“Comparto bastante con mis hijos (Federico, 12, y Guadalupe, 24) y mi mujer (Cecilia Monti, 48, vestuarista) –comenta su lado menos conocido el realizador–. Ayer, por ejemplo, fuimos a ver Avengers: Endgame. Vivimos juntos, nos desafiamos en juegos de computadora, me acompañan cuando viajo por trabajo”.
“Comparto bastante con mis hijos (Federico, 12, y Guadalupe, 24) y mi mujer (Cecilia Monti, 48, vestuarista) –comenta su lado menos conocido el realizador–. Ayer, por ejemplo, fuimos a ver Avengers: Endgame. Vivimos juntos, nos desafiamos en juegos de computadora, me acompañan cuando viajo por trabajo”.

–En esta película –anuncia Juan José Campanella (59)– no hay ningún guiño al Oscar que gané allá por 2010.

–… Salvo por el detalle de que unoel que usted obtuvo a Película Extranjera por El secreto de sus ojos– muestra al caballero desnudo con sus brazos cruzados, sosteniendo una espada sobre un rollo de celuloide, y el otro –el conseguido de manera ficticia por Mara Ordaz (Graciela Borges) como Actriz por Santa gaucha– surge firme, cual soldado desfilando. Salvo por ese detalle, decíamos, hasta en las redes sociales le vienen planteando la sugestiva comparación.

–Lo sé (sonríe) y lo acepto, pero no. La estatuilla estaba en la primera de muchas reescrituras que conformaron el guión desde el '97.

–¡¿1997?!

–Exacto. Luego de mi segunda película (Ni el tiro del final), empecé a readaptar Los muchachos de antes no usaban arsénico, para convertirla en El cuento de las comadrejas y rodarla en los Estados Unidos. Pensábamos un elenco con Lauren Bacall y Anthony Queen, entre otros. ¡Hay ideas de Anthony en el guión! Incluso en algún momento casi lo transformamos en una obra de teatro… ¿Te convencí?

–Me convenció.

Aunque hace exactamente una década Campanella estaba rodando El secreto…, el largometraje que le aseguraría una parcela eterna en el Olimpo del cine, pareciera que el tiempo no lo ha cambiado demasiado. Sigue saludando con la mano extendida (al cierre de la nota agregará, como novedad, un beso en la mejilla)…

Mantiene la costumbre de no sentarse en butacas durante sus estrenos ("Prefiero evitar incomodar al espectador. Yo voy observando, y si la cosa viene positiva, me siento en la escalera de la sala"). Deja que el fotógrafo se tome sus tiempos para apretar el obturador ("Me encanta la gente entusiasmada") y, claro, acepta el zigzagueo de un reportaje que de ninguna manera pretende reducirse a un único tema ("Mejor divertirnos cambiando opiniones", bromea en serio el bonaerense nacido un 19 de julio del '59).

Con guión de Campanella y Darren Kloomok, pero inspirada en Los muchachos de antes no usaban arsénico (1976; dirigida “por mi profesor de cine, José Martínez Suárez”, el hermano de Mirtha Legrand), El cuento… se rodó en junio y julio del ‘18 a lo largo de seis semanas.
Con guión de Campanella y Darren Kloomok, pero inspirada en Los muchachos de antes no usaban arsénico (1976; dirigida “por mi profesor de cine, José Martínez Suárez”, el hermano de Mirtha Legrand), El cuento… se rodó en junio y julio del ‘18 a lo largo de seis semanas.

–Ante el proyecto de una película, ¿existe dentro suyo el desafío de no repetirse? ¿O prefiere acudir a aquellas fórmulas que funcionan?

–Lo primero. Le debe suceder al músico que compone, al escritor que va por otro libro. Considero que Luna de Avellaneda, El secreto de sus ojos, Metegol, El cuento… son muy distintas, a partir de los diferentes mundos que muestran. Por otro lado, debo reconocer que los temas pueden seguir siendo similares, en especial porque son los que a mí me interesan como persona. Yo busco las distinciones en los personajes, en los géneros, en las historias…

–¿Qué es lo mejor de un rodaje de Campanella?

