Shyamalan en la Comic Con de San Pablo. Su pasión por el cine comenzó a los ocho años. A la fecha, este caballero de tez cetrina nacido el 6 de agosto de 1970 en Mahe, India, es considerado uno de los grandes realizadores contemporáneos.
Shyamalan en la Comic Con de San Pablo. Su pasión por el cine comenzó a los ocho años. A la fecha, este caballero de tez cetrina nacido el 6 de agosto de 1970 en Mahe, India, es considerado uno de los grandes realizadores contemporáneos.

Menciona M. Night Shyamalan (48, estilo clásico), en tono confidente: "He compartido set con Pablo Helman, un argentino muy talentoso, que supervisó los efectos especiales de The Last Airbender (El último maestro del aire, 2010). Así que –agrega– desearía que me sugirieras algunos filmes de tu país para que vea. Suelo llevarme hermosas sorpresas… En serio, ¿qué tres películas de la Argentina recomendarías? ¿Te animas a apuntármelas?".

–Claro que sí… El hijo de la novia, de Juan José Campanella.

–Perfecto.

–El secreto de sus ojos, del mismo realizador.

–Maravilloso. ¿Y la tercera?

–Déjeme pensarlo un ratito. Antes de despedirnos se la defino.

–Te tomo la palabra… Es maravilloso el cine. Cómo una imagen se pone en la mente de un director para que le busque razón.

Buscarle la razón, dice. Quizá la inversa de lo que propone su receta, esa que transita el continente de lo inesperado y convirtió a Night Manoj Nelliyattu Shyamalan (M. Night Shyamalan desde que ingresó a la Tisch School of the Arts de la Universidad de Nueva York) en uno de los cineastas más originales de las últimas décadas.

Título que desde que debutó profesionalmente hace poco menos de tres décadas (con el largometraje Praying with anger, basado en parte en su primera visita a la India desde que la familia emigrara hacia los Estados Unidos) se esfuerza en revalidar. Como lo pretende ahora con lo que, en términos matemáticos, resultaría una suerte de ecuación del tipo: El protegido (su filme de 2000) + Fragmentado (su filme del '16) = Glass (su filme que acaba de estrenarse).

–Ponerse "en la mente de un director para que le busque la razón" –continuamos la interrumpida entrevista–… ¿De dónde le surgen las ideas que sorprenden, como el remate sintetizado en aquella inolvidable frase de El sexto sentido: "I see dead people" ("Veo gente muerta"). ¿Son chispas que le aparecen de repente o frutos de una metodología?

–Surgen de imágenes. Por ejemplo, una mujer sentada en un auto en la mitad de un campo podría ser una imagen. La incógnita a revelar consistiría en desentrañar ¿por qué está ahí?, ¿qué espera?, ¿a alguien? Lo divertido es ponerte a averiguarlo en tu cabeza, y hurgar: ¿Qué pasaría si estaba pensando en suicidarse pero ese día atacaban unos aliens? Los interrogantes te van llevando.

Según la naturaleza del género que acostumbro a abordar, que apunta al misterio, la sorpresa juega un rol fundamental. Me encanta el formato de que haya preguntas, preguntas y respuesta; preguntas, preguntas y respuesta.

–¿Qué papel juega la sorpresa en su búsqueda artística?

–Según la naturaleza del género que acostumbro a abordar, que apunta al misterio, la sorpresa juega un rol fundamental. Me encanta el formato de que haya preguntas, preguntas y respuesta; preguntas, preguntas y respuesta. Así es como funciona.

M. Night junto  James McAvoy y Bruce Willis, durante el rodaje de Glass, su flamante largometraje de 132 minutos, en el que además participa Samuel  Jackson.
M. Night junto  James McAvoy y Bruce Willis, durante el rodaje de Glass, su flamante largometraje de 132 minutos, en el que además participa Samuel  Jackson.

–¿Qué hay del proceso? ¿Cuántas personalidades le surgen durante el proceso de una película como Glass, que usted escribió, dirigió y produjo? 

