La familia millonaria acribillada a balazos: el hijo acusado, la traición de la novia y una llamada telefónica que renueva el misterio

Fue en 1985, en Gran Bretaña. El autor de los 5 crímenes fue el hijo de 24 años. Adoptado por un matrimonio que soñaba con su éxito nada fue como habían soñado. La acusación a su hermana modelo y con problemas mentales, el resentimiento de su novia y la versión que mantuvo durante tres décadas: “Soy inocente”. En 2020 la tragedia llegará a la tevé en una serie de seis capítulos con la ex del príncipe Harry como protagonista

Una vista aérea de la White Farm Farm donde vivía la familia Bamber, en Essex, Reino Unido (Ted Blackbrow/ANL/Shutterstock)
Una vista aérea de la White Farm Farm donde vivía la familia Bamber, en Essex, Reino Unido (Ted Blackbrow/ANL/Shutterstock)

A los finales trágicos no siempre se los ve venir. A veces, suceden con la rapidez de lo imprevisible o, simplemente, se desencadenan mientras estamos muy ocupados soñando con “un mundo feliz” (parodiando a la famosa novela de Huxley) que podría terminar, justamente, en una distopía.

Eso le sucedió a los Bamber la madrugada del miércoles 7 de agosto de 1985 cuando fueron alcanzados por el destino que habían construido cuidadosamente.

Esa noche, a las 3.30 de la mañana, la policía de Chelmsford, en Gran Bretaña, recibió el llamado de Jeremy Bamber, el hijo de 24 años de los millonarios dueños del campo White House Farm. Lo que dijo Jeremy los hizo despabilarse y solicitar un patrullero para mandar a la estancia: su padre Nevill lo había llamado desesperado para decirle que su hermana Sheila, de 28 años y recientemente diagnosticada con esquizofrenia paranoide, estaba en pleno brote, enloquecida, y había agarrado un rifle con el que los amenazaba. La llamada, aclaró Jeremy asustado, se había cortado abruptamente.

Una vez avisada la policía, Jeremy -que vivía a solamente 5 kilómetros de la casa familiar- manejó hasta la entrada del campo para encontrarse con los oficiales. Analizaron la situación y decidieron esperar a que llegaran policías armados para ingresar al enorme caserón de estilo victoriano, ubicado cerca de la población de Tolleshunt D’Arcy, en Essex. Finalmente, a las 7.35 de la mañana, rompieron la cerradura y entraron.

El recordatorio de las víctimas en un blog que defiende a Jeremy Bamber, el hijo de 24 años acusado de haber asesinado a sus padres, hermana y sobrinos
El recordatorio de las víctimas en un blog que defiende a Jeremy Bamber, el hijo de 24 años acusado de haber asesinado a sus padres, hermana y sobrinos

En la cocina de la planta baja, desparramado sobre el piso, encontraron al dueño de casa, Nevill Bamber, de 61 años. Estaba muerto: le habían disparado 8 veces y presentaba varias heridas en la cabeza. Subieron, rápidamente, al primer piso. En el dormitorio principal, encontraron a su mujer June (61), con un balazo entre los ojos. En la otra punta del cuarto estaba su hija Sheila (que, separada de Colin Caffell y madre de mellizos, vivía con ellos) con dos balazos en el cuello.

En el cuarto de al lado, encontraron a sus hijos de 6 años, Daniel y Nicholas, que si bien vivían con su padre estaban de visita en casa de sus abuelos. Seguían acostados en sus camas y habían recibido varios tiros en sus cabezas. Uno de ellos tenía todavía su pulgar introducido en la boca. No se había despertado cuando le llegó la muerte.

El culpable material de los crímenes, un rifle semiautomático, descansaba cruzado sobre el cuerpo de Sheila. La bellísima joven, a la que llamaban Bambi y que había trabajado con bastante éxito como modelo, había estado internada recientemente en un psiquiátrico a raíz de su diagnóstico de esquizofrenia. Desde su divorcio, vivía en casa de sus padres.

