Alfredo Valenzuela
Sevilla, 24 may (EFE).- Pive Amador fue el primer mánager de Kiko Veneno y descubridor de una leyenda del rock como Silvio, pero casi nadie lo identifica como autor de ocho libros de ensayo y de una obra fotográfica, que ahora se expone retrospectivamente, sobre los primeros años 70, cuando ha dicho a EFE que "si no había libertad, nos la tomábamos".
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Algunas de las fotos y de las series -Amador, artista conceptual, hacía series cuando hace más de cincuenta años casi nadie las hacía- forman parte de los fondos del Museo Reina Sofía y del Centro Andaluz de Arte Contemporáneo (CAAC), por su doble valor artístico y documental.
Multifacético más que polifacético por la muy variada naturaleza de sus intereses y creaciones, Pive Amador -José Amador Gemio para el Registro Civil-, también es más reconocible como presentador de televisión, sobre todo de programas andaluces especializados en copla, aunque en su juventud diseñó carteles y fundas de discos como la del legendario álbum "Guitarras callejeras" de 'Pata Negra'.
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La exposición antológica de su obra fotográfica, que podrá verse en la Sala Atín Aya de Sevilla hasta el próximo mes de septiembre, ha sido posible gracias a la labor de investigadores como el artista Pedro G. Romero y del escritor y crítico Fran G. Matute, que ha ejercido como comisario y principal impulsor de la muestra.
Bajo el epígrafe "Maquinaciones para un decenio" la exposición reúne en tres salas unas doscientas fotografías, además de documentación de la época como pasquines, 'collages', fundas de discos de vinilo y todo tipo de cartelería, ya que Amador también se empleó en los años setenta como cartelista y como fotógrafo de galerías de arte como la inolvidable M-11, que restauró y ocupó la casa natal de Velázquez.
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Aquella galería de arte también fue el germen del grupo de rock 'Goma', que igualmente impulsó Pive Amador, quien para explicar el espíritu de los 70, que ha plasmado en esta muestra, recurre a Spinoza, su filósofo de cabecera: "La alegría es la sensación de que vas a más, y la tristeza la sensación de que vas a menos".
"Entonces ya era 'dictablanda' y contábamos con que la democracia llegaría, algo que contrasta con la polarización de ahora, las ideologías son las cárceles del pensamiento y nadie sale ahora de sus trincheras, lo contrario de lo que pasaba entonces; fui detenido por la policía varias veces, pero lo viví sin dramatismo, y además las novias nos esperaban en la puerta de la comisaria y nos recibían como a héroes", ha recordado Amador.
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"En la mili me lo pasé muy bien; mi padre le regaló un jamón a un capitán y ni me tenía que vestir de soldado en la Caja de Reclutas, y hasta metíamos las novias en el cuartel", ha añadido Amador, para advertir que, aunque su exposición habla de "decenio", nueve de cada diez fotos proceden del primer lustro de los setenta.
"Todo tiene más de cincuenta años", reitera con orgullo Amador sobre su exposición, en la que todas las fotos son en blanco y negro, porque el fotógrafo empezó revelando en el lavadero de sus padres y porque tiene la creencia de que en el color no manda el artista.
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Algunas de estas fotos respiran tanta libertad como una de la romería del Rocío en la que, ya de día, unos peregrinos duermen sobre la hierba mientras que otros prosiguen el baile por sevillanas a menos de un metro de sus cabezas, u otras del público asistente al festival de rock "Salta la tapia", que en los setenta se celebraba en los patios interiores del manicomio de Sevilla como un grito antipsiquiátrico. EFE
(vídeo) (foto)
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