Entre la codicia y la ignorancia, cómo las abejas africanas se convirtieron en asesinas

Las abejas asesinas matan a más de veinte personas al año. Surgieron en Brasil en 1956 cuando apicultores cruzaron a las originarias de Tanzania con ejemplares domésticos. Los comienzos y las consecuencias de las abejas más peligrosas del planeta
En diciembre de 2013 una pareja estadounidense falleció tras ser atacada por 30 mil abejas africanas (Getty)

Introducir una especie en un ámbito nuevo para ellas es sencillo. Alcanza con llevar un puñado de ejemplares y favorecer, dada la ausencia de depredadores, su reproducción. En general, con el propósito de obtener, con su producción a escala, algún rédito económico. Suelen prosperar y salir del espacio al que fueron destinadas: pueden provocar desastres ambientales, como el castor en Tierra del Fuego, o convertirse en una amenaza mortal. Como las abejas africanas.

La descripción entomológica las describe un híbrido procedente de la cruza de una subespecie africana silvestre con una doméstica. La experiencia las define como las abejas más peligrosas del planeta. Su comportamiento defensivo se convierte en malón cuando se sienten amenazadas. Persiguen a sus víctimas, generalmente humanos. Y les inoculan un veneno que, según la sensibilidad de quien es picado, puede resultar letal en apenas una picadura.

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Fue la codicia, disfrazada de innovación productiva, las que las creó cual pequeño Frankestein volador. Apicultores decididos a mejorar su oferta de miel llevaron en 1956 a 47 abejas reinas de Apis mellifera scutellata originarias de Tanzania a una granja en las afueras de San Pablo, en Brasil. Analizar el impacto ambiental y sanitario de semejante osadía no entraba, por entonces, en los planes de nadie. Tampoco el hecho de que las abejas se aparearan con ejemplares domésticos y mutaran a asesinas.

Esta subespecie es muy sensible a la presencia de humanos. Pero sólo atacan cuando se sienten perturbadas (Getty)

La potencia de la cruza las hizo casi invencibles y capaces de colonizar espacios en los que no había especie que las enfrentara: pusieron proa al norte y avanzaron entre 150 y 300 kilómetros por año. En los noventa entraron a Estados Unidos. "No tenemos forma de evitar que sigan yendo hacia el norte", brama un apicultor deseperado en un documental de ese país, en donde se las encuentra bastante más allá de California. Y siempre tomando como blanco los ojos y la cara de sus enemigos: se registran más de veinte muertes por año por ser picados por una abeja.

Hoy son una plaga. En algún momento se consideró que su producción de miel, aquello que las trajo a este continente, sea mayor. Al contrario, los científicos creen que hay cada vez menos miel y de peor calidad gracias a las abejas asesinas. Asesinas aunque no tan culpables como quienes las introdujeron.

Cicatrices es una sección del programa Ambiente y Medio que se emite todos los sábados a las 16 por la Televisión Pública Argentina

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