Los compañeros de piso que se llevan 60 años: “Ella me ha enseñado a poner la lavadora, yo le ayudé cuando se cayó”

Lo que comenzó como un programa de vivienda intergeneracional ha terminado convirtiéndose en una relación casi familiar

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Dos personas, una mujer mayor y un hombre joven, sentadas frente a frente en una mesa de cocina de madera. Hay tazas de café, galletas y una cafetera moka.
Los compañeros de piso que se llevan 60 años. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Un joven de 20 años y una mujer de casi 83 viven juntos desde hace más de un año en Frascati, un pueblo a las afueras de Roma, gracias a un programa de convivencia intergeneracional impulsado por la Universidad de Roma Tor Vergata. Desde entonces, su día a día se ha transformado en una relación de amistad, ofreciéndose apoyo mutuo y compañía.

La historia comenzó cuando Iris decidió abrir las puertas de su hogar dentro del proyecto “Juntos somos mejores”. Mientras que Pasquale, estudiante de Enfermería, necesitaba un alojamiento para continuar sus estudios lejos de su familia. Ambos se inscribieron en el programa y, tras el proceso de selección, el sistema los unió al considerar que eran compatibles.

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Con el paso del tiempo, la relación ha superado lo meramente práctico. Ya han pasado más de doce meses viviendo bajo el mismo techo, un aniversario que celebraron de forma sencilla: “Nos comimos una pizza”, recuerda el estudiante en una entrevista a Il Messaggero.

“Ella me ha enseñado a poner la lavadora”

La relación entre ambos se ha ido consolidando poco a poco gracias a pequeños gestos cotidianos que han terminado por generar un fuerte vínculo. Pasquale describe esta convivencia con una frase que lo resume todo: “La señora Iris me ha enseñado a poner la lavadora, yo le ayudé cuando se cayó”.

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Una anciana de cabello blanco y suéter de lana verde oscuro está de pie junto a una mesa de madera, mirando hacia una ventana grande con plantas exteriores
Una anciana mirando por la ventana de su casa. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Más allá de las tareas domésticas, Iris ha tenido un papel importante en la organización del joven. Según explica el propio estudiante, “la señora Iris me ha ayudado con la organización. Antes siempre olvidaba las llaves”. Gracias a la convivencia, Pasquale ha ido cambiando algunos hábitos y ha logrado madurar.

El apoyo, sin embargo, es recíproco. En una ocasión, cuando Iris sufrió una caída en casa, fue el propio Pasquale quien la asistió: “Se había caído y tenía una herida en la cabeza, la desinfecté y le sequé el pelo”, relata el estudiante de enfermería. Asimismo, Pasquale también colabora en tareas como la compra o pequeños recados.

Con el paso del tiempo, Iris valora muy positivamente la evolución de su compañero de piso: “En poco más de un año ha crecido muchísimo, ahora sabe poner la lavadora, tender la ropa y poner la mesa perfectamente”. Incluso, con humor, lo define como su “viejoven”, en referencia a su madurez pese a su juventud.

Un hombre joven, de unos 20 años, sentado en una silla de oficina frente a un escritorio de madera con apuntes, un portátil y una cartuchera, mirando su teléfono móvil.
Un joven frente al ordenador. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Un hogar compartido contra la soledad

Más allá de la convivencia, ambos coinciden en que lo más importante es la compañía. Iris, viuda y propietaria de una casa amplia, buscaba precisamente eso: mantener su independencia y evitar la soledad. “Me apunté al proyecto de Tor Vergata, rellené un cuestionario donde expresé mis necesidades y mi pareja ideal fue Pasquale”, explica.

El estudiante, por su parte, ha encontrado un entorno estable que le permite centrarse en sus estudios. Dispone de habitación propia, baño independiente y un espacio tranquilo para estudiar. Aunque podría mudarse a otro lugar, asegura que no lo contempla, ya que la relación con Iris ha adquirido un carácter casi familiar. De hecho, los hijos de la mujer lo llaman el “niño de mamá”.

Este tipo de convivencia intergeneracional no es exclusivo de Italia. En España también existen iniciativas similares, como el programa de “CONVIVE”, que conecta a personas mayores que viven solas con estudiantes universitarios, ofreciendo alojamiento a bajo coste a cambio de compañía y apoyo en pequeñas tareas cotidianas.

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