–Es gracioso que lo menciones, puesto que debo ponerme varios sombreros. Al calzarme el de director, pienso: "¿A qué se refería el escritor?" o "¿por qué lo narró así?". Hablo en tercera persona porque, aunque yo confeccioné el guión, lo realicé varios meses antes de rodar. Entonces, como director debo analizar y cuestionar aquello que escribí. Sin embargo, allí aparece el productor y se pone a lidiar: "Careces de suficiente dinero para hacer eso…" (carcajada). Igual, la batuta siempre la lleva el director.

–¿Por qué es director?

–Soy un hombre muy sentimental. Pude haber sido doctor, como el resto de mi familia, y aportar desde allí mi cuota humanitaria, para curar pacientes. Calculo que el costado sentimental hubiese estado presente en cualquier carrera que eligiera. El tema fue que crecí cuando George Lucas y Steven Spielberg rodaban las películas para niños más grandiosas de la Historia… ¡¿Cómo no me iba a hacer director?! Transitar semejante época fue como ingresar a una religión, como el resultado de una dosis de cocaína.

Mi esposa Bhavna y yo dirigimos una asociación cuya misión es apoyar los esfuerzos de personas y líderes emergentes que trabajan para eliminar las barreras creadas en sus comunidades por la pobreza y la injusticia social

–Glass es, en cierta forma, una puesta de villanos y superhéroes. ¿Qué villanos y superhéroes lo marcaron?

–Convengamos que en la vida real hay demasiados. Por ejemplo, uno de ellos que no voy a mencionar reside en los Estados Unidos, jajajá. Por otro lado, me fascina la naturaleza, la psicología humana. Mi esposa Bhavna y yo dirigimos una asociación (M. Night Shyamalan Foundation: www.mnsfoundation.org) cuya misión es apoyar los esfuerzos de personas y líderes emergentes que trabajan para eliminar las barreras creadas en sus comunidades por la pobreza y la injusticia social.

–¿Líderes?

–Sí, hablo de líderes que construyen escuelas y santuarios y salvan a miles de personas en lugares donde un montón son violadas o asesinadas… Crean una energía que transforma a personas capaces de matar, en otras que te ayudan a construir un edificio. Por la fuerza y el compromiso que muestran, cuando te encuentras con ellos sientes de verdad que son superhéroes, y no de cine.

Pareja de película En 1993, al año siguiente de rodar su opera prima, se casó con Bhavna Vaswani. No sólo son padres de Saleka, Ishani y Shivani: también dirigen la Fundación M. Night Shyamalan. “Los líderes emergentes de las comunidades necesitadas son mis verdaderos héroes”, afirma él.
Pareja de película En 1993, al año siguiente de rodar su opera prima, se casó con Bhavna Vaswani. No sólo son padres de Saleka, Ishani y Shivani: también dirigen la Fundación M. Night Shyamalan. “Los líderes emergentes de las comunidades necesitadas son mis verdaderos héroes”, afirma él.

–A propósito del cine, ¿las series ponen en peligro su concepción?

–Sí. Ahí existe un montón de talento con trabajo fijo que pierde el cine. Pero su existencia no deja de ser positiva. Además de contar historias geniales, dentro de mi país mueven la industria: en el '18 se concretaron 500 series, lo que significa 500 sets de escritores y elencos. En mi caso, recién terminé en Filadelfia (su ciudad; siempre rueda allí), el primer capítulo de una serie que el servicio de streaming de Apple planea lanzar en breve.

–¿Usted consume series?

–Sólo las obvias. Soy un poco aburrido: Sopranos, Game of Thrones, Breaking Bad. Bueno, las mejores (ríe).

–Nueve reinas, de Fabián Bielinsky… Le debía la recomendación de un tercer filme argentino.

–Genial.

–¿Quiere una cuarta sugerencia?

–Claro, por supuesto.

–Relatos salvajes, de Damián Szifrón.

–Gracias. Las buscaré a todas, y la próxima vez que nos encontremos te cuento qué me parecieron.

–Le tomo la palabra.

Por Leonardo Ibáñez.
Fotos: Disney y Leonardo Ibáñez.
Agradecemos a Isabella García, Agustina Benvenuto y Agustín Newell, de Disney Argentina, y las traducciones de Melissa Man (en Brasil) y Lola Ibáñez Ocampo (en Argentina).

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