João Tordo (Yorch Gómez)
João Tordo (Yorch Gómez)

El efecto de la primera página de la novela Las tres vidas (Crack-up, 2018), de João Tordo, es el de inmersión. No solo por el ritmo de las palabras que se suceden sino también por la exploración de los estados de ánimo que atraviesan los recuerdos y el temor a quedar en un pasado permanente. Incluso en el comienzo está presente esa saudade, tan típica del portugués y del gallego, que tan difícil resulta de apropiar con palabras.

Escrita en 2012, y traducida por primera vez al castellano en 2018, Las tres vidas es una novela de aprendizaje, amor y de distancias no solo en el texto sino también en el proceso de escritura.

Tordo escuchó la historia que lo inspiró -diez años antes de sentarse a escribir la novela-, que se centra en Philippe Petit, el hombre que caminó entre las Torres Gemelas en 1974. Una distancia de recuerdo que le permitió ganar en experiencia -lleva más de una decena de libros publicados- y entender a sus personajes antes de escribir.

La trama se inicia con "un hombre que rememora la experiencia que lo inició en el amor y en el crimen, transformándolo para siempre. El misterioso Millhouse Pascal lo contrata para formar parte de una agencia que brinda servicios secretos a personajes implicados en la política mundial. Mientras el joven empieza a develar la oscura naturaleza de esos servicios, conoce a la encantadora Camila, nieta de su jefe y apasionada equilibrista". Y es en ese equilibrio donde Tordo arma su historia para narrar los sucesos más violentos de la Historia del siglo XX.

Marcando períodos en las vidas de los personajes, a partir de decisiones y sucesos, es como João Tordo escribe Las tres vidas, que por primera vez fue traducida al español por una editorial argentina.

João Tordo (Yorch Gómez)
João Tordo (Yorch Gómez)

¿Cómo fue que te guardaste 10 años una historia como la de Petit para escribir ahora una novela?

-Yo leí esa historia cuando vivía en Nueva York -en 2002, 2004- y me pareció muy interesante esto del hombre en el cable. En realidad, empecé a escribir esta novela en 2016, pero no sabía bien cómo contarla desde la mirada del personaje de Camila. Y al empezar a escribir, entendí que el personaje que había creado era la forma para contarla. Es cable, es una metáfora para la vida; no sabés si vas a llegar del otro lado.

¿Y cómo fue escribir pensando en una adolescente mujer siendo uno adulto?

-Escribí el libro cuando tenía 30 años, ahora tengo 43. Era un poco un niño todavía cuando la escribí [se ríe]. Fue muy fácil, tengo una hermana gemela y entonces conozco bien ese mundo adolescente porque crecí con una; para mí era muy fácil integrarme en los conceptos, en las inquietudes de una niña adolescente. No solo crecí con mi hermana Juana, sino también con mi madre, mis tías, mis abuelas. Rodeado de mujeres… mi infancia fue muy femenina; las entiendo bien, pero no tan bien. [Se ríe]

Hablando de tu infancia admitiste varias veces que eras introspectivo y que en lugar de jugar en la calle, preferías quedarte a leer en casa ¿qué te gustaba leer?

-A mí me gustaba leer cómics cuando tenía seis, siete años. Y después empecé a leer novelas policíacas, como Sherlock Holmes. Y un día cuando tenía 12, 13 años, mi padrastro me llevó a la Feria del Libro en Lisboa por primera vez y me compró los cómics que me gustaban y también autores rusos como Dostoyevski, Chejov… y se abrió un nuevo mundo con los clásicos rusos. Y entonces entendí que me gustaba tanto estar en ese mundo, que es más próximo de mi corazón, que la realidad.