A las 3.30 de la mañana, la policía de Chelmsford, en Gran Bretaña, recibió el llamado de Jeremy Bamber, el hijo de los millonarios dueños del campo White House Farm. Lo que dijo los hizo despabilarse y solicitar un patrullero para mandar a la estancia: su padre Nevill lo había llamado desesperado para decirle que su hermana Sheila, de 28 años y recientemente diagnosticada con esquizofrenia paranoide, estaba en pleno brote, enloquecida, y había agarrado un rifle con el que los amenazaba (ANL/Shutterstock)
A las 3.30 de la mañana, la policía de Chelmsford, en Gran Bretaña, recibió el llamado de Jeremy Bamber, el hijo de los millonarios dueños del campo White House Farm. Lo que dijo los hizo despabilarse y solicitar un patrullero para mandar a la estancia: su padre Nevill lo había llamado desesperado para decirle que su hermana Sheila, de 28 años y recientemente diagnosticada con esquizofrenia paranoide, estaba en pleno brote, enloquecida, y había agarrado un rifle con el que los amenazaba (ANL/Shutterstock)

Sheila era, según los dichos de Jeremy, la responsable de la violenta masacre. Sus problemas mentales eran fácilmente comprobables. La policía creyó en la historia. Todo parecía cerrar.

A lo largo de las semanas siguientes el caso sería pormenorizadamente relatado por la prensa. Su esquizofrenia paranoide, su anorexia e inestabilidad mental eran el centro de todas las miradas. Un titular de la época del periódico The Sun decía: Modelo top masacra a su familia. Los periodistas, que buceaban en los detalles de su vida, no dejaron nada por revolver: no solo tomaba antipsicóticos, también esnifaba cocaína, tenía deudas por unas 40 mil libras por compra de drogas y “dormía” con hombres mayores. Sheila era caracterizada como un monstruo enfermo. Sin embargo, las teorías que la señalaban como la mala de la película, muy pronto, se derrumbarían por completo.

La historia de Sheila

Jeremy y Sheila eran hermanos. Hermanos que el destino juntó bajo el apellido y la fortuna Bamber. Los dos habían sido adoptados por el próspero matrimonio. Sheila llegó primero, con tres meses de vida, y cuatro años después, adoptaron a Jeremy, un adorable bebé de seis meses.

Como adolescente Sheila fue difícil. La echaron de dos colegios, daba constantes problemas y no estudiaba. Su extraordinaria belleza hizo pensar a sus padres que el modelaje podía ser un camino para mantenerla ocupada. Empezó a trabajar con una agencia de modelos y su vida pareció encarrilarse un poco. Se casó con Colin Caffell, un artista escultor y ceramista, y tuvo mellizos.

La llamaban Bambi. Como adolescente Sheila fue difícil. La echaron de dos colegios, daba constantes problemas y no estudiaba. Su extraordinaria belleza hizo pensar a sus padres que el modelaje podía ser un camino para mantenerla ocupada. Empezó a trabajar con una agencia de modelos y su vida pareció encarrilarse un poco. Luego, se casó y tuvo mellizos. Más tarde le diagnosticaron esquizofrenia paranoide (David Thorpe/ANL/Shutterstock)
La llamaban Bambi. Como adolescente Sheila fue difícil. La echaron de dos colegios, daba constantes problemas y no estudiaba. Su extraordinaria belleza hizo pensar a sus padres que el modelaje podía ser un camino para mantenerla ocupada. Empezó a trabajar con una agencia de modelos y su vida pareció encarrilarse un poco. Luego, se casó y tuvo mellizos. Más tarde le diagnosticaron esquizofrenia paranoide (David Thorpe/ANL/Shutterstock)

Pero el tiempo pasaba y ella no mejoraba realmente: sus problemas mentales empeoraron. Tenía alucinaciones e incluso llegó a creer que sus pequeños hijos querían seducirla y matarla. Pensaba también en el suicidio. Para Colin la vida se volvió imposible, hasta que un psiquiatra dio el diagnóstico preciso: Sheila tenía esquizofrenia paranoide. A ello se le sumó, además, un desorden de la alimentación: anorexia.

