(Shutterstock)
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Ya pasaron más de dos meses desde la suspensión de las clases. Desde entonces, distintos temas se pusieron arriba de la mesa: el uso de las plataformas educativas, las asimetrías entre los que tienen acceso a la tecnología y no, si es posible dar continuidad pedagógica, las posibles consecuencias de la interrupción del ciclo lectivo. El balance que arroja este bimestre, según una encuesta, es dispar entre las percepciones de docentes y padres.

En general, las opiniones son opuestas cuando se trata de evaluar el trabajo de los docentes. Los maestros se sienten agobiados en este cambio abrupto hacia la enseñanza remota: el 90% afirma que tuvo mayor carga laboral. Por otro lado, la mitad de los padres cree que los docentes están trabajando menos.

¿Por qué esa disparidad? “Lo que está pasando es que están dando menos horas de clases, pero esas horas de clases se reemplazan con videos, con chats, con planificación de tareas. Pero lo que sería la hora cátedra tradicional del docente hablándole a los alumnos hay menos. Sucede que esa es la parte más visible del trabajo docente para los padres”, explicó a Infobae Santiago Bilinkis, tecnólogo y emprendedor.

Bilinkis impulsó una encuesta que respondieron 8.100 personas: un tercio docentes, un tercio padres y un tercio alumnos, procedente de las 24 provincias. Al ser online, aclara, hay un sesgo de falta de representación de las familias que no tienen acceso a la tecnología.

Santiago Bilinkis, tecnólogo y emprendedor
Santiago Bilinkis, tecnólogo y emprendedor

“Sin la presencia física de los maestros, se está dando un proceso inevitable: los chicos les piden más ayuda a los padres para hacer las tareas. Y ser docente es un arte: no cualquiera está en condiciones de enseñar. Ahí está el corazón del malentendido. Las familias ven que se redujeron las clases sincrónicas, que no se sigue el cronograma de horarios habitual, y piensan que los docentes están trabajando menos”, consideró.

Según las respuestas que relevó el especialista, los padres esperan que la escuela haga lo mismo, pero a distancia. Es decir, que siga un horario, con materias y horas definidas a través de videoconferencia. Sucede que, más allá de la dificultad de sostener clases virtuales durante tanto tiempo, en la mayoría de los hogares hay solo una computadora. Por lo cual, la asincronía se vuelve fundamental.

“La asincronía rompe la lógica de las clases normales. Al no tener computadoras y suficiente espacio personal, requiere que se turnen entre los integrantes de las familias. Hoy es una situación que presenta muchos inconvenientes, pero la mayoría son positivos a futuro, para empezar a romper paradigmas”, señaló.

Foto de archivo. Un estudiante, en clases en línea con sus compañeros usando la aplicación Zoom en casa. 2 de abril de 2020 (Foto: Reuters)
Foto de archivo. Un estudiante, en clases en línea con sus compañeros usando la aplicación Zoom en casa. 2 de abril de 2020 (Foto: Reuters)

Bilinkis dio el ejemplo de los videos, que hasta entonces eran poco usados por los maestros. “Los videos tienen un montón de ventajas espectaculares, ya sea videos propios como de terceros. Permite que los alumnos lo repitan infinitas veces, que lo puedan rebobinar si no entendieron. Cuando se retomen las clases presenciales, ojalá no se abandone esa práctica complementaria”, agregó.

Otro punto que el tecnólogo observa como una oportunidad es en el cambio en el modo de evaluar. Con las calificaciones suspendidas en todo el país, la virtualidad impide que se tomen los exámenes tradicionales de memoria. En su lugar, dice, se está poniendo el foco en trabajos monográficos e investigaciones.

“Otro punto a modificar son las evaluaciones orales, que suelen ser vistas con mucho temor por los alumnos porque se les pide que memoricen sobre distintos temas. No saben qué les van a tomar. En la vida real eso no pasa. Sabés de qué vas a hablar y te preparás en ese sentido. En Argentina somos muy malos hablando en público porque no lo ejercitamos en la escuela”, planteó.

Según advirtió, el proceso de adaptación “fue lo más difícil”. Un cambio tan grande, sin ningún grado de planificación ni la infraestructura adecuada generó dificultades al principio. Hoy cree que la situación está más controlado, aunque “sería un problema si nos enamoráramos de la modalidad de emergencia”. “El desafío que tenemos para marzo de 2021 es que no sea como marzo de 2019, que tomemos las buenas experiencias de este proceso de emergencia para fortalecer el sistema educativo”, concluyó.

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