Los “abultados” vencimientos de deuda con el sector privado de acá hasta diciembre 2020, combinada con una complicada caja de partida y sin posibilidad de financiarse en los mercados (ni externo, ni local), es el primer y claro paso que se debe analizar para entender por qué las negociaciones por la deuda deben ser una prioridad para el Gobierno entrante.

No es el monto total de la deuda (en términos de PBI), ni la participación por acreedor, ni el balance general de la economía -que incluso es mejor al del 2001- lo que explica el por qué de la necesidad de ser “prolijos” en las conversaciones, eficientes y, en particular, efectivos.

De hecho, es justamente este cronograma por delante lo que básicamente impulsa a calificar el problema actual como de liquidez, y no de solvencia. Aunque esto último, pueda llegar a ser una visión discutida.

Los números concretos

1.- Los vencimientos -capital e intereses- que restan del 2019 suman unos USD 3.670 millones, que sumados a los de 2020, por unos USD 49.350 millones, totalizan unos poco más de USD 53.100 millones. Organismos internacionales, dentro de este monto, es sólo un 13 por ciento.

2.- Ahora, sin organismos internacionales y el sector público, el total de pagos al sector privado suma poco más de USD 31.350 millones en los 13 meses que hay a fines del 2020. En términos de PBI, unos 7,5 puntos ¿Por qué esta distinción? Porque los vencimientos con el sector público se pueden renovar -sin implicar, en consecuencia, caja-, y muestra de ello ya se ha visto claramente en los últimos meses (desde cuándo, básicamente, se cerró el financiamiento privado para Argentina).

3.- La legislación. Entorno al 85% de los vencimientos son Legislación Argentina, y el restante 15% principalmente, Nueva York. De acá las especulaciones de un canje en dos etapas. Primero la local, más urgente en términos de vencimientos y más fácil de reestructurar -dadas las condiciones de emisión-, y después la externa. No hay igual una definición oficial igual sobre esta posición. Si se toma el 2005 como ejemplo, esta diferenciación no existió -aunque como dato no menor en ese año, toda la deuda estaba ya defaulteada-.

La deuda local es la más urgente en términos de vencimientos y más fácil de reestructurar -dadas las condiciones de emisión-, y después la externa

4.- La moneda. Un 46% de los vencimientos a afrontar es en pesos.

5.- Instrumentos, la pregunta es porque hay riesgo de “reperfilar” lo “reperfilado”. Simplemente, porque las Letras en pesos y dólares explican un 35% de los más de USD 31.000 millones a pagar.

6.- Vencimientos. la concentración de pagos es una luz de alerta. Entre diciembre y abril, concretamente, el nuevo gobierno deberá hacer frente a 48% del total. Esto refleja que no hay mucho espacio para “jugar”. Estos USD 15.000 millones aproximadamente, y sólo para tener idea de dimensión, es de base más de lo que hoy suman las reservas de libre disponibilidad en el Banco Central (unos USD 13.000 millones).

Los vencimientos de los próximos 5 meses, USD 15.000 millones aproximadamente, superan a las reservas de libre disponibilidad en el Banco Central (unos USD 13.000 millones)

En concreto, estos son algunos de los números que explican porque sin poder colocar deuda en el mercado, sin más fondos del FMI (algo descartado hoy en un 100%) y con las tres fuentes posibles de financiamiento internas complicadas -reservas, emisión y fiscal-, una negociación con los acreedores privados debería avanzar rápido.

Y esto entendido más allá de los hechos, en las señales. De hecho, esperar hoy una oferta concreta (y hacerlo incluso en los días que siguen al 10-D) es quizás demasiado ambicioso, pero sí sería importante comenzar a ver cuál es la idea del Gobierno en el camino que vayan tomando las negociaciones. Mientras que como clave, siempre buscando evitar un default, que está comprobado tendría derivaciones económicas más complicadas. No es lo mismo sentarse “en la mesa” con deuda perfoming (estado regular), que en cesación de pagos.

Ahora, es real que justamente la falta de definiciones y/o señales hoy, es lo que explica la posición actual de la curva de bonos en paridades promedio de entre 42% y 43%. No obstante, esto no nos habla de qué tan agresiva o no pueda ser la oferta.

Para pensar se deberá tener en cuenta no sólo los vencimientos de corto plazo, sino en los vencimientos de capital e intereses más allá del 2020 y al compromiso fiscal que se tenga. Un dato último clave, que deberemos ir despejando, con las políticas que se anuncien en las próximas semanas; y con las acciones del próximo Gobierno.

Mientras tanto, se seguirá necesitando más información para intentar comenzar a reducir los múltiples ejercicios de reestructuración posibles con los que nos vemos hoy obligados a trabajar. Esto producto de que la respuesta a la pregunta de qué tanto valor puede existir en la curva, dependerá de la propuesta y su aceptación.

La autora es directora de PPI Portfolio Personal Inversiones

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