Los mercados ya no duermen

La próxima década probablemente no estará dominada solamente por bancos tradicionales ni exclusivamente por criptomonedas, sino por un sistema híbrido

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Corredores trabajan en la Bolsa de Nueva York, en una fotografía de archivo. (EFE/Justin Lane)
Corredores trabajan en la Bolsa de Nueva York, en una fotografía de archivo. (EFE/Justin Lane)

El sistema financiero mundial acaba de entrar en una transformación mucho más profunda de lo que la mayoría de los bancos, gobiernos y pequeños inversores todavía alcanzan a comprender. Durante décadas, el dinero tuvo horarios, Wall Street abría por la mañana y cerraba por la tarde, las transferencias internacionales demoraban días, los bancos controlaban los tiempos de liquidación, las monedas nacionales estaban administradas por fronteras físicas y regulatorias y el mercado descansaba los fines de semana. Pero ese mundo empieza a desaparecer silenciosamente mientras una nueva arquitectura financiera global comienza a operar las 24 horas del día, los siete días de la semana, sin interrupciones y prácticamente sin fronteras.

Ese cambio parece técnico, pero en realidad es político, monetario y económico porque cuando el dinero deja de dormir, también cambia la velocidad de las crisis, de las oportunidades y del poder financiero global.

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La mayoría todavía observa Bitcoin como si fuera solamente un activo especulativo extremadamente volátil, pero el verdadero cambio estructural no es únicamente Bitcoin, sino el hecho de que el mercado acaba de demostrar que puede existir una infraestructura financiera global funcionando permanentemente fuera del horario bancario tradicional, una idea que rompe una parte enorme de la arquitectura financiera del siglo XX, porque el sistema clásico estaba construido alrededor de tiempos lentos, horarios bursátiles, cámaras de compensación, bancos intermediarios y liquidaciones diferidas, mientras ahora aparecen redes digitales capaces de mover valor en segundos entre continentes sin esperar apertura bancaria ni autorización operativa tradicional.

Moneda de Bitcoin brillante y otros logos de criptomonedas como Ethereum y Dogecoin flotando en un fondo digital azul con patrones de circuitos.
Una representación visual de Bitcoin destacando en un ecosistema digital lleno de otras criptomonedas. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Ahí entran las stablecoins como el fenómeno más importante y probablemente menos entendido de toda esta transición financiera. Mientras gran parte del público sigue concentrado en la volatilidad de las criptomonedas, las stablecoins empiezan silenciosamente a convertirse en una infraestructura paralela de pagos globales que ya supera los 340.000 millones de dólares de capitalización conjunta y que durante 2025 movió más de 27 billones de dólares en volumen transaccional anual, una cifra superior al PIB combinado de Alemania, Francia y Reino Unido.

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Solamente Tether, la principal stablecoin del mercado, supera los 150.000 millones de dólares emitidos y genera miles de millones de dólares anuales en beneficios gracias a intereses sobre bonos del Tesoro estadounidense, convirtiéndose prácticamente en una especie de banco digital global sin sucursales físicas y operando permanentemente. Circle, emisora de USDC, administra decenas de miles de millones adicionales mientras gigantes financieros tradicionales empiezan a integrar stablecoins dentro de sistemas de pagos corporativos y tesorerías internacionales. El dato más importante no es solamente el tamaño actual, sino la velocidad de crecimiento, porque hace apenas cinco años el mercado total de stablecoins era inferior a 10.000 millones de dólares y hoy ya representa una infraestructura global de liquidez permanente.

La lógica detrás de este fenómeno es extremadamente poderosa: una empresa puede enviar dólares digitales entre países en minutos, un proveedor puede cobrar sin esperar varios días de liquidación bancaria, un trader puede operar permanentemente, un ciudadano en una economía inflacionaria puede dolarizarse digitalmente y un fondo puede mover liquidez global durante un fin de semana sin esperar que abran Nueva York o Londres.

