En la Base Naval de Mar del Plata, su familia lo recuerda . El marino habría cumplido 48 años este 1º de marzo.
En la Base Naval de Mar del Plata, su familia lo recuerda . El marino habría cumplido 48 años este 1º de marzo.

Fue una tarde cualquiera, en la puerta de la carnicería. "¿Sabés lo que sos vos?", le preguntó Julián (15) a su padre mientras su mamá (43) terminaba con las compras. "Le pude decir que era un ejemplo", cuenta con orgullo el hijo mayor del suboficial primero (ascendido a principal cuando ya estaba navegando) Alberto Cipriano Sánchez, tripulante del ARA San Juan. Y sonríe –como no lo volverá a hacer en la hora que compartió con GENTE– al recordar que por la seriedad del tono, su progenitor "pensó que lo iba a putear".

Pasaron dieciséis meses de la desaparición del submarino y cuatro de que lo encontraran hundido en el fondo del mar. En un bar de Playa Grande, a metros de la Base Naval de Mar del Plata, pasado y presente se mezclan mientras hablan los Sánchez, con un nudo en la garganta y la bandera con los 44 héroes del ARA San Juan sobre la falda.

En la víspera del 1º de marzo, fecha en la que Sánchez –Cipri, Beto, Papá o Amor, según corresponda– habría cumplido 48 años, Marcela Fernández –su mujer hace 25– le rinde un conmovedor homenaje, acompañada por sus hijos.

"Recto, justo y testarudo. Más que decirme, me demostraba que me quería", apunta Julián a la hora de definirlo. Y agrega: "Estoy orgulloso de cómo me educó. Lo extraño todos los días. A veces le uso la Nikon para que no se trabe". Hasta que Juani (9), su hermano menor, interrumpe con dulzura: "Quiero sus besitos y abracitos".

El suboficial primero junto al submarino ARA San Juan durante la navegación de julio de 2017, poco antes del viaje final.
El suboficial primero junto al submarino ARA San Juan durante la navegación de julio de 2017, poco antes del viaje final.

LA LUCHA DE LOS FAMILIARES. Marcela es empleada administrativa y hace 23 años que trabaja como facturista en el Hospital Privado de Comunidad. "Volví hace un mes, pero estoy menos horas. Dejé de ir el día que desapareció el submarino. Tengo muy buenos compañeros. Cuento además con el apoyo de un psiquiatra y psicólogos. Y me acompaña mucho la familia de mi marido –un tío de él, además de mi suegra y mi cuñada– y mis papás, hermanos y sobrinos", cuenta la viuda de Sánchez, que conoció a Alberto en Mar del Plata, ciudad en la que crecieron. Empezaron a salir en 1994 y se casaron en 2001. Se le ilumina la cara al hablar de la vocación de su esposo.

"Tuvo muchos pases y millas navegadas. Se especializaba en armas submarinas. Estuvo en los tres: Salta, San Juan y Santa Cruz. Este era su último viaje. Después entraba a la escuela de submarinos. No sé si llegó a enterarse de que lo ascendieron a suboficial principal. Porque los ascensos se dan en noviembre y él estaba navegando. Estuvo en la fragata Libertad y en el Almirante Irízar, lo que significaba un premio. Fueron dos viajes largos… Lo esperé seis meses", revela Marcela, que lleva un rosario colgado del cuello: "Soy católica, pero todo esto me enoja mucho".

Sánchez muestra el mensaje que recibió de su familia vía COFS –Comando de la Fuerza de Submarinos– durante la navegación que hicieron en el mes de julio. Es la única manera de comunicarse con sus familias que tenían los tripulantes cuando estaban sumergidos.
Sánchez muestra el mensaje que recibió de su familia vía COFS –Comando de la Fuerza de Submarinos– durante la navegación que hicieron en el mes de julio. Es la única manera de comunicarse con sus familias que tenían los tripulantes cuando estaban sumergidos.

Agrega que su marido tenía dos trabajos más: arreglaba tablets y celulares, computadoras, además de compresores de aire. Amaba sacar fotos. Y lavaba el auto dos veces por semana. "Usaba mucho el overol, a pesar de tener un cargo. Quería resolver y no estar simplemente dando órdenes desde un escritorio. Y si estaba de uniforme, lo tenía impecable, con los zapatos bien lustrados. Si algo era justo, lo decía aunque tuviera enfrente una 'tira' más grande. No era como aquellos que callan por miedo", se enorgullece Marcela.

–¿Cómo fue ese 15 de noviembre en que desapareció el submarino?

–Me llamó un compañero de él y me dijo que no habían recibido la comunicación estipulada. En la tele anunciaban que lo estaban remolcando. Me vine a la base. Acá nos atendió un mayor y nos dijo que era mentira que lo habían encontrado. Al otro día empezaron a llegar todos los familiares. Nos quedamos en la base día y noche, durmiendo en sillones y colchones. No podíamos estar en casa. Se terminó el caso SAR y entramos en una etapa de gran incertidumbre. Pasaban los días y no había novedades.

En agosto de 2017 los Sánchez viajaron a la Patagonia, porque Alberto quería que sus hijos conocieran aquellas tierras que él había visitado desde el mar.
En agosto de 2017 los Sánchez viajaron a la Patagonia, porque Alberto quería que sus hijos conocieran aquellas tierras que él había visitado desde el mar.