Antes revelaste tu edad, así que ya no es indiscreción, pero hablando de fechas se suele mencionar a una generación de escritores portugueses que "nacieron libres" (tras la revolución de los claveles; el levantamiento militar del 25 de abril de 1974 que provocó la caída de la dictadura salazarista) y que no estarían tan comprometidos con contar historias de contexto…

-Mi generación de escritores estuvo en Guadalajara. Muchos de nosotros nacimos en tiempos de libertad y tal vez no estamos tan comprometidos con lo social y político, pero estamos comprometidos con el problema que se llama literatura. Gracias a Saramago se nos abrieron las puertas a los autores de mi generación. Hubo un nuevo aire, la literatura portuguesa empezó a ser conocida en otros países, traducida, etcétera. Nosotros fuimos detrás de eso, para nosotros es una muy buena era. No tuvimos que encerrarnos en nuestras fronteras como tuvieron que hacer los escritores de los 50,60 y 70 porque Portugal vivía bajo una dictadura muy severa y los escritores tenían que escribir sobre eso y, si lo hacían, podían ir presos o tener que exiliarse. La libertad era una motivación, que ya no es la nuestra sino la motivación de hacer libros que lleguen a todo el mundo.

José Saramago
José Saramago

Sin perder las especificidades de la literatura portuguesa, la novela empieza con la melancolía.

-[Se ríe] Tiene que ver con las características de nuestro país. Somos un país que está al lado de España, un vecino grande, y después tenés el mar. Es España o el mar, y nosotros los portugueses preferimos el mar. ¡Es broma! La melancolía viene de ahí. Nosotros somos un pueblo que en el 1500 éramos los dueños del mundo y 500 años después, pasamos a ser un país muy pequeño. La melancolía viene del mar, el océano Atlántico es muy melancólico, muy frío, me gusta.

Si bien la novela es del siglo XXI, el siglo XX está muy presente, te sirve para marcar una idiosincrasia, un deseo muy fuerte no es una vuelta al pasado.

-Esto está conectado con uno de los protagonistas, Antonio Augusto Millhouse Pascal, el Jefe y trabaja con personajes que vienen de las peores guerras y violencias del siglo XX; este siglo acaba por ser un escenario de la novela. Mi idea no era escribir una novela histórica, pero por condiciones de la propia historia- de la narrativa- acabé escribiendo sobre todo sobre las guerras mundiales que marcaron generaciones. Es una novela de amor, debajo de un contexto de violencia y opresión.

¿A qué autores estás leyendo?

-Una de las autoras que más me está gustando más ahora es Samanta Schweblin y uno de sus libros que estoy leyendo es Distancia de rescate. Yo la conozco, estuvimos juntos hace unos años en una residencia en Shanghai, China. También estoy leyendo a Daniel Saldaña París, que es un autor de México muy joven y tiene un libro que se llama El nervio principal. Leí mucho los norteamericanos, lo que se publica en Francia y España, pero ahora me interesa mucho leer a Sudamérica: como Pedro Páramo, o Bolaño cuya obra Los detectives salvajes es la que más me gusta. O Borges que siempre fue una gran influencia. Me gustan muchos de mis coterráneos como Alfonso Cruz que está muy traducido en Colombia y ahora en México, Goncalo Tavares que es muy joven e hijo de puta [Se ríe]. ¡Todas las novelas que escribe! Y es un tipo muy simpático, súper amable.

Volviendo a Las tres vidas, la distancia a la hora de narrar, el siglo XX en tu caso, puede ser muy útil para tratar ciertos temas: como la crisis económica de Portugal.

-La distancia es esencial para narrar con lucidez. Pasó en Portugal que entre 2008- 2013 fue una crisis fuertísima, como pasó en Argentina en 2001, y ese fue un tiempo en el que los escritores portugueses empezaron a escribir su propio país. Yo escribí un libro sobre las crisis, sobre la ausencia de valores de las nuevas generaciones; esa fue la única vez que sentí la necesidad de escribir sobre lo que estaba pasando en mi país. La crisis fue tan fuerte que tuve esa necesidad.

¿Escribir es una forma de hacer catarsis?

-Sí, de escribir lo que no comprendes. La gran motivación de un escritor es que si no comprendes algo, es decir quiero comprender. Cuanto más buscas, más investigas, menos comprendes y se transforma es una especie de obsesión. Y la obsesión es muy importante para escribir libros. Tienes que ser un tipo obsesivo.

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