Del objetivo cumplido a las dudas abiertas sobre Lisci

Guardar
Google icon

Pamplona, 24 may (EFE).- La agónica permanencia de Osasuna tras la derrota en Getafe deja más dudas que certezas sobre el futuro de Alessio Lisci, el técnico italiano que llegó el pasado verano y que ha logrado el objetivo mínimo, pero lo ha hecho en medio de un desplome competitivo que ha encendido a la afición rojilla.

El pitido final en el Coliseum no dio a los seguidores osasunistas alivio pleno, sino una mezcla de desconcierto, tensión acumulada y preguntas sin respuesta. Osasuna seguirá en Primera División, sí, pero lo hará tras una temporada que terminó convertida en un ejercicio de supervivencia extrema, muy lejos de las expectativas iniciales.

PUBLICIDAD

El equipo de Alessio Lisci se sostuvo hasta el último suspiro, pendiente de lo que sucedía en Montilivi, incapaz de depender de sí mismo en el momento clave. En Getafe, el conjunto navarro ofreció una imagen preocupante: bloqueado tras el gol local, sin capacidad de reacción y sin reflejar sobre el césped las instrucciones de un técnico que, desde la banda, trataba sin éxito de reactivar a los suyos.

La temporada del italiano ha sido una montaña rusa. Desde su llegada a Pamplona el pasado verano, Osasuna ha alternado buenos partidos en El Sadar con actuaciones muy pobres lejos de casa. Sin embargo, el problema ha sido más profundo en este tramo final, en el que el equipo ha dado síntomas claros de desconexión competitiva, coqueteando peligrosamente con el descenso hasta el último minuto del campeonato.

PUBLICIDAD

La derrota ante el Getafe evidenció todas esas carencias. Sin Víctor Muñoz y superado por la intensidad azulona, Osasuna fue un equipo irreconocible, sin alma ni respuesta. La sensación de deriva fue total, dependiendo de terceros para asegurar una permanencia que, en otras circunstancias, debería haber sido mucho más tranquila.

El vestuario, al término del encuentro, reflejaba el desgaste emocional del momento. Lágrimas, shock y alivio contenido entre los jugadores, mientras en la grada y entre la afición crecía la necesidad de encontrar responsables por haber llegado a una situación límite.

Lisci, por su parte, trató de poner en valor el objetivo cumplido. “Ha sido… raro, inesperado que se llegara a esta situación. Siento felicidad porque era muy difícil”, señaló en rueda de prensa, defendiendo el compromiso de sus jugadores: “No les puedo reprochar nada”.

El técnico insistió en la autocrítica interna, pero también en la necesidad de celebrar una salvación que sabe a gloria pese a haberla conseguido al final.

Ahora será el club quien deba pronunciarse en pocos días, dando su completa confianza al míster o dejando abierta la posibilidad de que llegue alguien nuevo. EFE

le.mm/ism

PUBLICIDAD

PUBLICIDAD