que lo rechace por estar muy enojado y desregulado. No es que no quiere la teta, es que primero tiene que bajar su frustración. Recordemos que hasta hace poquito, no tenía que esforzarse para comer, ¡todo venía por el cordón umbilical!

Habría que tirar el reloj a la basura cuando iniciamos la lactancia. Calcular el tiempo de la mamada tampoco tiene objeto y cambiarlos de teta “porque pasaron diez minutos”, menos. El bebé tomará todo lo que necesite (hay bebés chiquitos y dormilones que puede ser necesario estimularlos) y luego soltará la teta. Ahí podemos ofrecerle la otra, pero no necesariamente va a tomar las dos tetas en cada toma.

La parte más calórica de la leche requiere un ratito de succión, y si sacamos la teta antes de tiempo, no llegarán a tomarla, no aumentarán de peso, se introducirá fórmula, muchas veces... El típico círculo que perjudica la lactancia.

¿Duele? Posturas y consejos

¿Existe dar la teta “mal”? NO. No lo creo de ninguna manera. Toda intención de amamantar debe ser sostenida, abrazada y valorada. Pero tampoco creo que la lactancia sea un proceso idílico, natural, ni siquiera sencillo: necesitamos una matriz de sostén.

Antiguamente, antes de que existiera la fórmula y la publicidad bombardeando nuestra vida y diciéndonos que la leche artificial es “mejor” que la leche materna, el amamantar era un saber que se transmitía de mujer a mujer. La crianza en tribu sostenía estas prácticas y no había dudas de que sabíamos parir, amamantar y criar con muchas menos intervenciones.

Ya hace varias generaciones (desde nuestras abuelas, aproximadamente) que el paternalismo médico se ha apropiado de nuestras tradiciones y decisiones, y nos ha querido indicar en qué posición tener a nuestros hijos, a qué hora, cuántos minutos darle de cada pecho, cómo tenemos que sentir nuestros pechos... y puedo seguir.

Se ha visto en gorilas criadas en cautiverio que no saben qué hacer cuando nace su cría. Como nunca vieron a otra hembra amamantar, desconocen cómo alimentarlas. En un zoológico de Ohio, tuvieron que pedirle ayuda a La Liga de La Leche: concurrieron mujeres a dar la teta delante de la gorila, la ayudaron a posicionar al bebé gorilita y de esa manera pudo alimentarlo.

El empoderamiento de las mujeres en los últimos tiempos lleva a recuperar esos saberes y esas tradiciones, y a volver a estrechar lazos en tribu. Es por eso que surgen las figuras de la doula y de la puericultora, aún sin regulación estatal como profesiones. La lactancia no debe doler. A veces, en los primeros meses, hay una sensación de hormigueo o pinchazos al iniciar la mamada, que se cree que es por el llenado de los conductillos que van al pezón.

Pero dolor, DOLOR, no debe haber. Si lo hay, es porque la prendida del bebé a la teta se puede mejorar. El bebé no succiona el pezón: mete parte del tejido de la areola dentro de su boca además del mismo. Si succionara solo el pezón, no estimularía la teta con su rostro y boca (¡sí, los movimientos de su carita también estimulan la producción de leche!) y lastimaría los pezones. Es por eso que insistimos en la “boquita de pescado”: los labios del bebé evertidos (como si los diéramos vuelta suavemente hacia arriba y hacia abajo respectivamente, dejando ver la parte rosada) y parte de la areola dentro de la boca.

La prendida es asimétrica: el mentón toca primero el pecho, antes que la boca, y cuando la abre completamente, es el momento de introducir el complejo areola-pezón en la boquita. Hay maniobras de “achicamiento” de la teta que nos ayudan a lograr esta prendida asimétrica. Además, no todos los bebés abren la boca completamente desde el inicio, y tienden a tomar solo el pezón: ¡aquí viene la ayuda de la experta en lactancia! Que nos puede dar pautas y técnicas para evitar lastimarnos.

Cuando el bebé está mamando en forma efectiva, se escucha cómo traga. Hace pausas mientras su boca se llena de leche y masajea la teta con su lengua para “exprimirla”. No te preocupes: esto no se siente. De hecho, si la prendida es saludable, solo se sentirá una suave succión. Si duele, reitero, hay que evaluar la posición.

Existen múltiples posiciones para dar la teta. Depende de la díada mamá y bebé (o bebés), probar y decidir. Los “almohadones de lactancia” pueden ayudar a evitar contracturas y lograr una posición más cómoda.


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