Manuel Sánchez Gómez
Londres, 12 mar (EFE).- Lo dijo Anthony Gordon, del Newcastle United. Le gusta más la Champions League que la Premier League, porque esta se ha convertido en una ensalada de saques de banda y córners. El fútbol inglés ha evolucionado a un concepto en el que los preparadores de faltas son más importantes que los 'jugones' y ha despojado al juego de su diversión. Tras seis ingleses incapaces de ganar en Europa, varios de ellos goleados, el fútbol se ha cobrado su venganza con la Premier League.
Hace no tanto, hacía gracia ver a Nicolás Jover, el estratega del Arsenal, tomar la posición en el área técnica de Mikel Arteta cada vez que había una falta peligrosa o un córner. Era algo diferente, atípico, pero no son pocos los que ya se han cansado de esta imagen. Antes era novedoso que un preparador tuviera tanto protagonismo, ahora ya es la norma, la rutina.
Nunca antes se habían marcado tantos goles a balón parado en la liga inglesa, nunca antes había habido tantos agarrones en el área, tantos empujones, tanta confianza en que el único camino hacia el gol es colocar la pelota en el lugar exacto para que tu central la cabecee. Antes se decía que un córner era medio gol, obviamente una hipérbole. Ahora en el Emirates Stadium se celebra más un saque de esquina que cualquier otra jugada.
Cada vez se dispara menos desde fuera del área, se dribla menos y se inventa menos. Se ha caído en la dictadura del 'Expected Goals' y la estadística. Se anima desde las jefaturas técnicas a disparar menos desde lejos e intentar acercarse lo más posible a la portería, porque un remate desde 10 metros tiene más probabilidades de entrar que uno desde 20. Sin importar que eso conduzca en muchas ocasiones a chocar una y otra vez contra un muro. Que se lo digan al Manchester City este miércoles en el Santiago Bernabéu. Con 3-0 en contra, apenas unos minutos en el marcador y once jugadores del Real Madrid defendiendo, los futbolistas del City seguían buscando centros al área pese a que Erling Haaland ya había sido sustituido.
Quizás eso fue lo que despistó a Malick Thiaw cuando Dani Olmo le intentó regatear en el minuto 95 del partido entre el Newcastle United y el Barcelona. Quizás el central no se esperaba ese amago dentro del área con el tiempo a punto de cumplirse.
Quizás tampoco se esperaban los defensas del Tottenham Hotspur el toque de primeras de Antoine Griezmann en el gol de Julián Álvarez en el Metropolitano o la vaselina de Vitinha sobre Filip Jorgensen en la goleada en el Parque de los Príncipes.
El único que le hizo pagar con su propia medicina a la Premier League fue el Bayer Leverkusen, y aun así lo utilizaron para burlarse de la fama de los 'Gunners'. "Logro conseguido, le hemos hecho un Arsenal al Arsenal", escribieron los alemanes después de que Robert Andrich marcara de cabeza y a la salida de un córner el temporal 1-0.
La BBC, la cadena pública británica, no se corta. "Las 24 horas que dañaron la reputación de la Premier League", titula en la portada de su edición deportiva. Tras miles de millones gastados, más que ninguna otra liga y casi más que el resto juntas, y después de vanagloriarse en infinidad de ocasiones de ser la mejor liga del planeta, la Vieja Europa les bajó a la tierra.
"Los equipos ingleses son leones en invierno, corderos en primavera", dijo en su día Michael Platini. Antes al menos eran leones y corderos divertidos. EFE
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