–Por eso decidieron acampar en la Plaza de Mayo…

–Somos, con dos mamás, las mujeres que tuvieron la idea. Desde acá no se podía hacer nada. En junio fuimos ocho familias y nos quedamos 56 días. Fue durísimo. Tuve que dejar a mis hijos. Dormíamos en la carpa, sobre un cartón. La gente nos llevaba comida. Yo tenía que hacer lo que fuera por mi marido y sus compañeros. Pero no soy ni más ni menos por haber ido. Pusimos presión, porque a nuestro juicio lo buscaban sin la tecnología necesaria. Y al ministro de Defensa (Oscar Aguad) le dijimos que no íbamos a dejar la Plaza hasta que contrataran a una empresa seria. Lo siguieron buscando gracias a la lucha de los familiares. Recién nos fuimos cuando firmaron el contrato con Ocean Infinity. Y fue como volver a empezar… El barco salió con cuatro veedores votados por nosotros.

–¿Qué recordás del día en que te avisaron que lo habían encontrado?

–Fue terrible. Nos mandaron un mail y un whatsapp. En la base me encontré con familiares, mi suegra y mi cuñada… Me descompuse. La ambulancia me llevó al hospital. Volví al día siguiente. Todavía me llama la atención que el día anterior el Presidente hubiera asegurado que lo iban a encontrar… Pienso que sabían dónde estaba.

La familia frente al dibujo que hizo el menor de los Sánchez cuando aún no se sabía dónde estaba la nave.
La familia frente al dibujo que hizo el menor de los Sánchez cuando aún no se sabía dónde estaba la nave.

–¿Qué creés que pasó?

–No sé… Siempre pensé que los habían secuestrado. Que los atacaron, saltaron a las balsas, los agarraron y los llevaron a otro barco. Y ahora, al no ver nada… ¡no sé! Eso me mata. Nosotros sólo tuvimos acceso a las tres fotos que vio todo el mundo. Nada más. Nunca me expliqué cómo no llegaron a largar la señal. Yo sé que en su sector mi marido tenía todo como corresponde. Y, con los ojos cerrados, la tripulación del ARA San Juan era la mejor. Gente de mucha experiencia. Si no había luz, igual sabían dónde estaba todo. No sé qué pasó, pero al menos siento que la jueza Marta Yáñez y el secretario, Miguel Biscardi, siempre tuvieron predisposición y están comprometidos con la causa.

SUEÑOS EN LA PESADILLA. El entonces suboficial primero Alberto Sánchez se embarcó en el ARA San Juan desde Mar del Plata el 31 de octubre de 2017. "Estábamos acostumbrados a las despedidas. Cuando se trataba de navegaciones largas, lo traía yo para que el auto no quedara tanto tiempo en la base. Fue una más… Sin embargo, mi marido me llamó varias veces antes de salir. Me daba muchas indicaciones. Nos comunicábamos por el COFS, que se ocupa de hacerles llegar los papelitos con mensajes. En el último le pusimos: 'Estamos bien. Te queremos'", relata Marcela sobre los últimos contactos con su marido.

"Nos llamó cuando llegó a Ushuaia, alrededor del 8 de noviembre. Hablamos por videollamada. Nunca antes lo habíamos hecho… Y el día en que volvía a zarpar, como los chicos salían del colegio al mediodía, armó un video. Nos hablaba minutos antes de subirse al submarino. Mostraba cómo estaba el tiempo y decía: 'Pórtense bien. En veinte días, si Dios quiere, nos vemos. Cuídense. Los quiero mucho'. Fue la última vez que lo vimos. Lo publicamos en el noticiero de Telefe, porque Julián me dijo: 'Quiero que todo el mundo sepa quién era papá'", rememora y se quiebra.

Marcela Fernández y Alberto Sánchez –marplatenses– se casaron en 2001 en la iglesia Don Bosco de la ciudad atlántica.
Marcela Fernández y Alberto Sánchez –marplatenses– se casaron en 2001 en la iglesia Don Bosco de la ciudad atlántica.

–¿Estás entre los familiares que quieren reflotar el submarino?

–Sí, pero respeto la opinión de todos. Si no pueden hacerlo, que me muestren todo con las cámaras subacuáticas. Y me gustaría viajar… Perdí muchas fotos familiares, porque él se llevó la computadora. Mis hijos quieren las pertenencias de su papá. El mayor, la media medalla del corazón que tiene mi marido.

–¿Cómo estás hoy?

–Todavía no caigo. Quiero ver para creer… Pasó un montón de tiempo, pero no parece tanto. A veces no sé para dónde ir… El psiquiatra me dice que lleva tiempo. No me imagino la vida sin él. Trato de estar bien, por los chicos. Lo extrañan mucho. Juani llora preguntándose: "¿Por qué lo mandaron?". Y lamenta que lo tuvo sólo 7 años. Saco fuerzas de donde puedo. A mi marido lo soñé cuatro veces. La primera cuando estaba en la base. Nos encontrábamos en la sala, llegaba y me decía "no, no" con la cabeza. Después, aparecía en el comedor y me contaba que un barco los había detectado. En otro me pedía que lo siguiera buscando. Y finalmente, yo estaba afuera, en mi casa, paraba un auto, él corría y me abrazaba –como en las películas– y los vecinos aplaudían. Fue lindo… Tantos años juntos… Por eso lo sigo esperando como cada vez que salía a navegar. Sólo sé que no voy a parar hasta llegar a la verdad. Eso lo tengo muy claro.

Por Ana van Gelderen.

Fotos: Matías Campaya y álbum familia Sánchez.

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