Llega el 8 de marzo y en cada columna sobre libros reaparecen los dilemas: ¿existe la literatura de mujeres? ¿Existe una forma femenina de escribir? ¿Estamos autobiocoteándonos con estas notas, condenándonos al estereotipo? ¿Encerrando a las escritoras mujeres en vitrinas, en clubes solo para miembras, en ghettos? Queremos contestar que no; que las mujeres, como los varones, escriben en todos los géneros, en todos los registros; que la literatura no tiene una puerta con una pollera y otra con un hombrecito. Pero también queremos decir que los cuerpos importan porque con eso también se escribe, y que no da lo mismo si las escritoras existen o no existen, si tienen lugar o no en instituciones y editoriales: que nunca es casualidad. En el medio de esas preguntas y sin pretensiones de totalidad, aprovechamos la ocasión para recomendar diez libros maravillosos de diez autoras que vale la pena conocer.

Delphine De Vigan
Delphine De Vigan

Basada en hechos reales, de Delphine De Vigan

La francesa que sorprendió al mundillo literario con Nada se opone a la noche vuelve al ataque con otra autoficción. Si en Días sin hambre (su primera novela, publicada con seudónimo a pedido de su padre) De Vigan se había ocupado del cuerpo y en Nada se opone a la noche,del vínculo con su madre, en Basada en hechos reales vuelve a trabajar con otra relación clave en la experiencia femenina: la amistad con otras mujeres. Este tópico, tomado en toda su complejidad y en un ritmo de thriller psicológico apasionante, se complementa con una punzante investigación metaliteraria sobre la legitimidad y hasta la "integridad moral" de la autoficción como género literario. Una invitación, también, a la pregunta por el rol histórico de la autoficción en la escritura de las mujeres (ya verán que el género se repite en esta lista), la construcción de sus audiencias y de sus figuras de autoras.

Mamá, de Joyce Carol Oates

La vastísima obra de Joyce Carol Oates ha sido en general poco apreciada en la Argentina; tal vez por el lugar híbrido que ocupa entre el "best seller" y la "literatura culta", le ha costado encontrar su público. Sin embargo, en los últimos años se han traducido algunas de sus obras más interesantes y más lectores y lectoras de todas las edades se han acercado con curiosidad a ella; en parte, también puede ser, por su actividad en las redes sociales, que a sus 78 años utiliza con asiduidad y fluidez. Entre los más de cien libros que tiene publicados muchos podrían estar en esta lista. Elegimos Mamá, editada en Argentina en 2010, por el modo en que esta novela describe, en un registro honesto y contenido que trabaja con la emoción sin explotarla, el choque generacional entre una madre y una hija y el modo en que, después de la repentina muerte de la primera, se produce una especie de reconciliación. Oates fue y es muy enfática respecto de sus compromisos con el feminismo y con la crítica a la hipocresía de las clases privilegiadas norteamericanas, tema que también se dibuja en este libro.

La mano izquierda de la oscuridad, de Ursula K. Leguin

El prejuicio dice que las mujeres no leen ni escriben género: nada más lejos de la realidad. La ciencia ficción, incluso, podría ser invento de una mujer: para muchos teóricos es Frankenstein, escrita por Mary Shelley, la primera novela del género. En el policial, a pocos autores les ha ido también como a Agatha Christie. En nuestro país contamos con Angélica Gorodischer y con las jóvenes Mariana Enríquez y Samanta Schweblin trabajando con mucho éxito en el género terror. Pero para esta lista nos quedamos con Ursula K. Leguin, matriarca de la ciencia ficción que ha convencido sin proponérselo a prejuiciosos de toda clase. Entre su extensa obra se encuentra La mano izquierda de la oscuridad, una de las primeras novelas de ciencia ficción consideradas feministas. En ella, Leguin imagina un planeta cuyos habitantes son "ambisexuales", es decir que no poseen identidades sexuales fijas. A través de los ojos desconcertados del protagonista Genly Ai, la novela nos muestra de forma muy sutil hasta qué punto las identidades sexuales estructuran el modo en que entendemos el mundo. Publicada en 1969 y convertida instantáneamente en un hit, es un texto que ha envejecido como el mejor de los vinos y que exhibe de modo cabal el modo en que la ciencia ficción puede tomar las preguntas más punzantes sobre la condición humana.

