Hilda Horovitz tal vez cuente el próximo martes los motivos que la llevaron a delatar a Oscar Centeno. Nadie sabe lo que ella vivió, suele lamentarse. Fue pareja durante 9 años del remisero autor de los bautizados “cuadernos de las coimas”. Se conocieron en un hotel de la zona de Parque Centenario, donde ella trabajaba y él llegó como huésped luego de una separación.
Convivieron y se mudaron a una casa en Olivos. Cuando el amor se acabó, fue por ella que el escándalo de los cuadernos terminó en Tribunales: receloso en medio de sus constantes peleas Centeno entregó la caja con ocho originales a un amigo para que se los cuidara. De allí pasaron a manos del periodista que los investigó y luego denunció en Comodoro Py. Para ese entonces, Horovitz se convirtió en la principal delatora de su ex concubino. Ahora, casi una década después de su primera revelación al respecto, la mujer se sentará como testigo en el juicio por los Cuadernos.
Las visitas a Comodoro Py
Hilda Horovitz subió las escalinatas de Comodoro Py 2002 en reiteradas ocasiones. La primera fue el 1 de noviembre de 2017, cuando con su pareja en total crisis llegó hasta el cuarto piso y golpeó a la puerta del juzgado federal de Claudio Bonadio, para declarar en la causa que investigaba importaciones de Gas Licuado. Habló por primera vez de la existencia de anotaciones por parte de Centeno. Aclaró que ella nunca las leyó como así tampoco vio jamás bolsos con dinero.
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Allí estaba acusado el jefe del remisero, el ex secretario de Coordinación del Ministerio de Planificación Federal en el kirchnerismo, Roberto Baratta. Por entonces, ella misma era empleada pública, un trabajo conseguido gracias al vínculo.
Lo que siguió fue la historia que se va reconstruyendo en el juicio oral a la ex presidenta Cristina Kirchner y otros 85 acusados, Centeno y Baratta incluidos: el remisero sacó los cuadernos de la casa en una caja cerrada que dio a su entonces amigo y ex policía Jorge Bacigalupo. Este último, más de un año después, la entregó al periodista Diego Cabot. Y de allí las fotocopias de esos escritos llegaron meses más tarde a tribunales. Los originales habían sido devueltos a Centeno que los reclamaba.
En agosto de 2018, mientras detenían al remisero, Horovitz volvió a declarar en Comodoro Py, esta vez en el caso Cuadernos, ante Bonadio y el fiscal federal Carlos Stornelli.
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La hora del juicio
La mujer llegará este martes al debate oral como testigo, bajo juramento de verdad, y tal vez vuelva a verse cara a cara con Centeno, después de tantos años.
El acusado está bajo un régimen de protección especial porque es arrepentido. Sin embargo, resolvió presentarse en ciertas audiencias junto a su defensor oficial. Lo hizo, por ejemplo, para escuchar a su ex amigo Bacigalupo y es probable que tome una decisión similar con su ex pareja. Se ubica siempre en primera fila en la sala de los tribunales de Retiro y guarda silencio: sólo anota todo con insistencia. Al igual que otros arrepentidos, calló cuando fue el turno de su declaración indagatoria.
Esta visita a tribunales será diferente para Horovitz: ya no estará ante un juez o un fiscal en un despacho o frente a algún periodista en una entrevista. Se trata de un debate oral donde tendrá obligación de contestar preguntas de los jueces, la fiscalía, la querella y las defensas de 86 acusados. También podrán contrastarla con su declaración en la investigación, si se detectan contradicciones.
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Anticipándose a lo que seguramente ocurrirá en cuanto a complejidad y extensión, los jueces del Tribunal Oral Federal 7 Enrique Méndez Signori, Germán Castelli y Fernando Canero decidieron que sea la única testigo de la jornada que empezará a las 9. Su antecesor, Bacigalupo, declaró durante dos largos días. Mejor suerte tuvo el encargado del edificio donde los Kirchner tienen un departamento en Recoleta, Julio Silva. Se desdijo de parte de lo que declaró en 2018, desmintió haber dicho que vio bolsos y valijas llevados con cierta frecuencia al quinto piso por el fallecido secretario de Néstor Kirchner Daniel Muñoz, y se fue de Comodoro Py después de declarar dos horas y media el jueves pasado.
Los dichos de la ex pareja
La ex mujer de Centeno dijo muchas veces que cuando el vínculo se desmoronó, ella pensó que él ya estaba con otra, habló también de maltratos y humillaciones. El, según relató, había querido sacarla de la casa que compartían en Olivos: le consiguió primero una vivienda en Ezeiza y después, un monoambiente del barrio de Once que se sospecha costeó el ex jefe Baratta para garantizar su silencio. Sobre todo esto, se descuenta, le preguntarán el martes.
Según ya declaró en la investigación, Centeno guardaba en la casa de Olivos los cuadernos donde registraba con detalle sus recorridos como chofer del ex funcionario, en presuntas maniobras de recaudación de sobornos empresariales durante el kirchnerismo. Sostuvo que anotaba “todos los movimientos que hacía con Baratta”. Ella afirma que nunca los leyó.
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También recordó que estaban guardados “en un ropero situado frente a la cama” que compartían.
Centeno la denunció por una supuesta extorsión y en el juicio Bacigalupo también contó que su amigo le refería que la mujer presionaba a Baratta para obtener dinero a cambio de guardar silencio. “Pedía dádivas para no abrir la boca”, dijo según comentarios del remisero acusado. En los teléfonos del ex funcionario kirchnerista que peritó la Justicia, se encontraron mensajes vinculados a esta versión de los hechos.