Los Bamber estaban sumamente preocupados y desbordados con la situación. Cuando Sheila y Colin se separaron, decidieron llevarse a su hija a vivir con ellos. Sheila no se llevaba nada bien con sus estrictos y exigentes padres, pero era la única solución posible. Los mellizos quedaron con Colin y la visitaban periódicamente.

La historia de Jeremy

Jeremy Nevill Bamber, el hijo menor que habían adoptado los Bamber, había nacido el 13 de enero de 1961 como Jeremy Paul Marsham, en el St Mary Abbot’s Hospital de Kensington, en Londres. Su madre biológica, Juliet Dorothy Wheeler, era hija de un vicario. Como consecuencia de un romance con el sargento mayor y supervisor de Buckingham Palace, Leslie Brian Marsham, Juliet quedó embarazada. La mejor solución que encontraron para esta “sorpresa no deseada” fue dar en adopción al bebé. Cuando Jeremy tenía seis meses fue entregado a sus padres adoptivos, a través de la Sociedad Infantil de la Iglesia de Inglaterra. Así fue que llegó a los brazos abiertos de Nevill y June Bamber. Económicamente poderosos y con muchos deseos de agrandar la familia. Todo parecía indicar que Jeremy llegaba al hogar ideal.

Los Bamber eran hacendados y vivían en una gigantesca casa victoriana, ubicada en el medio de una extensa propiedad llamada White House Farm. Nevill Bamber, era un magistrado local y ex piloto de la mítica Royal Air Force (RAF). Jeremy se incorporó a sus vidas donde ya estaba instalada su hermana Sheila, desde hacía unos años.

Jeremy Bamber al salir de la estación de policía. Cuando Jeremy tenía seis meses fue entregado a sus padres adoptivos, a través de la Sociedad Infantil de la Iglesia de Inglaterra. Así fue que llegó a los brazos abiertos de Nevill y June Bamber. Económicamente poderosos y con muchos deseos de agrandar la familia. Todo parecía indicar que Jeremy llegaba al hogar ideal. Nada salió como lo planeado  (Today/Shutterstock)
Jeremy Bamber al salir de la estación de policía. Cuando Jeremy tenía seis meses fue entregado a sus padres adoptivos, a través de la Sociedad Infantil de la Iglesia de Inglaterra. Así fue que llegó a los brazos abiertos de Nevill y June Bamber. Económicamente poderosos y con muchos deseos de agrandar la familia. Todo parecía indicar que Jeremy llegaba al hogar ideal. Nada salió como lo planeado (Today/Shutterstock)

El matrimonio no escatimó recursos en cuanto a la educación de sus hijos. Se dispusieron a pagar los mejores colegios para ellos. Jeremy hizo la primaria en el establecimiento privado St Nicholas, pero desde septiembre de 1970 estuvo pupilo en el Gresham’s School, de Norfolk. Estar internado no era algo raro para ese entonces en Gran Bretaña: así educaban a los chicos de clase alta que tenían un futuro prometedor. Pero, además, Nevill y June, habían optado por mandarlos pupilos por otra razón. Creyeron que eso sería más apropiado a que fueran a una escuela local: algún día sus hijos serían los empleadores de la zona e iban a tener que darles trabajo a esos compañeros de colegio. Lo mejor, dijeron, era separar un poco los tantos.

Jeremy, al igual que Sheila, tuvo problemas en el ámbito escolar. El estudio no le interesaba en lo más mínimo. Según Brett Collins, un amigo de Jeremy, en su vida como pupilo habría sido abusado sexualmente cuando tenía solo 11 años. De acuerdo a esta misma fuente, Jeremy empezó a tener relaciones con mujeres y con hombres: así conseguía ser popular entre todos. Su conducta desbarrancaba mes tras mes y, en el estudio, tampoco las cosas funcionaban. Sus notas dejaban mucho que desear y desataban la furia de Nevill que tenía depositadas en él demasiadas esperanzas.