Corredores de bolsa en Nueva York. (EFE/Justin Lane)
Corredores de bolsa en Nueva York. (EFE/Justin Lane)

Una nueva capa financiera mundial

Ahí aparece el cambio más importante de todos. El dólar ya no circula únicamente mediante bancos estadounidenses, sino también mediante infraestructura digital privada que empieza lentamente a construir una nueva capa financiera mundial. Ese punto preocupa silenciosamente a gobiernos y bancos centrales porque cambia la relación histórica entre monedas, soberanía y sistema financiero, ya que durante décadas los Estados controlaban buena parte de la circulación monetaria mediante regulación bancaria tradicional, mientras ahora parte de la liquidez empieza a viajar fuera de esa estructura clásica. Y, cuando el dinero puede moverse permanentemente, la velocidad financiera global aumenta drásticamente.

Ese es probablemente el mayor cambio económico de esta década. Antes, una crisis esperaba la apertura del mercado, mientras hoy un ataque militar en Medio Oriente mueve Bitcoin un domingo de madrugada, una declaración de la Reserva Federal genera movimientos instantáneos en activos digitales asiáticos y una corrida cambiaria regional puede escapar inmediatamente hacia stablecoins en cuestión de minutos, haciendo que la economía entre en un estado de reacción permanente donde los mercados funcionan continuamente y desaparecen parcialmente los tiempos de absorción emocional y financiera, algo que vuelve al sistema mucho más rápido, pero también mucho más inestable. La volatilidad deja de tener pausas reales y el dinero empieza a reaccionar constantemente frente a noticias, guerras, inflación, tasas, sanciones o tensiones geopolíticas.

El ejemplo de Bitcoin

Bitcoin es el ejemplo más visible de esa aceleración porque pasó de valer menos de 1.000 dólares hace una década a superar los 100.000 dólares por unidad en distintos momentos recientes, mientras los ETF vinculados al activo captaron decenas de miles de millones de dólares institucionales en tiempo récord. BlackRock administra actualmente más de 11 billones de dólares globales y decidió entrar agresivamente al negocio de activos digitales porque entendió que, aunque muchas criptomonedas desaparezcan, la infraestructura financiera 24/7 probablemente llegó para quedarse. Fidelity, Franklin Templeton y otros gigantes financieros también avanzan sobre tokenización y mercados digitales porque el mercado no quiere volver a sistemas lentos cuando descubre que puede mover dinero globalmente de forma instantánea.

Ese cambio empieza a generar presión sobre bancos tradicionales. Gran parte de sus ingresos históricos dependían precisamente de intermediación lenta, transferencias internacionales, compensaciones y tiempos de liquidación, mientras que ahora una stablecoin puede mover valor en minutos con costes muchísimo menores y sin necesidad de ciertas capas tradicionales de intermediación financiera.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha alertado este miércoles de que el Ibex 35 ha acumulado, en un mes de conflicto en Oriente Próximo, una caída del 9%, lo que ha supuesto que las empresas españolas han perdido más de 100.000 millones de euros de valor bursátil. (Fuente: Congreso)

Hoy una transferencia internacional corporativa puede tardar entre uno y cinco días hábiles dependiendo del sistema bancario involucrado, mientras una transferencia mediante stablecoins puede resolverse prácticamente en tiempo real. Ahí aparece otra transformación gigantesca, todavía poco visible para el público masivo, y es la tokenización de activos. La próxima etapa probablemente no sea solamente criptomonedas, sino activos reales funcionando sobre infraestructura digital permanente, bonos tokenizados, fondos tokenizados, activos inmobiliarios fraccionados digitalmente, commodities tokenizados, energía tokenizada e instrumentos financieros liquidándose continuamente sin esperar horarios bancarios tradicionales. Algunos análisis internacionales proyectan que la tokenización de activos reales podría superar los 10 billones de dólares antes de 2030, mientras otros escenarios más agresivos hablan incluso de cifras cercanas a 16 billones si bancos, fondos y gobiernos aceleran la integración regulatoria.

