A Coruña, 24 may (EFE).- El Deportivo, uno de los nueve clubes españoles que a lo largo de su historia ha sido campeón de Primera División, celebró este domingo su regreso a la máxima categoría, ocho después de aquella dura derrota ante el Barcelona en Riazor.
Aquel 29 de abril de 2018, el Dépor cerró su última etapa en Primera, categoría a la que estuvo a punto de regresar un año después, pero dilapidó un 2-0 en la final del playoff por el ascenso que acabó celebrando el Mallorca en Son Moix.
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El golpe fue brutal para el deportivismo, pero nada comparable a lo sucedido el curso siguiente, cuando se consumó su descenso a la tercera categoría del fútbol español, en la que no competía desde la temporada 1980-81.
El 20 de julio de 2020 será una fecha que la afición blanquiazul no olvidará jamás. Su equipo descendía a la desaparecida Segunda División B sin jugar su partido con el Fuenlabrada por los casos de COVID-19 del equipo madrileño.
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Fue la temporada de la pandemia, el inicio de una larga travesía por la tercera categoría, de la que salió en mayo de 2024 gracias a un gol de Lucas Pérez, quien había renunciado a seguir en Primera, con el Cádiz, para liderar el regreso del club de su ciudad al fútbol profesional.
Con el respaldo económico del empresario Juan Carlos Escotet, presidente de Abanca -principal acreedor del club- y máximo accionista, el Dépor consiguió configurar una plantilla de muchos quilates, con jugadores jóvenes pero de una enorme progresión como Mario Soriano, Yeremay Hernández, David Mella, Alti o Bil Nsongo, y otros con un largo recorrido como Ximo Navarro, Álvaro Ferllo, Stoichkov, Quagliata o Zakaria.
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El empresario prometió devolver al Dépor a la élite cuando en octubre de 2024 asumió la presidencia. No lo consiguió la pasada campaña, en la que el equipo ni tan siquiera llegó a disputar el playoff; pero en el presente curso, bajo la dirección de Antonio Hidalgo, exhibió una notable regularidad.
Sin practicar un fútbol vistoso, el Deportivo fue un equipo equilibrado, con una enorme profundidad de banquillo y, sobre todo, con pegada diferencial para la categoría. A eso se unió que los fichajes invernales fueron determinantes, al igual que el joven Bil Nsongo, héroe del deportivismo con su doblete en Zorrilla. El atacante africano, de solo 19 años, celebró en Valladolid su segundo ascenso, tras ayudar durante la primera parte de la temporada al Fabril a lograr el ascenso a Primera Federación.
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Serán muchos los niños que luzcan con orgullo la camiseta del delantero camerunés, como lucieron y siguen luciendo la de jugadores como Donato y Makaay, héroes del título de Liga en 2000; Diego Tristán y Sergio González, protagonistas de la Copa del "Centenariazo" en el Bernabéu; o Lucas Pérez, el niño de A Coruña que sacó a los suyos del ‘infierno’ de la antigua Segunda B. EFE
dmg/apa
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