Los estrictos padres sentían que fracasaban una y otra vez con sus hijos. Por ello, cuando Jeremy logró terminar el colegio, su padre le financió un viaje a Australia y Nueva Zelanda y unos cursos de buceo. Pensó que le haría bien un poco de independencia lejos de sus expectativas y demandas.

De mal en peor

Pero otra vez las cosas se desarrollaron inversamente a los deseos del matrimonio Bamber. Jeremy siguió con sus andanzas en el exterior. Rodeado de malas amistades se dedicó a robar. Asaltaron una joyería de la que Jeremy se llevó dos carísimos relojes. Uno de ellos se lo obsequió, al volver a Gran Bretaña, a su novia de ese entonces. También fue a su retorno que empezó a alardear sobre sus aventuras frente a sus viejos amigos: alegaba con orgullo haberse involucrado en el tráfico heroína. Uno de sus primos relataría luego que Jeremy había tenido que dejar Nueva Zelanda con mucho apuro... lo buscaban por robos a mano armada.

Lo cierto es que, al volver, como no quería trabajar con su padre, se empleó como mozo en restaurantes y bares. Esa experiencia fue breve, la vida dura no le iba. Llegó entonces a un acuerdo con Nevill para trabajar en el campo familiar. Pese a ello Jeremy se mostraba resentido y protestaba por el bajo salario que le pagaba su padre. Sin embargo, este ayudaba mucho a su hijo: le había dado un auto y le permitía vivir gratis en un cottage de su familia, en el número 9 de la calle Head, en Goldhanger, a casi 5 km de dónde se había criado. Además, Jeremy poseía el 8 por ciento del camping para caravanas que tenían los Bamber en Maldon, Essex. Nada mal para tener solo 24 años y tan pocas ganas de estudiar o trabajar.

Pocas semanas antes de los crímenes, Jeremy dio un paso en falso: robó el negocio del camping, Osea Road Caravan Park. Les hizo creer a todos que había sido un robo ocasional de alguien de afuera de la empresa y la cosa pasó.Fue su novia, Julie Mugford, quien luego confesaría haber sido parte del hurto del que se llevaron 970 libras (Today/Shutterstock)
Pocas semanas antes de los crímenes, Jeremy dio un paso en falso: robó el negocio del camping, Osea Road Caravan Park. Les hizo creer a todos que había sido un robo ocasional de alguien de afuera de la empresa y la cosa pasó.Fue su novia, Julie Mugford, quien luego confesaría haber sido parte del hurto del que se llevaron 970 libras (Today/Shutterstock)

Pocas semanas antes de los crímenes, Jeremy dio otro paso en falso: robó el negocio del camping, Osea Road Caravan Park. Les hizo creer a todos que había sido un robo ocasional de alguien de afuera de la empresa y la cosa pasó.

Fue su novia, Julie Mugford, quien luego confesaría haber sido parte del hurto del que se llevaron 970 libras. Ella se convertiría en una testigo vital en su contra en el juicio por el múltiple asesinato. Tenía mucho más para contar, por ejemplo, que Jeremy odiaba profundamente a su estricta madre June.

Terminar con todo, para quedarse con todo

Los detectives que investigaban el caso y la pista Sheila, a las pocas semanas, empezaron a hacerse preguntas incómodas para sostener esa teoría. ¿Cómo alguien como Sheila, con problemas de alimentación y sobremedicada, había podido enfrentarse a su fuerte padre que medía 1,93 m? Sus familiares, además, contaron que la relación de Jeremy con sus padres era muy mala y que el joven solía provocarlos. Peleaban con frecuencia. Una vez llegó a colocar una valija con ratas vivas en el auto de la secretaria de su padre, Bárbara Wilson. Nevill espantado con lo ocurrido le había reconocido a Bárbara que temía que Jeremy intentara matarlos.