Eso puede cambiar completamente la manera en que circula el capital global porque un bono ya no necesitaría esperar sistemas tradicionales de compensación, una empresa podría emitir instrumentos digitales negociables permanentemente y un inversor minorista podría acceder fraccionadamente a activos antes reservados únicamente para grandes fondos. Sin embargo, al mismo tiempo, la velocidad financiera también puede amplificar riesgos sistémicos, ya que cuando el dinero se mueve más rápido que la regulación, aparecen nuevas vulnerabilidades, ciberataques, corridas digitales, volatilidad amplificada, riesgos de liquidez instantánea y dependencia creciente de infraestructura tecnológica privada. Solamente en 2024, las pérdidas globales vinculadas a hackeos y vulnerabilidades en plataformas digitales superaron varios miles de millones de dólares, demostrando que la nueva velocidad financiera también crea nuevos riesgos estructurales.

La nueva disputa geoestratégica

Por eso China y Estados Unidos observan esta transformación como una cuestión estratégica y no solamente tecnológica, porque China avanza agresivamente sobre yuan digital, sistemas de pagos y control estatal de infraestructura financiera digital, mientras Estados Unidos intenta preservar el dominio global del dólar, observando cómo stablecoins privadas dolarizan parte del ecosistema digital global.

La disputa real ya no es solamente monetaria, sino sobre quién controlará la próxima infraestructura financiera mundial. China ya prueba pagos internacionales digitales entre bancos centrales asiáticos, mientras Estados Unidos mantiene ventaja gigantesca porque más del 58% de las reservas globales continúan denominadas en dólares y gran parte de las stablecoins están justamente respaldadas por deuda estadounidense.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump (derecha), estrecha la mano de su homólogo chino, Xi Jinping. (Evan Vucci/Pool Foto vía AP, archivo)
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump (derecha), estrecha la mano de su homólogo chino, Xi Jinping. (Evan Vucci/Pool Foto vía AP, archivo)

Paradójicamente, el sistema cripto que muchos creían antiestadounidense termina fortaleciendo parcialmente la demanda internacional de bonos del Tesoro porque las stablecoins necesitan reservas para sostener la paridad y esas reservas terminan invertidas en deuda norteamericana de corto plazo.

Aparece otro dato enorme que muchos todavía no ven: la inteligencia artificial empieza a fusionarse con los mercados financieros mediante algoritmos que operan automáticamente, plataformas que analizan millones de datos simultáneamente y sistemas capaces de administrar riesgo y liquidez en tiempo real, haciendo que la velocidad financiera aumente todavía más porque la inteligencia artificial reduce tiempos de decisión y transforma el dinero en una estructura algorítmica permanente.

Más del 70% del volumen diario en algunos mercados estadounidenses ya está influenciado directa o indirectamente por trading algorítmico y sistemas automatizados, mientras fondos cuantitativos utilizan inteligencia artificial para detectar patrones, arbitrajes y riesgos antes que operadores humanos tradicionales. Ahí nace el nuevo capitalismo financiero digital, donde los mercados nunca descansan, los algoritmos nunca duermen y la liquidez puede reaccionar instantáneamente frente a cualquier evento global.

El Ibex 35 ha cerrado 2025 como su mejor año desde 1993 tras obtener una revalorización acumulada del 49,27% y mantenerse por encima de los 17.000 enteros, cota histórica jamás alcanzada antes por el selectivo madrileño. (Europa Press)

La oportunidad para algunos países

Dentro de ese sistema también aparecen oportunidades gigantescas para países capaces de entender rápidamente el cambio, y Argentina podría ser uno de ellos. Mientras gran parte del mundo busca activos reales, energía, alimentos y nuevas fuentes de rentabilidad, Argentina posee recursos estratégicos enormes, pero continúa operando muchas veces con estructuras financieras lentas y fragmentadas.

El nuevo sistema probablemente premie países capaces de conectar recursos físicos con infraestructura digital moderna y ahí aparece una oportunidad enorme para modelos híbridos entre energía, mercados digitales y financiamiento estructurado, donde una empresa energética podría tokenizar flujos futuros, un proyecto de almacenamiento energético podría estructurar financiamiento digital internacional y un puerto podría monetizar eficiencia logística mediante instrumentos trazables. Ese es el tipo de arquitectura que empieza lentamente a construir empresas como EarthShot Prize y BalGreen, transformando eficiencia energética, reducción de emisiones y sistemas industriales en activos financieros medibles y potencialmente escalables hacia mercados globales.

El punto importante no es solamente tecnológico, sino financiero, porque el nuevo mercado busca rendimiento, trazabilidad y eficiencia simultáneamente, y ahí países exportadores de energía, alimentos y minerales pueden capturar muchísimo más valor que en el viejo esquema tradicional.

Representación de Tether. (Dado Ruvic/Illustration/Reuters)
Representación de Tether. (Dado Ruvic/Illustration/Reuters)

Una infraestructura digital global

Ahí aparece una conexión enorme entre stablecoins, inteligencia artificial, energía y mercados 24/7 porque la inteligencia artificial necesita electricidad, los centros de datos necesitan estabilidad energética, los mercados digitales necesitan liquidez permanente y las stablecoins necesitan confianza y reservas mientras los inversores empiezan a buscar activos reales capaces de sostener valor dentro de un sistema financiero muchísimo más rápido.

Solamente los centros de datos vinculados a IA podrían duplicar su consumo eléctrico antes de finalizar la década y grandes tecnológicas ya compiten por asegurar capacidad energética estable para sostener expansión computacional. Amazon, Microsoft y Google ya firman contratos energéticos multimillonarios porque saben que el cuello de botella futuro probablemente no será únicamente computacional, sino energético.

La próxima década probablemente no estará dominada solamente por bancos tradicionales ni exclusivamente por criptomonedas, sino por un sistema híbrido donde convivan bancos, monedas digitales, stablecoins, activos tokenizados e inteligencia artificial financiera, cambiando completamente la lógica económica mundial. El dinero deja de ser solamente una herramienta nacional administrada lentamente por bancos centrales y empieza a convertirse en una infraestructura digital global funcionando permanentemente. Ahí nace también un enorme desafío humano porque millones de personas todavía ahorran, invierten y entienden el dinero con lógica del siglo XX, mientras el sistema financiero empieza a moverse con lógica algorítmica y velocidad digital, dejando rápidamente atrasada a la educación financiera tradicional.

Antes de 2030, una parte enorme de los pagos corporativos internacionales podría moverse mediante infraestructura digital tokenizada, reduciendo drásticamente el negocio tradicional de transferencias bancarias internacionales.

La Bolsa en España. (Europa Press)
La Bolsa en España. (Europa Press)

Las preguntas que siguen sin responderse

Los bancos que no integren mercados 24/7, inteligencia artificial y activos digitales probablemente perderán competitividad frente a nuevas plataformas híbridas financieras y tecnológicas.

La tokenización podría transformar bonos, energía, commodities y proyectos industriales en activos negociables permanentemente, abriendo un mercado potencial de más de 10 billones de dólares durante la próxima década.

El verdadero negocio financiero futuro no será solamente crear monedas digitales, sino controlar infraestructura energética, computacional y de liquidez capaz de sostener inteligencia artificial y mercados permanentes.

Argentina podría transformarse en uno de los principales proveedores globales de energía, alimentos, minerales y activos reales tokenizables si logra conectar recursos físicos con arquitectura financiera moderna.

¿Los bancos tradicionales podrán competir contra un sistema financiero que opera permanentemente sin horarios ni fronteras? ¿Las stablecoins terminarán fortaleciendo al dólar… o debilitando el poder de los bancos centrales? ¿Quién controlará realmente el dinero del futuro: los Estados, las tecnológicas o las plataformas financieras digitales? ¿La velocidad financiera hará más eficiente al sistema global… o mucho más inestable y vulnerable a crisis instantáneas? ¿La tokenización democratizará inversiones o concentrará todavía más el poder financiero global? ¿Estamos entrando en una economía más libre… o en un capitalismo completamente dominado por algoritmos y plataformas?

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