Astor Piazzolla íntimo: la vida desconocida del genio que renovó el tango

Piazzolla, los años del tiburón, el documental de Daniel Rosenfeld, echa luz sobre dos aspectos poco difundidos del creador de Adiós Nonino: su infancia en Nueva York y la relación con su familia. Fotos, filmaciones caseras y una revelación ignorada por más de ocho décadas: un solo de bandoneón grabado en un estudio privado a los 11 años.
Astor Piazzolla, pura pasión y locura. Acá, con el autor de la nota en 1979.

"¿De dónde viene la música?".

Treinta años atrás, un adolescente se hacía esa pregunta mientras espiaba desde el hall de un teatro –la ñata contra el vidrio y sin poder entrar– a un genio que enhebraba con su bandoneón obras destinadas a trascender la frontera del tango. Aquel frustrado y precoz contacto (en la boletería recibió la noticia de que las localidades estaban agotadas) fortaleció su curiosidad.
Ese adolescente es hoy el cineasta Daniel Rosenfeld (45), quien a punto de estrenar Piazzolla, los años del tiburón –documental dedicado a aquel genio a quien nunca pudo volver a ver– procuró encontrar a través del cine respuestas al interrogante inicial.

–¿De dónde viene la música, Rosenfeld?

Siempre me interesaron los procesos creativos de los compositores del siglo XX. Por eso, la pregunta fue el disparador de la película. En Astor no sé si hay una respuesta única, pero en su infancia encontré la suficiente fuerza como para entender la creatividad, la locura y el genio que desarrollaría en su carrera.

Un abrazo de genio a genio con Diego Maradona.

–¿En qué momento decidió pasarlo del pentagrama a la pantalla?

–El origen tiene que ver con un encuentro con Daniel Piazzolla, el hijo de Astor, cuando éste vivía. "¿Cómo nadie hizo una película con mi papá?, me dijo aquella vez. "Si su vida es como una película: se va unos meses a pescar tiburones, después se encierra otros meses a componer, después sale de gira…". Esa conversación me quedó dando vueltas.

–Su cine tiene que ver con el documental y la música: su primera película fue Dino Saluzzi, ensayo para bandoneón y tres hermanos, y en 2015 produjo La calle de los pianistas.

–Justamente, hace tres años empecé a pensar en Piazzolla, los años del tiburón. Está construida en base a conversaciones de Astor con su hija Diana (ya fallecida) grabadas en cinta abierta, grabaciones inéditas y filmaciones familiares en Súper 8. Un tesoro desconocido, que me permitió mostrar cómo las raíces familiares potenciaron su obra creativa.

Un paseo neoyorquino con su hijo, Daniel, con el fondo de las cinco letras rutilantes.

–En la película aparecen documentos e imágenes desconocidos. ¿Cómo fue el proceso de búsqueda?

–Encontré una gran cantidad de personas anónimas, guardianes de pequeños tesoros, que preservaron las cosas de Astor. Como el admirador que conserva las tapas de revistas de toda su carrera. O el coleccionista de Rosario que conserva ese disco de metal.

–Pasó de cineasta a investigador. ¿Qué descubrió?

–Escucharlo hablar tan íntimamente con respecto a su infancia o su creatividad. La etapa de las películas en Súper 8. Las grabaciones inéditas tocando el bandoneón, tan joven. Piazzolla no la tuvo fácil en ningún momento, y recién fue reconocido al final de su carrera. Otro elemento muy emotivo es su primera grabación, a los 11 años, realizada en forma privada en Nueva York en un disco metálico.

El grupo familiar, con sus padres Vicente (Nonino) y Asunta: con gorra y uniforme de beisbolista.

UNA VIDA DE PELÍCULA. Don Vicente, el papá de Astor, era un marplatense que intentó a "hacer la América" en esa ciudad soñada por los inmigrantes. Trabajó en una peluquería, en cuya parte trasera funcionaba clandestinamente un local de apuestas. Por algunas amistades mafiosas recibió un tiro en el brazo. Para ganarse unos dólares extra, en una bañadera destilaba whisky, que distribuía los fines de semana en una moto. En el sidecar viajaba el niño Astor, tan niño que no despertaba sospechas en una policía entrenada para hacer cumplir la Ley Seca. Era una vida de película.

"Esa infancia, su vida en la calle, el problema grave que tuvo en un pie –por lo cual debió ser operado varias veces antes de cumplir un año, y que motivó la mudanza a Nueva York–, lo hizo más fuerte. Astor tocaba con la rodilla levantada con el bandoneón encima, parado. Nadie lo hacía antes que él. Justamente era la pierna operada. Como diciendo que ante la adversidad redoblaba la apuesta. 'Pegar antes de que le peguen, como le decía el padre cuando le enseñaba a boxear'", reflexiona Rosenfeld.

Su debut cinematográfico, a los 14 años, nada menos que con Carlos Gardel, en El día que me quieras, en 1935.

–¿Sigue involucrado con su película, como los actores que no pueden desprenderse del personaje?

–Sí. Empecé a tener una relación familiar con gente que no conocí. La veo a Diana, la hija de Astor, y quiero abrazarla. También me aparecen frases en sueños. Tal vez sea algo de la fuerza de él, de su pelea y su trabajo creativo, que se ve en su obra y en su vida.

–Es inevitable que aflore su conflicto familiar, con sus hijos.

–El estaba muy cautivado por la música, como todos los grandes genios. Era un trabajador que se levantaba a primera hora y se quedaba hasta el final. Las rupturas familiares también son parte de la vida. El mismo lo dice: "Hay que tener más coraje para romper que para seguir".

Componiendo, relajado y feliz.

–¿Qué encontró en la película terminada que no había advertido antes?

Siempre relacioné la nostalgia del bandoneón con Buenos Aires. Y viendo la película parece que todo eso está en Nueva York. De hecho, después de más de diez años viviendo allí, vuelve ya adolescente, hablando mal el castellano. Esa nostalgia, esa melancolía, en el fondo era de Nueva York.

–¿Es la biografía definitiva de Piazzolla?

–No. Es una película sobre la relación entre padres e hijos.

Por Norberto Chab.
Fotos: Album Daniel Rosenfeld y Maxi Didari.

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