Los Midachi cumplen 35 años: sus mejores anécdotas, recuerdos de sus comienzos y la fórmula del éxito

Antes del gran festejo que tiene preparado para hacer en Santa Fe, Miguel del Sel, Chino Volpato y Dady Brieva hacen un recorrido único por su carrera y aseguran: "No hay nada más lindo que ver a mucha gente riéndose toda junta"
Miguel del Sel, Dady Brieva y Chino Volpato cumplen 35 años con Midachi. (Foto Christian Beliera/GENTE)

Dieciséis de julio de 1983. Desde la cocina de la peña y restaurante La Baguala, en Santa Fe y frente a la terminal de ómnibus, un trío se zambulle sobre el pequeño escenario del lugar ante un puñado de parroquianos. Es el debut para dos muchachos con pelucas rubias y uno que toca la guitarra. Y hay risas…

Pasaron 35 años, y Miguel Del Sel (61), Dady Brieva (61) y el Chino Volpato (56) siguen sobre las tablas con Midachi. Pero ahora, una troupe de 27 personas, un camión y dos colectivos los llevan en la gira nacional de Kindon, el espectáculo que marcó su retorno después de seis años y ya reunió a 250.000 espectadores. Con él festejarán el aniversario en el hotel Los Silos de la ciudad que los alumbró.

Miguel, salsero de ley, recuerda que la fecha inicial del grupo coincide con el cumpleaños de Rubén Blades: "Me gusta recordarlo".
Dady: (Provocando) Y del Chupatecho también es el cumpleaños, de paso…

La primera portada de Midachi en GENTE fue el 31 de enero de 1991, en la edición 1332, cuando lideraban la taquilla en Mar del Plata.

–¿Quién es el Chupatecho?

Miguel: Un amigo de Carlos Paz, que mide como dos metros y le decimos así. Yo sería el Chupasuelo.

Si algo tiene Midachi es memoria. Por eso, con ellos trabajan algunos de quienes estaban en la primera hora. "Nuestro sonidista es el mismo. Vive en Santa Fe y cuando trabajamos acá le pagamos el hotel y el pasaje. Preferimos que esté él y no otro. La Tere lleva 25 años a nuestro lado: se jubiló en Pozzi y es la mejor del país haciendo pelucas", recuerda Dady.

En 1979, el Chino Volpato –aún profesor de Educación Física–, guitarra en mano con sus compañeros de Los Litoraleños, conjunto folclórico que ganó un pre-Cosquínn (Foto Archivo GENTE)

–¿Los amigos del barrio también van a estar?

Da: Ya no los tengo. Los perdí hace muchos años. Villa María Selva no es lo que era: me quedo con los recuerdos.
Mi: Es que ellos se fueron a vivir a Buenos Aires. Yo, que me quedé en Santa Fe, sí los conservo.
Chino: Hay mucha emoción por lo que va a pasar en Santa Fe. Hay gente que nos conoce desde que pateábamos la peatonal buscando pelucas en los maniquíes.
Da: Mi primera peluca, la del personaje de La Pochola, era de la Pelusa Monzón, la primera mujer de Carlos. Ella usaba un corte carré, estilo Rafaela Carrá. Me la trajo un amigo en común, el Tato, que murió.
Mi: Yo iba los viernes a Etam, porque mi mamá compraba en ese negocio y conocía a la gerenta. Me prestaban los vestidos para actuar el fin de semana y los devolvía. Desde el principio hice a Mercedes Sosa, que en una época usaba un poncho azul. Así que agarré un mantel de ese color de mi vieja y lo agujereé. Al otro día volvía a cubrir la mesa. ¡Mirá lo crotos que éramos…!
Da: Cuando hacía Topacio, los zapatos eran de mi tía Helga, y yo necesitaba 42-43. Al venir a Buenos Aires busqué zapatos como loco. Entonces no había tantos travestis…
Chi: ¡En los primeros años hasta nos hicieron posar con un tigre para una nota!
Da: Y para que la foto fuera buena, teníamos que estar cerca de la tigresa, que era grande como un pony y había rasguñado a su cuidador. Estaba el tipo con la cadena, con la mano vendada, y nosotros ahí.
Mi: Nos decían "acérquense, acérquense…". Yo temblaba.
Chi: ¡Los tres! Pero por una nota hacíamos cualquier cosa.
Mi: Todo era así. Arrancamos con un Renault 12 del Oreja, de Raúl Fernández. Y él terminó siendo nuestro primer manager por casualidad; yo lo conozco desde la secundaria. Al año siguiente de debutar todavía dábamos clases de Educación Física con el Chino, y Dady era empleado público en la sección Sepelios de la obra social IAPOS. Ahí tomamos la decisión de dejar la docencia, porque con Midachi ganábamos dos o tres veces más que en el colegio.

Camisas de raso y pantalones blancos, en 1984 en Carlos Paz, con el espectáculo “¿De qué se ríe la hiena?”. 5. Dady y Miguel en la primera foto oficial del trío, en 1983. (Foto Archivo GENTE)

–¿Qué sería de ustedes si no hubieran triunfado con Midachi?