Un primo de Jeremy encontró tres días después de los homicidios, en una taza de la cocina de los Bamber, un silenciador manchado con sangre. El perturbador hallazgo revolucionó la investigación. Con el silenciador el arma sería tan larga que hubiese sido imposible para Sheila suicidarse. Además, sonaba extremadamente ridículo sostener que alguien se podía suicidar pegándose dos tiros en el cuello… Las pericias dijeron que la sangre del silenciador pertenecía a Sheila. Entonces, ¿cómo había llegado la sangre de Sheila a él? ¿Y el silenciador a la taza? Una vez suicidada en el primer piso, no podía haberlo puesto ella misma allí en la taza de la cocina de la planta baja.

Jeremy y su novia Julie durante el entierro. Ella después se convertiría en un testigo letal para el heredero. Los parientes de los Bamber estaban muy sorprendidos por las actitudes del joven durante el funeral. Hizo chistes, se rió y culminó cayendo de rodillas frente a las cámaras de televisión y los micrófonos de los medios (Chris Barham/ANL/Shutterstock)
Jeremy y su novia Julie durante el entierro. Ella después se convertiría en un testigo letal para el heredero. Los parientes de los Bamber estaban muy sorprendidos por las actitudes del joven durante el funeral. Hizo chistes, se rió y culminó cayendo de rodillas frente a las cámaras de televisión y los micrófonos de los medios (Chris Barham/ANL/Shutterstock)

Otro detalle que remarcó la policía, en ese entonces, fue que Sheila tenía los pies limpios: no había en las plantas de sus pies la sangre que deberían haber tenido si ella hubiera cometido los asesinatos corriendo a través de la casa. Años después, sin embargo, Jeremy que siempre siguió sosteniendo su inocencia, sacó a relucir una foto de los pies de Sheila del archivo policial en las que se ve un poco de sangre... y acusó a la policía de haber investigado mal.

Tampoco se encontraron en las manos de Sheila residuos de pólvora. Increíble para alguien que supuestamente había disparado 25 veces.

Por otro lado, el teléfono del dormitorio que había sido sacado de allí, fue encontrado enchufado en la cocina sin una salpicadura, impecable. Era muy difícil que Sheila, en medio de un episodio esquizofrénico, hubiera podido coordinar la matanza y el asunto del teléfono.

El funeral en la iglesia St. Nicholas. En los días que siguieron al entierro, Jeremy invitó a sus amigos a comidas que regó con champagne y drogas. Se sabría luego que también planeaba un lujoso viaje a Holanda y a St Tropez con su grupo. Además, había empezado a vender en anticuarios de Londres los muebles de estilo de sus padres. Parecía muy apurado por disfrutar lo que debía heredar (Chris Barham/ANL/Shutterstock)
El funeral en la iglesia St. Nicholas. En los días que siguieron al entierro, Jeremy invitó a sus amigos a comidas que regó con champagne y drogas. Se sabría luego que también planeaba un lujoso viaje a Holanda y a St Tropez con su grupo. Además, había empezado a vender en anticuarios de Londres los muebles de estilo de sus padres. Parecía muy apurado por disfrutar lo que debía heredar (Chris Barham/ANL/Shutterstock)

Su medicación para la enfermedad mental la dejaba un poco descoordinada: los especialistas dijeron que no podía haber tenido el control suficiente para ejecutar todo a la perfección, sin fallar ni un balazo. Además, Sheila no sabía de armas.

A todas estas incongruencias se sumaron las murmuraciones del resto de la familia durante el entierro. Esos chismes, que también habían llegado a oídos de los detectives, decían que los parientes estaban muy sorprendidos con que Jeremy hiciera chistes “sucios” durante el funeral y que, de pronto, lo habían visto esbozar una enorme y siniestra sonrisa. Su gran actuación en la ceremonia, cayendo sobre sus rodillas frente a las cámaras de televisión y los micrófonos de los medios, también había llamado la atención. Su conducta se vio como ficticia y exagerada.

