Chino Darín, en una de las instantáneas de las entrevistas que el actor dio a más de trescientos periodistas de Latinoamérica.
Chino Darín, en una de las instantáneas de las entrevistas que el actor dio a más de trescientos periodistas de Latinoamérica.

Asegura que ser actor fue su última opción, porque cuando era chico no le gustaba la exposición pública de su padre y "era molesto compartirlo con todo el mundo". Por eso alguna vez pensó en ser ingeniero industrial, médico y hasta arquitecto.

"Estaba perdido", dice quien sorprendió con su personaje del guerrillero tupamaro –al que la dictadura militar uruguaya sometió a fuertes presiones físicas y psicológicas– en La noche de 12 años, la coproducción argentina, española, uruguaya y francesa dirigida por Álvaro Brechner, que compitió como Mejor Película por los Premios Platino, nominada junto a Campeones, Pájaros de verano y Roma.

La noche de 12 años, película basada en la historia de José Mujica durante la dictadura uruguaya y que compitió en seis categorías.
La noche de 12 años, película basada en la historia de José Mujica durante la dictadura uruguaya y que compitió en seis categorías.

Chino Darín (30) sabe cómo evadir a la prensa cuando lo persiguen, pero no es algo que le quite el sueño: asegura que aprendió a sobrellevarlo y a "hacer el ejercicio mental para quitarle peso". Justamente acerca de sacarle el peso al estrellato es en lo que profundiza en esta charla con GENTE en los premios en Cancún.

En la red carpet de los Platino, los premios al cine en español, que se celebraron el pasado 12 de mayo en Cancún, México.
En la red carpet de los Platino, los premios al cine en español, que se celebraron el pasado 12 de mayo en Cancún, México.

"Es hermoso celebrar, porque es el mejor contexto para encontrarnos y hablar de nuestros proyectos (…) Lo que siempre recalco es que subirse a la cosa del estrellato y los semidioses intocables me parece un folklore… Y está bien que suceda, pero lo más lindo es que detrás de lindos proyectos hay lindas personas. Son todos seres de carne y hueso, y palpables. Uno se puede vincular con todos como iguales", responde cuando se le pregunta si es fan de alguna de las series que compiten.

Para su personaje del guerrillero tupamaro –a los que la dictadura militar uruguaya sometió a fuertes presiones físicas y psicológicas– en La noche de 12 años, la co producción argentina, española, uruguaya y francesa dirigida por Álvaro Brechner, el Chino adelgazó mucho: pasó de 71kilos a pesar 59.
Para su personaje del guerrillero tupamaro –a los que la dictadura militar uruguaya sometió a fuertes presiones físicas y psicológicas– en La noche de 12 años, la co producción argentina, española, uruguaya y francesa dirigida por Álvaro Brechner, el Chino adelgazó mucho: pasó de 71kilos a pesar 59.

"Por lo único que siento admiración es por los grandes con los que me he criado toda la vida, como el cine de Martin Scorsese. Tuve la oportunidad de verlo una vez en un festival, pero con todo lo que fantaseás alguna vez, descubrís que grandes mentes y grandes personas de la industria se reducen a la humanidad cuando los ves", y sigue después de reírse de su remate: "No soy muy fan de nada. No sé si es un problema o una bendición".

–¿Hay algo que padezcas de este tipo de exposición y de estos eventos tan exigentes?

–Los vuelos. Viajar, más que nada. Y darme cuenta de que no hay vuelo directo a Madrid, a donde voy ahora. Voy a ser un zombie y lo tengo clarísimo.

–¿Cómo manejás vivir mitad y mitad, entre Buenos Aires y Madrid?

–Te diría que paso más tiempo acá que allá. Estoy bastante tiempo en España, un poco por laburo y otro por cuestiones personales. Mi novia (la actriz española Úrsula Corberó) vive allá y trato de estar allí lo máximo posible, sin descuidar nada. Es complicado, pero hasta ahora vengo logrando balancearlo.

–¿Hacen pactos para repartirse el tiempo y organizarse?

–Es difícil. Hemos tenido no sé si pactos, pero sí de decir "tratemos de no pasar más de tres semanas sin vernos", como para que los tiempos no se agiganten… Cuando nos separamos dos semanas no pasa nada, pero llegamos a estar alejados dos meses y ahí ya no es joda.

–Hasta que te acostumbrás…

–Es raro. Me parece que hay que vivir el momento que te toca. Es importante estar con el cuerpo y la cabeza en el mismo lugar. Si no, es muy difícil.

–¿Cuál es el proyecto que más te entusiasmó hasta ahora?

–El que más me copaba era hacer la película La odisea de los giles, que estrenamos en Argentina el 15 de agosto. Vinimos los últimos tres años laburando en ella. Y en un momento pasó a ser, de lo que más me copaba, lo que más me torturaba, porque fue mucho laburo. Ahora le encontramos la vuelta, porque estamos con todo el entusiasmo y las ganas de mostrala. Fue un proyecto idílico, por todo lo que significó.

La odisea de los giles, dirigida por Sebastián Borensztein, en la que actúa con su padre y estrena el 15 de agosto: “Fue idílico”.
La odisea de los giles, dirigida por Sebastián Borensztein, en la que actúa con su padre y estrena el 15 de agosto: “Fue idílico”.

–¿Sos de tener ideas y apuntarlas para que más adelante se conviertan en proyectos?

–Soy muy peleón para la escritura, pero sí tengo ideas de cosas que me copan o iniciativas detonantes que te prenden la chispa y tenés ganas de encauzar eso con gente que pueda llevarlo adelante, con empezar a vislumbrarlo a futuro. Eso sí, pero no soy muy de escribir y de llevarlo al papel.

–Por lo que sé, sos buen lector.

–Mucho. Y con mi profesión también tenés que leer mucho, te guste o no.

–¿Cuál fue el último libro con el que te enganchaste?

–Estoy leyendo muy pocas novelas. Me pasó algo muy loco con un libro que se llama Todos deberíamos ser feministas, de una chica nigeriana (Chimamanda Ngozi Adichie) que hizo una charla TED y después lo llevó a libro. Es muy interesante. Y al toque de eso agarré de la biblioteca otro que tenía ganas de leer hace tiempo, Mujeres, del gran escritor Charles Bukowski, que es la antítesis del otro.

–¿No te gusta mucho leer ficción?

–Creo que ése es el último de ficción que pude leer. Ahora estoy con uno que me prestó Toto Ferro, Cineclub (de David Gilmour). Es una mezcla: es ficción pero habla de películas antológicas y la formación de un pibe que deja de ir al colegio, y el padre le ofrece ver películas con él todas las semanas. El padre se cuestiona si está bien o le está cagando la vida al pibe. Y es muy interesante por ese proceso y las películas que recorre, algo que me apasiona.

Por redacción Gente. Fotos: Irene Meritxell y Premios Platino.

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