Es más de lo que puedo decir de cierta gente, de Lorrie Moore

Este título tiene una virtud curiosa: es más divertido que el original en inglés, Birds of America y fue el primer libro de cuentos de Moore que se editó en Argentina, en 1999. Sin llegar a fenómeno de masas, Moore se ganó un público fiel en el país y generó entusiasmo e incomodidad por igual en la crítica especializada. Se ha hablado mucho de la crudeza de los personajes femeninos de Moore, y en Es más de lo que puedo decir de cierta gente esa sensación de incomodidad ante la tristeza, antídoto selectivo que mata la sensiblería pero no la sensibilidad, está llevada al paroxismo. "Cuando tenía 18 o 19 años, mi escritora favorita era Margaret Atwood. Sentía que por primera vez leía ficciones sobre mujeres que no eran diosas o ganadoras. Eran víctimas, pero sin ser débiles. Eran víctimas con estilo", dijo Moore en una entrevista. La reina de las perdedoras, además, es una excelente punta de iceberg para meterse en la tradición del cuento norteamericano contemporáneo, en la que últimamente se está apreciando con justicia la importancia de las mujeres (Carson McCullers, Grace Paley, Lydia Davis, Amy Hempel, Lucia Berlin y siguen las firmas).

Sara Gallardo
Sara Gallardo

Pantalones azules, de Sara Gallardo

El canon de escritoras argentinas parece armarse y desarmarse a medida que se revalorizan figuras olvidadas o poco reconocidas en su época. El último redescubrimiento parece ser Sara Gallardo: en 2016 no solamente se reeditó su novela más conocida, Los galgos, los galgos, sino que también se compilaron las columnas que escribía en Confirmado y se reeditó, en un precioso volumen de Editorial Fiordo, esta novela que había caído mayormente en el olvido. Pedro Mairal escribe en el libro que Pantalones azules parece escrita ayer, y tiene razón, no solo por la frescura de la voz y la libertad en el manejo del lenguaje: la construcción de los personajes femeninos la pone a la vanguardia más que de la literatura de la época, incluso de la literatura actual. La chica judía con la que el protagonista antisemita se obsesiona es independiente, interesante, graciosa e inteligente, pero no es invulnerable: en su libertad se deja afectar, no puede evitar sufrir, y el encuentro con ella transforma a Alejandro sin moralejas. Incluso la novia católica bien de Alejandro, en un movimiento que muestra una comprensión clarísima de los caracteres humanos, está lejos de ser pintada como una boba. Una novela apasionante para descubrir la voz de Gallardo y quedarse con ganas de más.

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Papaíto piernas largas, de Jean Webster

A pesar de los enormes cambios en los modelos de mujer, muchos clásicos de la literatura juvenil mantienen su vigencia: la Jo de Mujercitas seguirá inspirando a generaciones de chicas que leen, y Jerusha Abbot siempre tendrá un lugar en sus corazones. En esta novela epistolar, que en Argentina circuló gracias a la inolvidable colección Robin Hood, una huérfana de 17 años se entera por la directora del orfanato donde creció que uno de los directores está dispuesto a pagar su educación universitaria. Lo único que pide a cambio es que Jerusha le escriba, sin conocerlo, contándole de su vida. Jean Webster venía de una familia de sufragistas y activistas contra la esclavitud, y estas influencias se notan en la caracterización de Jerusha, inteligente, curiosa, deportista y comprometida políticamente (en la novela, publicada en 1912, Jerusha incluso se identifica como socialista). Algo de esa vitalidad que la autora supo transmitir a su personaje puede ser lo que hace que esta novela, que ya tiene más de cien años, parezca de acero inoxidable.

Maya Angelou (Getty)
Maya Angelou (Getty)

Yo sé por qué canta el pájaro enjaulado, de Maya Angelou

A mediados del año pasado llegó a Buenos Aires de la mano de la editorial Libros del Asteroide la traducción de la primera y más vendida novela autobiográfica de Maya Angelou, que a estas alturas es un clásico absoluto de la literatura norteamericana. En este libro, escrito con mucha poesía pero dándoles el espacio merecido a los acontecimientos, Angelou habla de su infancia y de todo lo que tuvo que atravesar como mujer negra en su camino a la adultez. El texto termina (spoiler) cuando Angelou se convierte en madre a los 16 años, historia que narra con la misma mezcla de crudeza y calidez con la que habla del abuso sexual, el racismo y la violencia social. A pesar de estos temas espinosos el libro es muy leído en las escuelas norteamericanas y generaciones de adolescentes lo han disfrutado como una historia de iniciación llena de dulzura y honestidad. La reciente traducción, no rioplatense pero suficientemente limpia y comprensible para nosotros, es una excelente oportunidad para sumergirse en un mundo que en 2017 parece más actual que nunca.

