La contaminación empezó en el río Somes, se extendió al Tisza y llegó al Danubio, a dos kilómetros del incidente
La contaminación empezó en el río Somes, se extendió al Tisza y llegó al Danubio, a dos kilómetros del incidente

La megaminería se distingue por su vocación democrática: los desastres ocasionados con cianuro no discriminan países ricos, pobres, europeos o tercermundistas. El 30 de enero de 2000, confirmando que el inicio de un nuevo milenio no implicaría mejores modales para el saqueo de los recursos naturales, cien millones de litros de aguas residuales contaminadas con cianuro determinaron, en horas, la muerte de toda vida en los ríos del norte de Rumania. "El peor desastre ambiental desde Chernóbil", bramó la BBC de Londres.

Baia Mare, mina grande en rumano, es la localidad en la que funcionaba la mina Aurul, oro en rumano. La compañía minera era una fusión entre una empresa estatal rumana y la australiana Esmeralda Exploration: una prodigiosa mezcla entre corrupción y codicia, describió tras el accidente un periodista local.

La desaprensión, el mal manejo y hasta un deficiente estudio de impacto ambiental se combinaron un día para que las aguas residuales de la separación del oro con cianuro se diluyeran en el caudal principal del río Somes: se había roto el dique de cola que contenía esos desechos. En minutos, la concentración de cianuro superó 700 veces la marca permitida.

El Somes, por esa tozudez legendaria de los ríos de desembocar en otros, nutrió con su contenido al río Tisza, el segundo más grande de Hungría. Hasta el Danubio, a dos mil kilómetros del crimen original y cuatro semanas más tarde, llegó la mancha de veneno de cuarenta kilómetros de largo. "No ha quedado nada vivo", sentenciaron los biólogos mientras contabilizaban 1300 toneladas de peces muertos correspondientes a más de treinta especies distintas. Confirmaban lo que las novelas policiales ya nos habían informado sobre el cianuro: está diseñado para matar.

El cianuro había acumulado 1.300 toneladas de peces muertos correspondientes a más de treinta especies
El cianuro había acumulado 1.300 toneladas de peces muertos correspondientes a más de treinta especies

La compañía minera le echó la culpa a la contingencia, al azar y a Dios, pero no se hizo cargo. El Parlamento europeo respondió a la percepción de que Rumania, como parte del patio trasero de la Europa blanca y culta, no debía seguir pagando por la inequidad. Las nuevas directivas establecieron mecanismos rígidos de producción y explotación minera. Pero para los rumanos la marca fue severa. Ninguna nueva explotación con cianuro pudo atravesar el rechazo social. Notable, en un país con dos mil años de historia minera.

Cicatrices es una sección del programa Ambiente y Medio que se emite todos los sábados a las 16 por la Televisión Pública Argentina

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