La tapa del diario The Sun, cuando todavía las versiones indicaban que la modelo Sheila había asesinado a sus padres e hijos
La tapa del diario The Sun, cuando todavía las versiones indicaban que la modelo Sheila había asesinado a sus padres e hijos

En los días que siguieron al entierro, Jeremy invitó a sus amigos a comidas que regó con champagne y drogas. Se sabría luego que también planeaba un lujoso viaje a Holanda y a St Tropez con su grupo. Además, había empezado a vender en anticuarios de Londres los muebles de estilo de sus padres. Parecía muy apurado por disfrutar lo que debía heredar.

Al funeral Jeremy Bamber había asistido muy elegante y del brazo de su novia Julie Mugford, pero faltaba muy poco para que ella empezara a hablar. Sus dichos acabarían con la nueva vida dispendiosa de Jeremy.

La testigo indiscreta

Julie Mugford venía de una clase social trabajadora y estaba estudiando para ser maestra. Su noviazgo con Jeremy, bello, rico y educado, la encandiló. Ese trágico mes de agosto de 1985 la relación con su novio no iba del todo bien. Se había enterado por un amigo que su novio no pensaba en absoluto comprometerse con ella. Julie enfureció.

Sus peleas con Jeremy solían ser muy violentas. Ella lo pescó en diferentes infidelidades y un día, en una rabieta, rompió un gran espejo de la casa en mil pedazos. Quizá fue ese resentimiento el que, finalmente, convirtió a Julie en la principal testigo en su contra. Ella contó que la noche del crimen él la había llamado y le había dicho “es hoy o nunca “ y que Jeremy había estado planeando el asesinato de sus padres durante 18 meses. Agregó, en una de sus tantas declaraciones, que él había calculado que podía ir en bicicleta desde su cottage hasta la casa de sus padres en unos 15 minutos. Las investigaciones demostraron que, uno de los caminos ensayados, efectivamente tomaba unos 16 o 17 minutos hacerlo pedaleando. Julie también manifestó que Jeremy había contratado por 2000 libras a Matthew McDonald para que matara a su familia.

La entrevista exclusiva que Julie le dio a News of the World por una importante suma de dinero
La entrevista exclusiva que Julie le dio a News of the World por una importante suma de dinero

Fue ella también quien reconoció los cuerpos de los mellizos en la morgue y, los reportes de la época, no la retrataron muy conmovida. Julie parecía ser una joven poco empática. Sobre todo teniendo en cuenta que aun sabiendo todo lo que relató, entre el 7 de agosto -cuando fue la matanza- y la detención de Jeremy el 8 de septiembre, siguió siendo su novia.

Jeremy, por su parte, negó siempre ser el culpable. Acusó a su ex de echarle la culpa por rencor, porque él no había querido comprometerse con ella.

Julie, en todo caso, vio un estupendo negocio en el caso y terminó vendiendo su historia al periódico News of the world. Acordó con ellos la nada despreciable suma de 25 mil libras para posar, provocativamente, para la exclusiva. Con ese dinero se compró un departamento. Cuánta verdad dijo y cuánto mintió solo ella lo sabe, pero quedó claro que sacó buen provecho económico de la tragedia.

El interés de los medios

El caso nunca desapareció de los medios en Gran Bretaña hasta la fecha. Tenía todos los ingredientes necesarios para permanecer y cotizar alto en el interés popular: dinero, adopción, belleza, drama familiar, enfermedades, abuso, sangre, traición...

Cressida Bonas, la ex novia del príncipe Harry, interpretará Sheila en la serie de seis capítulos sobre el crimen que se lanzará en el 2020 (AP)
Cressida Bonas, la ex novia del príncipe Harry, interpretará Sheila en la serie de seis capítulos sobre el crimen que se lanzará en el 2020 (AP)

En 2020 será el foco del drama televisivo de ITV, White House Farm Murders, relatado en seis capítulos y que se filmó durante 2019. El papel de la modelo Sheila “Bambi” Bamber, fue representado nada menos que por la ex novia del príncipe Harry de Inglaterra, la famosa actriz Cressida Bonas. El guión está basado en el libro y la investigación de la escritora inglesa Carol Ann Lee y en el libro escrito, en 1994, por Colin Caffell (el viudo de Sheila) y que se llamó En busca del final del arcoiris, la historia de un padre.

