Santiago de Compostela, 9 jun (EFE).- El arquitecto Fernando Cobos, un experto en rehabilitación que optó junto a su equipo técnico por la colocación de tubos en las gárgolas del compostelano Hostal dos Reis Católicos para el desalojo de aguas pluviales, ha defendido este martes la elección: "No he roto nada".
Los suplementos metálicos, ha dicho en una charla en esta ciudad en la sede del Colegio Oficial de Arquitectos de Galicia, se quitan "exactamente igual de bien que se han puesto" y, en confianza entre colegas, ha dicho al respecto: "Yo todavía tengo guardada el hacha".
PUBLICIDAD
Ha lamentado el debate generado y el alto impacto mediático y ha indicado que el estudio que ha pedido Patrimonio de la Xunta sobre posibilidades que puedan permitir rebajar el impacto estético se trata en realidad de "alternativas a la polémica, no a la solución técnica".
Manejaba otras opciones, como por ejemplo cadenas, una que le gustaba bastante, pero a la que ve más impacto e inconvenientes. La que ha resultado es la que ve más idónea.
PUBLICIDAD
Podían recuperar las gárgolas "y no llevarle la contraria al edificio" o poner sobre la mesa cambiarlas o incluso inutilizarlas, ha explicado.
Los técnicos de Patrimonio y Turespaña no se han pronunciado en firme todavía después del revuelo, pero este profesional sí ha hecho hincapié en que lo que se ha escogido no es al azar porque el "deterioro era terrible", sobre todo desde 1960, ha concretado, y cada vez las precipitaciones son más intensas.
PUBLICIDAD
Así, esas abrazaderas de 90 centímetros colocadas en 16 gárgolas, no en las dos del centro porque "no lo son y nunca echaron agua", se perfilaron como el remedio.
Cobos ha comentado en su larga exposición que los peregrinos cuando llegan toman fotos con el móvil y no con cámaras profesionales que han captado esos "culos con tubos", tubos que en realidad han sido puestos "como algo que sale de la gárgola, no que entre".
PUBLICIDAD
Ha puesto el ejemplo de la gárgola de la luna, de la catedral de Friburgo, como "burlesca" pues se dice que un infeliz cantero la creó en 1230 y la apuntó al edificio del ayuntamiento después de no haber sido pagado por su trabajo.
Con este ejemplo, ha contado que estos elementos arquitectónicos, más allá de su función práctica de evacuar el agua de la lluvia, antaño plasmaban una provocación gozosa mediante representaciones satíricas y burlescas.
PUBLICIDAD
El problema se crea cuando se abre un debate y unas personas que se escandalizan "deciden que todos los demás tienen que escandalizarse", ha zanjado. EFE
(foto)
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD


