Alicia M. Walker, socióloga: “No te sientes atraído por la persona, sino por un patrón y una idea de alguien”

Las primeras experiencias han moldeado expectativas sobre cercanía, confianza y conflicto, lo que lleva a algunas personas a buscar parejas difíciles de complacer o emocionalmente distantes

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Imagen de recurso de una pareja. (Adobe Stock)
Imagen de recurso de una pareja. (Adobe Stock)

La idea extendida de tener un prototipo de pareja puede ocultar algo más incómodo. Según la socióloga Alicia M. Walker, muchas personas no solo eligen a alguien que encaja en unas preferencias estables, sino que repiten patrones de relación que ya conocen, aunque les hagan daño. En un artículo para Psychology Today, la autora resume esa realidad con una pregunta que atraviesa todo el texto: “¿Nos atraen ciertos tipos de personas o ciertos tipos de experiencias emocionales?”.

Walker explica que las investigaciones apuntan en las dos direcciones al mismo tiempo. Por un lado, indica que las personas suelen emparejarse con otras que comparten educación, valores, rasgos de personalidad e incluso características físicas; por otro, los vínculos afectivos también reproducen dinámicas emocionales previas, incluidas las dolorosas, que se aprendieron al comienzo de la vida.

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La socióloga parte de una observación extendida: al repasar su historial sentimental, muchas personas detectan una repetición. A veces esa continuidad es visible en perfiles parecidos: artistas, atletas, intelectuales, “chicos malos”, parejas emocionalmente distantes o personas que parecen necesitar ser rescatadas. Otras veces, escribe Walker, las diferencias externas despistan, pero el mecanismo de fondo se mantiene. “Los rostros, las profesiones y las personalidades pueden ser diferentes, pero la dinámica emocional resulta extrañamente familiar”.

Por qué seguimos enamorándonos del mismo tipo de personas

La autora sitúa una parte de la explicación en la teoría del apego. Los psicólogos, señala, llevan tiempo observando que las personas “suelen recrear dinámicas de relaciones familiares, incluso cuando estas son dolorosas”, porque las primeras experiencias ayudan a formar expectativas sobre cercanía, confianza, conflicto y disponibilidad emocional.

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Desde ese marco, el “tipo” de una persona puede no ser una apariencia concreta ni una personalidad específica. Walker lo formula de manera directa en Psychology Today: “Así pues, el ‘tipo’ de una persona puede no ser una apariencia o personalidad en particular. Puede ser una experiencia emocional familiar”. Esa hipótesis cambia el foco. Una persona que creció esforzándose por obtener aprobación puede sentirse atraída una y otra vez por parejas difíciles de complacer, mientras otra puede buscar vínculos con personas emocionalmente distantes y confundir esa persecución de conexión con la química.

La imagen que utiliza Walker para describir ese bucle es una de las más claras del texto. “Quizás por eso algunas personas parecen salir con la misma persona una y otra vez, aunque en cuerpos diferentes”.

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Cuando la química se parece demasiado a lo conocido

La repetición, añade la autora, rara vez es consciente. Nadie decide de forma deliberada buscar relaciones frustrantes, pero la familiaridad ejerce una atracción poderosa y los seres humanos, según resume, suelen preferir lo conocido incluso cuando ese terreno conocido es imperfecto.

Ahí aparece el matiz decisivo del artículo: lo familiar puede producir sensación de seguridad, pero no por ello resulta beneficioso. Walker advierte de que “las relaciones que resultan más emocionantes o magnéticas no siempre son las más adecuadas para la felicidad a largo plazo”.

La intensidad, según su planteamiento, no siempre equivale a compatibilidad. A veces refleja un encaje genuino; otras, la activación de viejos patrones emocionales que vuelven a ponerse en marcha ante alguien que se parece menos a una pareja ideal que a una experiencia ya vivida. Por eso, la autora desplaza la pregunta clásica sobre si todo el mundo tiene un tipo hacia otra más precisa. En lugar de fijarse solo en quién atrae, propone observar qué estructura emocional se repite debajo de esa atracción.

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