Los pequeños héroes posan en medio del Monumental. Entremezclados con ellos, los jugadores de la escuelita de River, el jefe de Gobierno, Horacio Rodríguez Larreta, el vice, Diego Santilli, y el presidente del club local, Rodolfo D’Onofrio.
Los pequeños héroes posan en medio del Monumental. Entremezclados con ellos, los jugadores de la escuelita de River, el jefe de Gobierno, Horacio Rodríguez Larreta, el vice, Diego Santilli, y el presidente del club local, Rodolfo D’Onofrio.

Hace 106 días, los chicos tailandeses que en apenas unos minutos saldrán a la cancha para jugar un partido de fútbol a pleno sol, estaban atrapados en la cueva Tham Luang Nang Non (de la Dama Dormida), en las montañas del norte de Tailandia, luchando por sobrevivir.

Aquella historia con ribetes de tragedia, que mantuvo en vilo al mundo durante 17 días, tuvo un final feliz para ellos: los doce jugadores del equipo Mo Pa (Jabalíes Salvajes) y su entrenador fueron rescatados. El gran dolor fue la muerte de un buzo rescatista, Saman Gunan, de 38 años, ahogado en el operativo de salvataje.

Los doce jóvenes y el entrenador del equipo de fútbol Jabalíes Salvajes –que estuvieron 17 días atrapados en una cueva– se dieron el gusto de jugar al fútbol con los chicos de la escuelita de River.
Los doce jóvenes y el entrenador del equipo de fútbol Jabalíes Salvajes –que estuvieron 17 días atrapados en una cueva– se dieron el gusto de jugar al fútbol con los chicos de la escuelita de River.

A los integrantes del grupo, haber estado más de dos semanas confinados en una caverna inundada por las lluvias, a cuatro kilómetros de la entrada, les cambió la vida para siempre. Los hizo madurar de golpe. Por eso, y en honor al militar fallecido en el rescate, todos menos uno (que es católico) se internaron en un convento budista durante nueve días, de donde salieron como novicios. Su historia, y la constancia que chicos de entre 11 y 16 años superaran tamaña adversidad tomando el agua que caía por las grietas, emocionó a todos.

Pronto comenzaron a llegar las invitaciones. Pero no concretaron ningún viaje hasta que el Comité Olímpico Internacional los convocó a los Juegos Olímpicos de la Juventud, que del 6 al 18 de octubre se llevan a cabo en Buenos Aires. Y esta vez la respuesta fue "sí".

Asombrados en el Museo River. No olvidar que en su país, viven en un pueblo de montaña.
Asombrados en el Museo River. No olvidar que en su país, viven en un pueblo de montaña.

El sábado, a 17.178 kilómetros del lugar donde pasaron sus horas más oscuras, estuvieron presentes en la fiesta de apertura en el Obelisco. Y el domingo jugaron un partido de fútbol –lo que más les gusta en la vida– contra chicos de la escuelita de River.

Antes de pisar el césped, Ekkapol Chantawong (25) –el entrenador y monje budista que los llevó a la caverna para festejar el cumpleaños 17 de Peerapal Sompiangjau– se encargó de arengar a su equipo, además de calzarse los cortos para jugar un rato. Además de él, lo hicieron Adul Sam-on (14), Duganpet Promtep (13), Ekarat Wongsukchan (14), Pipat Pothi (15), Pahumas Sangdee (13), Prajak Sutham (15), Chanin Wiboonrungrueng (12), Same Pong Jaiwong (13), Pornchai Kamluang (16), Mongkol Booneiam (13) y Nattawut Takamrong (14).

Todos llevaban puesta la camiseta alternativa de River Plate, color violeta. Al mismo tiempo, los pibes del Millonario les hicieron el pasillo de honor y aplaudieron la salida de estos pequeños héroes que, agradeciendo a cada paso con las manos unidas en un rezo, veían por primera vez un estadio mundialista.¿El detalle? Cada casaca llevaba impreso el nombre del que la vestía: un obsequio que atesorarán por siempre. En el campo, el jefe de Gobierno, Horacio Rodríguez Larreta, su vice, Diego Santilli, y el presidente millonario, Rodolfo D'Onofrio, los recibieron con un abrazo.

Al llegar al vestuario recibieron un equipo completo alternativo de River Plate, con sus nombres en las camisetas. Inolvidable. Allí, las autoridades de la institución les dieron la bienvenida.
Al llegar al vestuario recibieron un equipo completo alternativo de River Plate, con sus nombres en las camisetas. Inolvidable. Allí, las autoridades de la institución les dieron la bienvenida.

El partido terminó empatado en tres goles. Uno de los chicos de la categoría 2004 de la escuela riverplatense, que participó del histórico encuentro (además fana del Millo), es Franco Minervini (14), en el club desde los 5 años. "El jueves, cuando estábamos terminando la práctica, me llamaron y me convocaron para este partido. Si bien era un encuentro informal y amistoso, fue algo emocionante. Nunca imaginé ver a tantos periodistas alrededor de la cancha", contó.

El campo de juego se armó detrás de uno de los arcos, para preservar el césped que usan los profesionales. Fue un cinco contra cinco, con cambios ilimitados. "Juegan bastante bien. Me sorprendió su agilidad. ¡Saltaban el doble qué nosotros! Cuando terminó el partido, ellos nos pedían fotos: fue increíble. Nos llevaron a uno de los palcos y pudimos comer algo con ellos: un tercer tiempo divertido. Yo pude intercambiar apenas algunas palabras, porque su inglés es bastante cerrado. Pero lo que pude entenderles es que estaban fascinados con haber jugado acá", recordó Franco.

El capitán de River, Federico Carrick, en el sorteo.
El capitán de River, Federico Carrick, en el sorteo.

Luego del almuerzo (sándwiches, empanadas y gaseosas), todos dejaron el Paddock e hicieron una recorrida por el estadio, el museo y las vitrinas con los trofeos que el conjunto de Núñez obtuvo a lo largo de su historia. La caminata culminó en el local donde River vende su indumentaria y merchandising. Allí, todos se llevaron su merecido regalo. Respetuosos, cada tanto se daban vuelta para mirar a algunos de sus papás, que los acompañaron en este viaje.

Franco Minervini, uno de los chicos que participaron del histórico encuentro, pudo intercambiar algunas palabras en inglés con ellos: “Estaban fascinados con haber jugado acá”.
Franco Minervini, uno de los chicos que participaron del histórico encuentro, pudo intercambiar algunas palabras en inglés con ellos: “Estaban fascinados con haber jugado acá”.

Todos lucían una remera celeste con la leyenda Thanks to the whole world (Gracias a todo el mundo). Adentro de la cancha demostraron disciplina y en algunos casos, buena técnica. Pero lo que llamó la atención fue su voluntad a la hora de correr o  hacer un relevo. Aquellos 17 días los convirtieron en una familia. El final de la nota a Franco así lo demuestra: "Me sorprendió la madurez y unidad que tienen adentro y afuera de la cancha. Me quedo con esa enseñanza: juntos, todo es posible".

Por Sergio Oviedo.
Fotos: Fabián Mattiazzi y gentileza prensa River Plate, Marcelo Minervini y redes.

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