Carolina Balbiani, autora de
Carolina Balbiani, autora de "(Des) amores breves"

Las historias de amor son, casi por definición, las historias de la pasión. Los cuentos de hadas terminan con el beso y la promesa de felicidad “para siempre”, pero pocas —poquísimas— veces podemos saber qué hay más allá. La pasión nos mueve y muchas —muchísimas— veces podemos sentir que el error crece mientras nos dejamos llevar.

La periodista y escritora Carolina Balbiani (autora de El día que me mataron) acaba de publicar un nuevo libro de cuentos desde el que aborda la pasión como maldición: puede traer la promesa de romper la monotonía, pero termina por presentarse como un espejismo que deja un desierto alrededor. (Des) amores breves se consigue en exclusiva en la plataforma Leamos.

“Será que soy negativa”, dice Balbiani ahora en diálogo con Grandes Libros. “Son historias que nacen de historias que escuché y todas terminaban mal. Los finales felices son un poco bobos, me parece. Es un prejuicio mío, es totalmente arbitrario. Pero cuando me protestan por los finales, yo digo que si el día es lindo y está todo bien, no hay historia. Hay una idealización del amor fogoso, pero después decanta la vida. Y la vida es mucho más que la pasión. Intenté poner esas cosas que uno piensa y no dice. Como cuando hay gente que piensa que mejor no hubiera tenido un embarazo, o un romance, o una historia, pero no lo dice porque es políticamente incorrecto. Me gusta que el personaje pueda expresarse.”

¿Por qué traicionamos a lo que amamos?

—Podría tirar una teoría: el aburrimiento. La vida cotidiana transforma los vínculos, que, justamente por la cotidianidad, se transforman en algo aburrido. De repente viene algo a despertarte emociones y adrenalinas nuevas y, en ese peligroso, puede ocurrir que se caiga en historias como estas.

¿Siempre la pasión es sinónimo de sexo?

—En estos casos, sí, pero podría haber una pasión sin sexo. En el mundo moderno da la impresión de que todo es posible. Ahora se habla de las parejas sin sexo. El sexo es una parte de estas historias, pero hay que tiene que ver con la psicología de cada uno. Quizá por mi educación católica, a mí no me saldría escribir de sexo al estilo de 50 sombras de Grey. Me sale más la sugerencia, el romance. No tanto la cama.

¿Hay una relación entre este libro y el anterior, El día que me mataron? Del asesinato al amor, es un vínculo que no pierde el sentido pasional.

—Totalmente de acuerdo. Yo pienso todo el tiempo en lo que me llama la atención. Y lo que me llama la atención son los amores intensos, los asesinatos —porque me gustaría poder predecirlos y salvar a las víctimas—. Lo anodino me aburre. En general, sólo me divierte lo extremo, lo distinto, los retazos de la vida contados en gris me aburren un poco.

¿Hay pasión después de Tinder?

—Conozco gente que se ha conocido a través de Tinder, se han casado y han tenido un hijo. Sí, creo que hay pasión con Tinder, Happn y esas aplicaciones. Pero hoy las pasiones son distintas a lo que eran cuando yo era joven. Cambió mucho. La cita a ciegas hoy es Tinder, con lo bueno y lo malo que tiene. Ya no hay más “la fiesta de solos y solas”. Ya el nombre era tremendo, porque había que asumir que ibas a una fiesta de solos y solas.

¿Cómo se relacionan tus historias y cuentos con las columnas de sociedad en el diario?

—Siempre digo que la realidad supera ampliamente a la ficción. Te podría contar mil historias mucho más novelescas que las telenovelas de hora pico. Y creo que, en la vida de las monarquías, pasan cosas increíbles. Por ejemplo, conté la historia de Sarah Ferguson, a quien le pasaron unas cosas increíbles. El ser humano puede ser maravilloso, tremendo, puede ser criminal, se enamora: esas son las historias que a mí me gustan contar.

¿Qué te falta contar en una historia de amores sin destino?

—Viene una segunda parte. Vienen otros diez cuentos. Creo que hay mucho para contar. Tengo historias que tocan a mucha gente que conozco, pero están contadas con ficción. Vos me contás algo jugoso, yo me lo guardo en algún rincón de mi cabeza y eso se puede transformar en una historia. ¡Así que cuidado!

¿No hay un quiebre al contrato de intimidad?

—Si me lo contaste, supongo que ya es de dominio mío. Además están muy ficcionalizados. Una de las personas que me inspiró varias historias está totalmente de acuerdo con que yo las use como ficción. Es tan imaginativa como yo, pero es una lástima que no escriba.

Hay mucho de arquetipo en las historias: modelos de pasión y de entrega con el cuñado, el suegro, con la profesora, etc.

—Vos te sentás en un café y empezás a hablar con una, dos o tres personas —yo soy muy de hablar y de meterme—, y te puedo asegurar que son historias que se repiten hasta el hartazgo. Representan un arquetipo de clase media medianamente acomodada. Estas cosas pasan y, generalmente, se hablan en voz baja en la puerta del colegio. Nadie va a contar el romance que está ocurriendo pero todo el mundo bajo cuerda dice “viste que Menganita sale con Sultanito”. Es un poco lo que vinieron a representar estos cuentos.

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