Repetto, Eduardo Costantini y Alan Faena. Tres amigos que llegaron y se mantuvieron juntos en todo momento. Sin dudas, el más llamativo fue el empresario hotelero, que rompió la rigurosa etiqueta con una guarda de renos turquesas.
Repetto, Eduardo Costantini y Alan Faena. Tres amigos que llegaron y se mantuvieron juntos en todo momento. Sin dudas, el más llamativo fue el empresario hotelero, que rompió la rigurosa etiqueta con una guarda de renos turquesas.

"Tenés un vestido blanco?", me preguntó el director de GENTE y automáticamente encendió mi curiosidad. Si bien había asistido a varios eventos con un dress code específico, ninguno lo había sido tanto. "¡Blanco! ¡Blanco! ¡Blanco! Todo en blanc. Sin marfil, sin color crema ni colores blancos rotos. Les animamos a ser creativos y originales, sin olvidar el estilo y el buen gusto. Piense en elegancia. ¡Piense très chic!", decía la inequívoca carta informativa que les llegó a los más de mil asistentes de la primera edición argentina de Le Dîner en Blanc, el picnic multitudinario nacido en Europa que se celebra en más de veinticinco países y setenta ciudades. Tan sólo hay que tipear su nombre en Google para descubrir que, alrededor del mundo, el evento es una fiesta sin igual, en la que se entreveran antifaces, vestidos de novia, galeras, plumas, pelucas y hasta alas angelicales… todo en purísimo blanco.

De París a Puerto Madero La celebración, que nació hace treinta años en la capital francesa, desembarcó en nuestro país el sábado 7 de octubre. ¿La consigna? De punta en blanco.
De París a Puerto Madero La celebración, que nació hace treinta años en la capital francesa, desembarcó en nuestro país el sábado 7 de octubre. ¿La consigna? De punta en blanco.

Pero, ¿quién tuvo la idea? El mundo le debe semejante aventura a un francés –François Pasquier– que, en el verano de 1988 y tras ausentarse varios años de su país, decidió organizar una cena reencuentro con sus amigos en el parisino Bois de Boulogne, con una consigna: "Vengan de blanco, así nos reconocemos". El resultado fue tan increíble que al año siguiente los asistentes hicieron extensiva la invitación a más amigos y la reunión creció, hasta convertirse en tradición. Eso sí: la locación debe ser un misterio hasta último momento, al punto que éste se convirtió en un ingrediente fundamental de la convocatoria.

Mariana Gallego y su marido, Mauricio D’Alessandro.
Mariana Gallego y su marido, Mauricio D’Alessandro.

Y así ocurrió en Buenos Aires. A las 17:30 y desde siete puntos de encuentro (Plaza San Martín, Teatro Colón, Nordelta, Malba, Plaza Francia, Sucre y Libertador y Puertos, en el partido de Escobar), salieron en simultáneo varios micros con destino desconocido. "Giró a la derecha; es obvio que vamos a La Boca"; "No, nada que ver: estamos yendo al Congreso. Sólo nos quieren confundir", decían diversas voces a bordo del número 27, que tardó una hora en recorrer tres kilómetros (¡tales eran las vueltas!). Pero a las 18:45 el misterio se develó y cientos de curiosos vestidos de blanco cargando canastas de picnic, heladeritas, arreglos florales, mesas y sillas (que se podían alquilar en el lugar, pero era optativo), ingresaron en el predio de Puerto Madero con los ojos bien abiertos. ¡Es que no querían perderse nada!

Marcela Tinayre, Evelyn Scheidl y Teresa Calandra.
Marcela Tinayre, Evelyn Scheidl y Teresa Calandra.

Lo primero fue encontrar el lugar que le correspondía a cada uno, luego armar las mesas y por último colocar la vajilla (que no podía ser de plástico, por supuesto). Una vez que estuvo todo listo y las velas fueron encendidas, una coordinada revoleada de servilletas blancas al caer la tarde dio inicio oficial al primer Le Dîner en Blanc Buenos Aires. Encantada, Teresa Calandra dijo: "Había escuchado hablar mucho de esta fiesta… ¡Es divina!". A su lado Marcela Tinayre, una de las pocas con experiencia en estas celebraciones, opinó: "Yo fui a algunas ediciones de Francia y Estados Unidos, pero ésta es superior, porque allá no hay bandas de música. Además, en Puerto Madero se mezcla la arquitectura moderna y el viejo Buenos Aires, ¡y queda muy lindo! Te impresionaba de sólo entrar". Ellas compartieron la cena con Nicolás Repetto, Eduardo Costantini y Alan Faena (que resaltó como el único invitado con algo de otro color), mientras la solista Elsa Martínez interpretaba canciones francesas entrañables, como La vie en rose. Luego, a las 20:50, se encendió la pista. Con tandas de rock, música electrónica y reggaetón, los argentinos bailamos bajo la luz de la Luna (como un reflectante grupo), hasta que a las 22:50 la música se apagó y por los parlantes retumbó: "Queridos amigos, ya es hora de despedirnos. Hasta el año que viene. Merci, mes amis!".

Por Kari Araujo