Las Palmas de Gran Canaria, 22 may (EFE).- Decía Filippo Tommaso Marinetti (1876-1944), fundador del Futurismo, que la velocidad podía expresarse a través del lenguaje con dos conceptos: el verbo en infinitivo y el sustantivo. A rajatabla siguió esta idea el escultor Martín Chirino en la última fase de su creación, que ahora se analiza en una muestra en la sede de la Fundación que lleva su nombre.
El Castillo de La Luz de Las Palmas de Gran Canaria, sede de la Fundación, acoge hasta el próximo 30 de agosto una exposición, que se inaugura este viernes, con gran parte de la obra del ciclo 'Homenaje a Marinetti', del escultor grancanario (1925-2019), en la que trabajó desde la década de los noventa y hasta casi el final de su vida.
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Con 'Martín Chirino: Homenaje a Marinetti. La velocidad en infinitivo', comisariada por el experto en vaguardias históricas Pedro Alberto Cruz y el director de la Fundación Martín Chirino, Jesús M. Castaño, se profundiza en "una de las muchas y bellas aporías que articulan la obra: la creación lenta de la velocidad", en palabras de Castaño.
En la rueda de prensa para presentar la muestra, el director de la Fundación ha señalado que Chirino "vuelve a Marinetti para acelerar el ritmo de las esculturas en hierro", mientras que el experto en vanguardias ha agregado que lo que realmente interesaba al escultor insular fue "una estructura teórica tan potente" como la del Futurismo, y en concreto la figura de su fundador por encima de todo.
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También ha querido dejar claro que la obra de Chirino se encuentra "totalmente desideologizada", que su interpretación sobre la velocidad que propone Marinetti y su vanguardia artística "está vaciada de cualquier componente político".
En ese sentido, ha recordado que la creación artística de Chirino respecto al Futurismo comenzó a plasmarse seis décadas después de que en España se dejara de hablar de este movimiento, en 1932.
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"Martín Chirino se fija no en las obras plásticas del Futurismo, que hubiera sido lo más natural —él era escultor— (...); sin embargo, eso no fue lo que le interesó. Lo que le interesó fue Marinetti, y Marinetti no era un artista plástico, era un poeta, y por lo tanto su producción era poética", ha explicado Cruz, quien ha afinado todavía más esa atracción: lo que le llamó fue su teoría poética.
Una teoría, ha indicado, que partía de una "obsesión" personal de Marinetti: cómo a través del lenguaje se puede expresar la velocidad.
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Y para ello, el poeta italiano rechazó la sintaxis tradicional porque, a su juicio, hacía que el lenguaje fuera muy lento, por lo que abogó por el verbo en infinitivo -una forma verbal que no tiene tiempo, que no es ni presente, ni pasado, ni futuro-, y por los sustantivos libres de adjetivos para que esté "menos subordinado".
Eso se cumple "a rajatabla" en la obra de Chirino, de cuya producción son seis esculturas las que se exhiben.
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"El infinitivo traduce algo que está en el proceso de hacerse, y precisamente las esculturas de Chirino lo que expresan es eso, es una sensación de velocidad que está en el proceso de hacerse y que nunca se acaba", ha expresado el crítico de arte, que también ha hablado de "sustantivos escultóricos", ya que solo expresa ese nombre "velocidad" sin acompañarlo de otras cuestiones.
"Lo que ha hecho Chirino es vaciar, desnudar el concepto de velocidad de cualquier tipo de representación y dejarnos solamente la velocidad en su desnudez", ha concluido Pedro Alberto Cruz. EFE
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