45 días y 30 marineros, de Norah Lange

Norah Lange siempre fue un nombre clave del canon de autoras argentinas pero su obra no ha sido todo lo leída que merece; se la conoce más como "novia de" (Girondo) o "amiga de" (Borges, entre otros) que por sus propias obras. Pero el tiempo, como pasó con Sara Gallardo, ha sido generoso con sus obras, cuya frescura, irreverencia, agudeza y sensibilidad se hacen evidentes para el lector actual y dan la impresión, tal vez, de que fue una adelantada incomprendida. Sucede especialmente con 45 días y 30 marineros, novela reeditada hace relativamente poco por Interzona (con una tapa genial que hace honor elegante a lo lujurioso del título). Basada en un viaje en barco que Norah hizo con su familia entera a Noruega para visitar familia, la novela está cargada de un erotismo contenido definitivamente inusual para la época. Pero más que de sexo, la novela pone el acento en el descubrimiento de Ingrid, el alter ego de Lange, de lo que significa la mirada masculina, aprovechando esta situación única de "cautiverio" con un grupo de hombres alejados de la costa y sedientos de belleza. Hacerse mujer, parece decir Lange, es saberse observada y aprender a defenderse, tarea que en 45 días y 30 marineros parece sumamente entretenida. Una puerta inusual para descubrir una escritora que entendía muy bien qué se sentía al ser la única mujer en un grupo de varones.

Svetlana Alexievich (Getty)
Svetlana Alexievich (Getty)

La guerra no tiene rostro de mujer, de Svetlana Alexiévich

Cada tanto el Nobel de Literatura permite que lleguen al mundo autores que de otro modo no habrían sido traducidos y reeditados fuera de mercados selectos; muchos de nosotros jamás hubiéramos oído hablar de Svetlana Alexiévich si no hubiera ganando el premio en 2015, pero por suerte sucedió y no solo escuchamos su nombre sino que accedimos a traducciones de algunas de sus obras más importantes. Alexiévich ha dicho en varias entrevistas que cree que la realidad tiene una magia que la ficción no puede fingir; estemos o no de acuerdo, la sensación que nos dan los relatos de La guerra no tiene rostro de mujer es que hay historias que no se pueden inventar. Las historias que le contaron a Alexiévich las mujeres del Ejército Rojo no tienen moraleja, no están escritas para que amemos la vida o nos sintamos agradecidos: tienen la estructura extraordinaria de la vida cotidiana, en las que la violencia y el desamparo se mezclan con la costumbre y el discurrir sin pausa de los días, la calidez se funde con el horror y algunas cosas aparecen borroneadas por el olvido. Si a esta sobredosis de realidad le sumamos la maestría narrativa de Alexiévich para contar sin sensacionalismos ni limar las asperezas, La guerra no tiene rostro de mujer es un libro fascinante, donde trasluce una voz de autora pero también muchas otras igual de penetrantes.

El hada que no invitaron, de Estela Figueroa

Y para terminar, una imperdible novedad que llegó a las librerías hace algunas semanas, de una escritora que hace ya más de tres décadas es un secreto a voces de la literatura argentina pero cuyos libros eran bastante difíciles de conseguir hasta hoy. El hada que no invitaron recoge la obra editada de la poeta Estela Figueroa más un libro hasta ahora inédito, Profesión: sus labores. En estos poemas que hablan de las casas, las plantas, los amigos, los amores, el cuerpo que se usa, que se gasta y que envejece el lector no puede más que enamorarse de la lírica íntima de Figueroa, por momentos feroz y por momentos jugando a la inocencia, pero nunca haciéndose la tonta o evadiendo el golpe. La femineidad que se aprendió de las madres y de las abuelas y que se siente ir con la menopausia, las mujeres que paren a los niños y les cierran los ojos a los muertos, el amor, la soledad y la viudez como condiciones igualmente "femeninas" son solo alguno de los temas que toca la voz de Figueroa con la suavidad con la que se acaricia un piano que puede, con un toque mínimo, producir un estruendo. Si tenés alguna amiga muy lectora que siempre parece haber leído todo lo que le regalás, tal vez logres sorprenderla con éste título.

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