–El buen clima de equipo.

–Salvo que alguien pretenda tomar mate…

–(Carcajada) Hay una mesa cerca del monitor, pero alejada del sitio de actuación, donde quien lo desee puede tomar lo que quiera. Tampoco se trata de un TOC ni de cábalas. Carezco de ellas. El mate conlleva una cuestión de comunidad que… Esto surgió cuando filmábamos en el Palacio de Tribunales el interrogatorio de El secreto…: una escena fuerte, intensa, de once páginas, que se hacía de una vez. En un momento escuché "Che, ¿a quién le toca?", oí el sorber por la bombilla, "Se lavó la yerbaaaa…". Y ahí tomé la medida.

–¿Qué debilidades y fortalezas se reconoce fuera y dentro de tal ámbito?

–La emocionalidad, que muchas veces me perjudica fuera del set, es mi fortaleza adentro. "El hombre se hace fuerte con pequeñas debilidades", se escucha en El cuento de las comadrejas…

–¿Argentina es, en cierta manera, un cuento de comadrejas?

–Todos somos villanos de unos y héroes de otros. En cada lugar del mundo existe el villano, no sólo acá.

–¿Lo inquieta la actualidad del país?

–¿Tenés dos horas? (respira profundo). Si todos los países son complicados, la Argentina siempre lo es más. Hay tantos ecosistemas perversos formados y conductas naturalizadas para poder lidiar con lo que funciona mal, que la normalización va a exceder a uno, dos y tres gobiernos. Porque nuestros problemas mayores son culturales. Claro que entiendo el desencanto de mis compatriotas; incluso el de los que volveremos a votar por Cambiemos, y aun el de los funcionarios. ¿Sabés qué?

–¿Qué?

–Excepto con Daniel Scioli, yo había hablado con todos los candidatos, y pensaban que lloverían las inversiones y la cosa sería más sencilla. Igual, el problema mayor no es la economía: son las mafias empresariales, sindicales y compañía, la falta de justicia y la impunidad. Temas de los que la sociedad se hartó. Creo que vamos saliendo de todo eso, aunque con pasitos de bebé, lo que nos genera malhumor… Para mí, hoy la gran lucha va por ahí.

Junto a Graciela Borges, uno de los protagonistas de su nuevo filme. “El decimoprimero, si incluyo los dos cortometrajes iniciales. No son muchos, pero sí los necesarios hasta ahora”, agrega quien también se ha volcado a la televisión nacional y extranjera.
Junto a Graciela Borges, uno de los protagonistas de su nuevo filme. “El decimoprimero, si incluyo los dos cortometrajes iniciales. No son muchos, pero sí los necesarios hasta ahora”, agrega quien también se ha volcado a la televisión nacional y extranjera.

–¿Cuáles han sido los grandes errores del gobierno?

–Es un gobierno normal, no uno de gente iluminada ni de desastres. Tiene muchos aciertos y muchos errores, y le toca manejar problemas económicos estructurales que ningún partido hasta ahora ha logrado solucionar. Va aprendiendo sobre la marcha. Obvio que la economía no funciona bien, pero otras cosas andan mejor. Quizá su incapacidad estuvo en no transmitírselo a la sociedad o no habernos dado una épica.

–¿A qué se refiere?

–La misma sociedad argentina (y se describe en El mismo amor, la misma lluvia, mi película de 1999) pone exagerado entusiasmo ante cada flamante gestión. Nos pasó con Raúl Alfonsín, Carlos Menem, la Alianza, Néstor Kirchner: "¡¡¡Esta vez sí!!!", repetimos. Y siempre terminamos convirtiéndonos en prisioneros de nuestras propias expectativas, sin disponernos a transitar el largo y necesario camino que requiere solucionar algo que lleva tiempo resolver.

–¿Nos equivocamos o usted bajó los decibeles a la hora de comunicar sus opiniones políticas, tras aquellos tiempos en que hasta empezó a tomar calmantes para dormir?

