En su casa de Belgrano junto a sus amores: Justina (14), Manuel (5) y Valentina (18). “Sin su apoyo, nada sería posible”, afirma
En su casa de Belgrano junto a sus amores: Justina (14), Manuel (5) y Valentina (18). “Sin su apoyo, nada sería posible”, afirma

La numerosa familia González (ocho hermanos: cuatro varones, cuatro mujeres), todos hijos de Cástor y Esther, no podía ocultar su orgullo: Gladys, la más chiquita, sacaba puros diez y había sido nombrada abanderada. Estudiaba con avidez, fantaseaba con trabajar para las Naciones Unidas y, claro, todos los caminos conducían a Buenos Aires.

Los González eran de Bolívar y, su hogar, típico de clase media baja, trabajadora, pujante. "Al final, fui la única que se pudo ir a estudiar a la Capital; mi hermano mayor, Horacio, lo había intentado en su momento, pero se volvió. Luego falleció en un accidente de moto, a los 33 años… Siempre tuvimos que pelearla para salir adelante y creo que por el apoyo de mi familia logré venirme. Me recibieron en un pensionado de monjas, en Córdoba y Gallo. Y arranqué Ciencias Políticas en la UBA", cuenta Gladys, hoy de 44 años, candidata a senadora por Cambiemos y madre de tres hijos: Valentina (18), Justina (14) y Manuel (5), sus grandes orgullos.

Con la gobernadora María Eugenia Vidal, con quien camina incansablemente la provincia.
Con la gobernadora María Eugenia Vidal, con quien camina incansablemente la provincia.

–Sos una referente de Cambiemos, pero tu nombre no es de los más mediáticos.
–Es que siempre tuve bajo perfil. Debe tener que ver con mi personalidad, seguramente. Y que más allá de los cargos que ocupé (fui diputada nacional), siempre acompañé a los equipos detrás del telón. También trabajé, por caso, como jefa de campaña de Miguel del Sel y Federico Pinedo. Siempre había otro que tenía más exposición pública. Es la primera vez que me toca a mí.

–¿De dónde viene tu gusto por la política?
–La verdad, siempre tuve vocación de servicio. Formaba parte de las misiones de la iglesia y me gustaba la parte social: íbamos a los barrios, armábamos bibliotecas, cosas así. Luego hice el test vocacional y me dio Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales. Me anoté en la UBA, pensando que después iba a hacer la orientación a Relaciones Internacionales.

Uno de los momentos que más disfrutan: cocinar alguna torta. Valentina, la más grande, se va a inscribir en la UBA para estudiar Comunicación Social.
Uno de los momentos que más disfrutan: cocinar alguna torta. Valentina, la más grande, se va a inscribir en la UBA para estudiar Comunicación Social.

–¿Fue duro venir sola siendo tan chica?
–Tenía 18 años y sufrí el desarraigo, como tantos chicos del interior que pasan por lo mismo. En el pensionado había una monja que era contadora y había trabajado en el Ministerio de Defensa. Ahí arranqué, a los 19. Estuve más de diez años. Ahí conocí a Aldo, el padre de mis dos hijas. Hice un máster en la Escuela de Guerra, de Geopolítica y Estrategia, pero no militaba en política. Fue Mauricio (Macri) el que despertó eso en mí. Creo que a muchos argentinos nos movilizó lo que pasó en 2001, y a mí particularmente me dieron ganas de participar. Cuando apareció Mauricio, pensé: "Si él se compromete, yo también tengo que hacerlo". Googleé para ver dónde tenía la fundación (Creer y Crecer). Fui, toqué timbre y acá estoy. Recién se estaban juntando las firmas para armar el partido Compromiso para el Cambio, y yo, embarazada de Justina, mi segunda hija.

–Ingresar a la arena política, exponerte… ¿Te generaba algún temor, dudas?
–No, porque el equipo te hacía sentir parte y teníamos la euforia de estar construyendo algo nuevo. Sentí que era mi vocación, lo que pensaba hacer toda mi vida. Y estaba convencida de que Mauricio iba a ser presidente, no sabía cuándo. Se lo decía a todos.

La foto familiar con su segundo marido, Manuel Mosca, padre del benjamín y presidente de la Cámara de Diputados bonaerense.
La foto familiar con su segundo marido, Manuel Mosca, padre del benjamín y presidente de la Cámara de Diputados bonaerense.

–¿Qué creés que ve la gente en Cambiemos?
–Por un lado, la gestión en la Ciudad de Buenos Aires fue una gran vidriera para demostrar de lo que somos capaces de hacer como equipo. Vencimos todos los prejuicios y lo hicimos con hechos.

–¿Qué hay que profundizar? ¿Qué te piden en los barrios?
–La principal preocupación es la seguridad. A la vez, hay un enorme reconocimiento con lo que está haciendo María Eugenia (Vidal) contra el narcotráfico, contra la policía corrupta… Vas a lugares muy humildes y, a pesar de que a la gente le faltan muchas cosas, te dicen: "Hoy siento que el Estado está presente en mi barrio". Reconstruimos la confianza.

–Paralelamente a tu labor política sos esposa, madre… ¿Tenés tiempo para todo?
–A las mujeres modernas que trabajamos mucho se nos hace difícil conciliar la vida profesional con la familiar… Yo digo que la política no es un trabajo, sino una forma de vida. Los siete días de la semana estás al servicio. Mis hijas me acompañaron mucho siempre, lo mismo que mi primer marido, pero él no venía de la política, y entonces se volvió complicado llevar adelante el matrimonio. Hoy estoy perdidamente enamorada de Manuel Mosca, padre de mi tercer hijo y que también se dedica a la política (NdeR: Es presidente de la Cámara de Diputados bonaerense). Como me entiende y nos complementamos bárbaro, llevamos adelante esta linda familia ensamblada.

–A él lo conociste militando, ¿no?
–Sí. También es de Bolívar, nueve años menor que yo, y aunque somos de diferentes "camadas", nuestras familias se conocen desde hace mucho. Lo fui a buscar para que armara el partido en nuestra ciudad, porque sabía que le gustaba la actividad. Se vino a trabajar conmigo. Cuando fui candidata a diputada en 2009 me empezó a ayudar y… ¡nos enamoramos!

–La última, Gladys. Si tuvieras que definirte en pocas palabras, ¿qué dirías?
–Que soy una mujer que siempre la peleó, madre fundamentalmente, que ama a sus hijos con locura, y que ese amor me permite entender a otras madres de la provincia. Amo lo que hago con todas mis fuerzas y dedico mi vida a esto, que es mi vocación, y que consiste en tratar de mejorar un poquito la vida de los demás. n

Por Eduardo Bejuk. Fotos: Diego Soldini.