¿Cuál era el móvil de Jeremy? Dicen los que siguieron de cerca la tragedia que lo que buscaba era quedarse con una herencia de medio millón de libras esterlinas y todas las propiedades. No quería compartirla con nadie.

Un plan orquestado

El 28 de octubre de 1986, poco más de un año después de los hechos, Jeremy Bamber fue encontrado culpable y sentenciado a prisión de por vida. Lleva 34 años tras las rejas.

La fiscalía convenció al jurado de que Jeremy mató para asegurarse una gigantesca herencia y que fue quien puso el rifle en las manos de Sheila, su hermana mayor, para que pareciera una masacre seguida de suicidio.

La historia oficial se reconstruyó así.

Todo empezó la noche del martes 6 de agosto. Jeremy desconectó el teléfono para incomunicarlos y usó un traje de agua para evitar mancharse con sangre. Primero habría procedido a matar (con silenciador) a los mellizos que estaban de visita en la casa de sus abuelos y, luego, fue en busca de su padre que era el que podría hacerle frente. Lo hirió con varios disparos y le tiró también a su madre, pero se quedó sin balas. Momento en que Nevill, que había sobrevivido a los tiros, aprovechó para bajar herido a la planta baja para intentar pedir ayuda por teléfono. Jeremy lo alcanzó en la cocina y le pegó con la culata del arma (un rifle Anschutz 525 semiautomático, calibre 22) hasta derribarlo. Luego sí recargó el arma y le disparó 4 balas más en la cara. Y volvió a subir. Mientras, Sheila había entrado al cuarto de sus padres para intentar ayudar a June que estaba malherida. Jeremy no se apiadó y la remató con una certera bala entre los ojos. Después tuvo que pensar cómo hacía para matar a su hermana y que pareciera un suicidio. El primer balazo atravesó su cuello, pero no la mató. Ese error sería fatal. Tuvo que volver a disparar. Ahora sí el segundo tiro al cuello funcionó. Jeremy estaba muy familiarizado con las armas de su padre, las usaban para cazar conejos en el campo. Además, se descubrió luego que, en la semanas previas a los crímenes, al rifle le habían sacado la mira telescópica. Sheila, dijo la fiscalía, no tenía esos conocimientos ni nunca se había mostrado interesada en las armas de fuego.

Para cometer los crímenes en su casa, Jeremy Bamber habría usado un traje de buzo para evitar tener manchas de sangre (ANL/Shutterstock)
Para cometer los crímenes en su casa, Jeremy Bamber habría usado un traje de buzo para evitar tener manchas de sangre (ANL/Shutterstock)

Finalmente, Jeremy disparó de nuevo a los cuerpos para que pareciera el ataque de un loco. En total fueron 25 balazos y todos dieron en los blancos. Se sacó el traje de neoprene, se vistió con ropa limpia y enchufó el teléfono en la cocina. Y se fue a su cottage.

Lo cierto es que con los años la investigación policial se reveló bastante caótica. Se supo, por ejemplo, que el hallazgo vital del silenciador se debió a la insistencia de la hermana de June, Pamela Boutflour. La familia logró hacer revisar otra vez la casa y fue allí que se lo encontró, envuelto prolijamente en un pequeño trozo de tela, dentro de la taza. Quedó claro que la investigación no había sido cuidadosa ni totalmente profesional. Además, los detectives arruinaron muchas pruebas, como las alfombras y las sábanas, por el poco cuidado que pusieron.

Jeremy intentó muchas veces salir de prisión y, por supuesto, de conseguir derecho a alguna porción de su herencia. En una de sus tantas apelaciones, en 2007, pasó exitosamente un detector de mentiras. Hoy, con 58 años, sigue sosteniendo que él no fue el asesino.