–Mirá, los últimos cuatro años del gobierno anterior no fueron nada fáciles para los que no decíamos cosas lindas. Ahora hablo por Twitter y trato de no ser ofensivo, ni debato cuando se busca pelea. Jamás me meto ni critico a un colega o votante, ni a nadie que no sea funcionario. Frente a la agresión, bloqueo. Yo no devuelvo con la misma moneda.

–¿No?

–Sólo cada tanto retuiteo para que vean lo que se recibe. Últimamente, con la inminencia de las elecciones presidenciales, la cuestión se agravó. Siento una especie de embate final, de ir el todo por el todo, en el camino a dirimir democráticamente en octubre las dos maneras distintas de ver el país. Veo que algunos vienen intentando que esa pelea no sea ni democrática ni en octubre.

–¿Qué es la palabra "grieta" según su parecer?

–Era lo que separaba a dos personas que pensaban y votaban distinto. La novedad –y recuerdo estar presente cuando Jorge Lanata la mencionó por primera vez dentro del nuevo contexto, en la entrega de los Martín Fierro 2016– es que ahora al que piensa distinto se lo considera mala persona, un enemigo a odiar. Semejante sentimiento no se había visto desde que recuperamos la última democracia.

–Dijo que va a votar a Mauricio Macri…

–Sí, lista completa.

–¿Y si se postula y gana Cristina Fernández?

–No me iría del país. Yo estuve cuando ella gobernaba, así que no tengo esos planes. Anda ansioso por el estreno de El cuento… Y lo admite a través de ciertas acciones y apreciaciones: "No debería comer este coquito, pero bueno, fue un día movido", se disculpa a sí mismo mientras lo saborea y le da un sorbo a su café cortado.

Campanella dixit: “La palabra ‘grieta’ era lo que separaba a dos personas que pensaban y votaban distinto. La novedad es que ahora al que piensa distinto se lo considera mala persona, un enemigo a odiar. Semejante sentimiento no se había visto desde que recuperamos la última democracia”.
Campanella dixit: “La palabra ‘grieta’ era lo que separaba a dos personas que pensaban y votaban distinto. La novedad es que ahora al que piensa distinto se lo considera mala persona, un enemigo a odiar. Semejante sentimiento no se había visto desde que recuperamos la última democracia”.

"Sigo yendo al gimnasio cuatro veces por semana. Lo que debería retomar son mis momentos de violín improvisado y mis clases de pool con Daniel Calipari", reconoce quien por estas horas dirige la obra ¿Qué hacemos con Walter?, que encabezan Carlos Belloso, Karina K y Campi en el Multiteatro; y desde hace catorce años ("Antes de El secreto de sus ojos") viene preparando con Eduardo Sacheri… Continúa en primer persona:

"Un guión cinematográfico que, aunque nos cuesta demasiado, viene avanzando. Tiene como disparador el momento en que una persona comienza a sentir, a partir de la edad, su propia mortalidad, y deriva en la relación entre clases: una brecha grande y nueva de la Argentina… Espero que no tardemos en terminarlo otros veintidós años, como con El cuento de las comadrejas", se ilusiona.

–¿Cada filme es un nuevo hijo que llega?

–Sí. La diferencia es que apenas un hijo nacía, yo ya sabía que daba la vida por él, y con una película resulta paulatino: me gusta al principio, voy encariñándome de a poco, empiezo a amarla, y me entrego a ella hasta sentirla un hijo al final del proceso.

–¿Les sigue sus pasos o las libera para siempre?

–Hace dos años vi El hijo de la novia. Hacía una década que no la ponía, y sí, me emocionó. Si bien de entrada cuesta desengancharte, hay que empezar la próxima. Es como terminar un Lego. Exacto, la diversión se apagó y hay que conseguir otro.

Por Leonardo Ibáñez.
Fotos: Christian Beliera, Instagram y Archivo Editorial Atlántida.

Agradecemos a Tommy Pashkus y a Candela Burruchaga (ambos de TP Agencia), y la calidez y deferencia de los empleados del Four Seasons.

SEGUÍ LEYENDO: