
Las distribuidoras de gas del AMBA resolvieron restringir desde este martes la venta de GNC en las estaciones de servicio para evitar una caída de presión en los gasoductos. Se trata del tercer pico de frío polar en lo que va del año, por lo que la medida suspende “hasta nuevo aviso” el suministro interrumpible en los surtidores e industrias.
La decisión se tomó ante las bajas temperaturas que se registraron sobre el centro del país. Según comentaron a Infobae fuentes con conocimiento del caso, la restricción suele mantenerse mientras dura la ola de frío y no afecta la porción del abastecimiento que las estaciones tienen asegurada por contrato firme.
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En términos prácticos, las estaciones no quedan sin gas de manera automática, pero solo pueden despachar hasta el cupo garantizado. Todo el volumen interrumpible queda cortado hasta nuevo aviso.
De acuerdo con las regulaciones vigentes, el sistema nacional de despacho prioriza la demanda prioritaria. De esta forma, se garantiza el abastecimiento a hogares, hospitales y escuelas. Por el contrario, para las estaciones de servicio, la limitación es obligatoria y vender por encima del cupo habilitado implica una multa equivalente al valor de un litro de nafta súper por cada metro cúbico excedido, una penalidad que elimina cualquier margen comercial.
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La medida ya se aplicó otras dos veces en esta temporada de frío extremo. En esos episodios, el sistema también privilegió el abastecimiento residencial y de servicios esenciales por encima del expendio de combustible y de parte de la actividad industrial.
A diferencia de otros combustibles, el gas tiene la particularidad de que no se almacena. Es por es que, una vez extraído e inyectado a los gasoductos, debe consumirse o se pierde. Por eso, la producción gasífera se planifica en función de la demanda y alcanza su pico en invierno, pero ese mayor volumen no puede sostenerse en verano ni recuperarse más adelante.
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El cuello de botella en los gasoductos
Oscar Olivero, vicepresidente de la Cámara de GNC, explicó en Infobae en Vivo que el problema no está en la producción gasífera, sino en la capacidad de transporte y en el salto del consumo invernal. Según detalló, la Argentina dispone de una capacidad de transporte de 120 millones de metros cúbicos diarios. Y, aunque durante ocho o nueve meses del año, ese volumen resulta suficiente, en invierno, la relación entre oferta y demanda cambia por el aumento del consumo residencial en los días de frío intenso.
Según precisó Olivero, el consumo residencial representa alrededor de 14% dentro de un escenario normal, pero puede subir “hasta 60 y hasta 70%” cuando cae con fuerza la temperatura. Ese incremento presiona justamente sobre el sistema y empuja las restricciones sobre otros usuarios, como estaciones de servicio e industrias. Por eso, aun con mayor producción local, la red no logra trasladar todo el gas necesario hacia los centros de consumo en los días de mayor demanda.
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Olivero también señaló que el sistema se sostiene en invierno con compras de gas natural licuado. Precisó que en junio ingresarán ocho barcos de GNL y que para julio están previstos otros ocho más. Ese gas, que llega comprimido en barcos, se incorpora luego de la regasificación en la planta de Zárate. Sobre ese proceso, indicó: “En una semana o 10 días, podrían estar en condiciones de gasificar e inyectar el combustible al sistema”.
La necesidad de importar durante el invierno convive con un cambio de fondo en la matriz energética argentina. Según el informe de Intercambio Comercial Argentino publicado por el Indec, el rubro combustibles y energía alcanzó un valor histórico de USD 1.745 millones en mayo, con una variación interanual de 167,1 por ciento.
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Esta mejora en el desempeño estuvo impulsada por el aumento de las exportaciones de petróleo crudo y carburantes: las cantidades exportadas crecieron 78,5% y los precios 49,9%. El ministro de Economía Luis Caputo afirmó que la balanza comercial energética registró “el mayor saldo positivo de toda la serie”, con un superávit de USD 1.543 millones.
La paradoja, según surge de los datos y de la explicación del directivo, es estructural: el país produce más energía y exporta más, pero en invierno todavía necesita importar GNL porque la demanda se dispara de manera estacional y la red de transporte no tiene capacidad suficiente para mover todo el gas desde las cuencas productoras hasta las zonas de mayor consumo. Buena parte de ese volumen importado termina destinada a la industria y no a los hogares.
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