Da: Cuando subí arriba del escenario pensé que era cuestión de tiempo. Nunca me planteé que no iba a ser famoso o conocido.
Mi: Yo hubiese sido un buen y feliz profesor de Educación Física. Era la carrera de mi vida, pero apareció esto, me sorprendí y era divertido.
Chi: Igual que Miguel… Tenía mucha proyección ahí. Me habían contactado para dirigir básquet en forma profesional después de haber salido campeón con la Universidad Católica en unas olimpíadas estudiantiles en San Juan. Pero la guitarra siempre hubiera estado de alguna manera…

Siempre vamos a ser Midachi, resalta Dady
Dady Miguel y el Chino en la primera foto oficial del trío, en 1983. (Foto Archivo GENTE)

–¿Qué es MiDaChi hoy, 35 años después?
Da: Algo que nos identifica, nuestra forma de vida. Yo puedo ser premio Nobel, Miguel presidente y el Chino un gran empresario, pero siempre vamos a ser Midachi. Hemos peleado para deshacernos de eso y perdimos.

–¿Cómo manejan los egos?
Da: Ya no existen más.
Mi: Este último espectáculo es de los que más disfrutamos. Y hubo un acierto de Dady: hacemos uno solo por noche. Antes llegábamos a tres…
Da: Lo estamos disfrutando. A esta altura, ya jugamos de memoria. Y fuera del escenario también.

El 22 de septiembre de 1994, la tapa se preguntaba “¿Por qué se separan?”, algo que sucedió desde entonces hasta mediados del 2000
Yo creo que alguien se va a morir antes de que Miguel se jubile, dice Dady

–¿Entonces se pueden esperar los 50 años del grupo?

(Se miran y ríen)
Da: Un día nos estábamos pintando frente al espejo antes del show, y Miguel dice: "¿Cuándo vamos a disfrutar nosotros?". Fue en un pueblo, un domingo a la tarde. Y no es por el pueblo, pero era un día y una hora de mierda. Entonces Miguel siguió: "Yo no voy a estar hasta los sesenta. Vamos a dar lástima". ¡Y tenemos sesenta, y estamos acá!
Mi: Con 15 años más, físicamente no vamos a estar bien. Yo quiero jubilarme y estar al cuete en casa.
Chi: Miguel, ¿qué vas a hacer? Si tenés un campo y fuiste un solo día…
Da: Todo mentira, Miguel. Vos decís lo que te gustaría que pase. Porque Midachi es un bicho, un Alien que se te mete, una enfermedad. Mirá, vamos a Tucumán, por ejemplo, y nos invitan a una peña. Y Miguel dice "no, no…". Pero vamos. Yendo en el taxi, nos advierte: "No se les ocurra empezar a cantar. Vamos dos minutos nomás". Toma dos vinos… ¡y arranca él a cantar como Horacio Guarany! No se le puede creer nada. Yo creo que alguien se va a morir antes de que Miguel se jubile.

–¿Imaginaban este éxito después de seis años sin estar juntos?

Chi: No nos sorprende que el público la pase bien con nosotros. Pero la preocupación, cuando te quedás mucho tiempo parado, es si la gente te recuerda. O cómo la vas a sorprender. Son temores que duran hasta que recorrés los medios y te paran por la calle para pedirte que empieces. Y cuando se venden las entradas, ya te genera la solidez que tenías antes. Hicimos casi 50 Operas, con un promedio de 1.678 personas por función. Fuimos a Montevideo y en dos semanas metimos 20 mil en una carpa de Canelones. En Mar del Plata fuimos primeros en la temporada. Y así fue todo.

La preocupación, cuando te quedás mucho tiempo parado, es si la gente te recuerda. O cómo la vas a sorprender, Chino
En la casa de Miguel en Santa Fe, con el Chino en guitarra, ensayando el cuadro de Mercedes Sosa. El poncho azul era un mantel de la madre de Del Sel, agujereado. (Foto Archivo GENTE)

Ustedes se mueven como los Rolling Stones. ¿En la Argentina de hoy es un gran negocio tener semejante estructura?

Da: Hoy nada es un gran negocio. Pero nosotros hacemos como el panadero: antes vendía dos miñones, y hoy tiene que vender 20 para sacar lo mismo. Hay que tener volumen y continuidad laboral. De eso vivimos. A veces el costo de la inflación lo asumimos nosotros y no aumentamos el precio de las entradas. Tampoco somos Red Solidaria, pero tratamos de mantener las fuentes de trabajo. Además, lo hicimos siempre: en el '92 empezamos con los camiones de TM, salimos de gira atrás de Soda Stereo… Desde ese año transitamos toda la Argentina.
Mi: Somos de los poquitos grupos que hoy recorren el país. En muchas localidades no vemos afiches de otros espectáculos. O muy poquitos. Y nos ha ido muy bien. Nos agradecen y los estadios estuvieron llenos. Ahí también está el valor del esfuerzo. Por supuesto, si no viniera nadie estaríamos preocupados.

–¿Ven por estos días una especial necesidad de reír?

Da: Siempre la hubo. Cuando las cosas andan mal y cuando andan bien. Pero no hay nada más lindo que ver a mucha gente riéndose toda junta.

Por Hugo Martin

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