Jeremy Bamber sostiene su inocencia desde el primer día. Ahora asegura tener el registro de la llamada que su padre hizo avisando que Sheila estaba armada y podía asesinarlos a todos (Anglia Press Agency/Shutterstock)
Jeremy Bamber sostiene su inocencia desde el primer día. Ahora asegura tener el registro de la llamada que su padre hizo avisando que Sheila estaba armada y podía asesinarlos a todos (Anglia Press Agency/Shutterstock)

Para los que creen que no debiera salir jamás, es un frío y peligroso manipulador que jamás mostró arrepentimiento. Pero hay quienes sostienen que Jeremy podría ser inocente y quieren ayudarlo a salir de prisión.

La justicia no le cree una palabra. Colin Caffell (que rehízo su vida y tiene una hija que quiere cambiarse el apellido porque no desea ser relacionada con el caso) tampoco le cree y dice enojado: “Es inhumano que mi hija y mis amigos, con solo googlear, encuentren en la web fotos del cuerpo de mi ex mujer con los balazos en el cuello”. Es exactamente así: no hace falta buscar mucho para ver en Internet fotos de la escena del crimen, de la cocina, del dormitorio empapelado con flores y la cama de hierro de los Bamber e incluso de Sheila, muerta en el piso, vestida con un camisón celeste, el arma y una Biblia abierta a su lado.

Para el día de la Madre de 2016, la portavoz de la campaña para la liberación de Jeremy Bamber, Trudi Benjamin, leyó una carta suya frente a la tumba de sus padres. Decía:

"Queridos mamá y papá:

Desearía con todo mi corazón estar ahí para leer mi carta yo mismo. Pero no pasará mucho tiempo hasta que se haga justicia y pueda visitarlos. Papá, sé cuánto odiabas la injusticia y que nunca hubieras dejado que yo sufra durante 30 años por un crimen que no cometí. Debe romperte el corazón mirar hacia abajo y verme castigado sin razón y ver como el sistema judicial inglés me ha fallado (...) Muchas veces me sentí sobrepasado por la tristeza porque mi lucha por justicia significa que Sheila sea puesta en el centro de la escena, aunque supongo es lo correcto. Aunque su enfermedad mental significa que ella no es culpable de sus actos, por lo menos en términos legales”.

Jeremy hasta hoy intenta con sus abogados una revisión de su caso. Dice que tiene nuevas pruebas, que encontró registros que comprobarían que fue cierto el llamado de Nevill aquella noche. También cuestiona la sangre hallada en el silenciador, dice que no era de Sheila, que podría ser de un pariente. Sostiene que sus reclamos de inocencia han sido permanentemente ignorados y que seguirá dando batalla. Por el momento continúa preso en la cárcel de Wakefield, en Yorkshire, ganó varios premios por sus traducciones de libros al Braille y es reconocido por haber enseñado a leer y a escribir a otros presos.

La increíble historia que no fue

Los padres biológicos de Jeremy supieron de sus crímenes. Se enteraron por la prensa. Su historia cuenta que al año de haberlo dado en adopción, ellos se casaron en Leicester y tuvieron dos hijos más: Justin, en 1965, y Sophie, en 1967. Hoy los dos hermanos de Jeremy están casados y con hijos. Justin es fundador y director de la compañía Riverside Tanker Chartering LTD. Sophie es una talentosa y conocida artista y escultora.

Los Bamber, soñaban con tener una gran familia, pero la que formaron no sería para nada la que habían imaginado: ni Sheila brillaría como modelo, ni Jeremy llegaría a ser un exitoso empresario, ni ellos serían ancianos que pasarían sus días rodeados de nietos cariñosos. Los problemas mentales y de conducta de sus hijos ahogaron los pronósticos dichosos: el “mundo feliz” ya no iba a ser posible. Sería finalmente la codicia el pecado capital que pondría un cierre rojo al caso con 25 rabiosos balazos.

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