Marcela Cristini, economista de FIEL: “En el mundo cuando suben los precios de los alimentos se subsidia el consumo y se bajan los impuestos”

La economista de FIEL dijo en una entrevista con Infobae que la suba de las cotizaciones externas de los materias primas puso otra vez en discusión el problema de la “mesa de los argentinos”, pese al fracaso de ese concepto entre 2007 y 2015

"El punto de partida de alto endeudamiento externo y muy limitado atractivo hacia la inversión extranjera directa deja abierta casi con exclusividad la puerta de las exportaciones como mecanismo de financiamiento del desarrollo"
"El punto de partida de alto endeudamiento externo y muy limitado atractivo hacia la inversión extranjera directa deja abierta casi con exclusividad la puerta de las exportaciones como mecanismo de financiamiento del desarrollo"

La economía argentina 2021 sigue favorecida en el frente externo por la conjunción de altos precios internacionales de las materias primas que más exporta el país, y la retracción que mantiene el consumo interno, porque libera excedentes para vender al resto del mundo.

Sin embargo, el superávit de la balanza comercial no acusa ese impacto. Por el contrario, en junio volvió caer por segundo mes consecutivo, y acumuló en los últimos seis meses cuatro con baja y dos con valores similares a los del año anterior, porque pese a la retracción de la inversión productiva y del consumo las importaciones mantienen un ritmo de crecimiento muy superior al que registran las exportaciones.

Claramente, uno de los factores que explica ese resultado es el parcial cierre de mercados, o recortes, como es el caso de los cereales y de la carne vacuna, para privilegiar el mercado interno, fenómeno que es aprovechado por los países vecinos, principalmente Brasil y Uruguay; y la pérdida de fortaleza de la política cambiaria, al decidir las autoridades del Banco Central desacelerar significativamente desde marzo el ritmo de ajuste mensual, como estrategia antiinflacionaria, porque abarata en términos relativos las compras en el exterior y desalienta las ventas, en particular de las pyme.

Frente a ese escenario, que no se corresponde con las necesidades de divisas del país, tanto para poder hacer frente a los pagos de la deuda comercial, como honrar los servicios de los compromisos financieros, principalmente con los organismos internacionales, Infobae entrevistó a Marcela Cristini, economista de FIEL (Fundación de Investigaciones Económicas Latinoamericanas) y profesora de la Universidad Torcuato Di Tella en Política y Financiamiento de la Vivienda, por su especialidad en el seguimiento de la economía internacional, y en particular del estado del Mercosur.

Cuando la entrevisté a fines de 2020 sostenía que “La Argentina deberá empezar a revertir el sesgo antiexportador”, sin embargo, el Gobierno avanzó en sentido contrario, con restricciones a las exportaciones de carnes vacunas ¿Por qué cree lo hace?

— Hoy sigue habiendo en la Argentina un consenso muy importante sobre la importancia de buscar una “salida exportadora”. El punto de partida de alto endeudamiento externo y muy limitado atractivo hacia la inversión extranjera directa deja abierta casi con exclusividad la puerta de las exportaciones como mecanismo de financiamiento del desarrollo. En las declaraciones oficiales se reconoce la importancia de las ventas al exterior, pero a la vez se emplean mecanismos de políticas de intervención de mercados que desalientan al negocio exportador.

“La Argentina es ampliamente excedentaria en la producción de alimentos, de modo tal que no hay un problema de abastecimiento interno”

¿La estructura exportadora de la Argentina es competitiva del consumo interno?

La agroindustria es nuestra principal fortaleza exportadora dentro de una canasta total de productos que ha ido perdiendo diversificación y con menos empresas en condiciones de exportar. La reciente suba de precios internacionales de las materias primas puso nuevamente en discusión el problema de la “mesa de los argentinos” desconociendo los fracasos de ese mismo concepto entre 2007 y 2015. La Argentina es ampliamente excedentaria en la producción de alimentos, de modo tal que no hay un problema de abastecimiento interno.

En la cosecha 2018-19 finalmente la Argentina perforó el techo de los 140 millones de toneladas (con 147 millones de toneladas). Los análisis expertos dicen que ese volumen se podría haber alcanzado una década antes bajo las condiciones adecuadas.

Fuente: FIEL en base a Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca
Fuente: FIEL en base a Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca

En cuanto a la formación de los precios, las cotizaciones internacionales altas sólo afectan una muy pequeña porción del costo de los alimentos locales, tanto en la Argentina como en el resto de los países productores. Por ejemplo, el FMI ha calculado que el aumento del precio de los commodities de alimentos se traduce en 25% de incremento en el índice global de alimentos a nivel mayorista entre 2020 y 2021. A su vez, este aumento se traslada sólo parcialmente al consumidor y en este nivel, la variación de precios de los alimentos se estima en 3,2% para 2021 y 1,75% para el año próximo.

En el caso argentino, los aumentos al nivel del consumidor se explican por el proceso de alta inflación por el que transitamos. En efecto, a lo largo de cada cadena de valor se van sumando costos logísticos, de mano de obra, de insumos variados, cada uno con precios crecientes y difíciles de anticipar, que confluyen en la “inflación de los alimentos”.

Los aumentos al nivel del consumidor se explican por el proceso de alta inflación por el que transitamos

El caso de la carne vacuna es más complejo aún porque el proceso de engendrar, engordar y faenar ganado lleva entre 2 y 3 años, por lo que cualquier distorsión que se introduce en el presente tiene consecuencias de mediano plazo. Cuando se prohibieron exportaciones e intervinieron los mercados de carne vacuna a mediados de los 2000, ese episodio dio por resultado la pérdida de un 20% del stock, achicamiento de la industria frigorífica y un aumento del riesgo ganadero que se registra aún hoy ya que el precio relativo mayorista y minorista de la carne vacuna subió un escalón en 2010 y ya no bajó. Es decir, los productores agropecuarios requieren una mayor cobertura de precios para mantener la producción ganadera, que se ha vuelto más riesgosa.

En contraste, la Argentina podría estar creciendo en exportaciones ganaderas a la par de Brasil y Uruguay y eso no significaría resignar el consumo interno ya que un stock mayor permitiría abastecer ambos mercados (cada res está “integrada” por cortes de exportación y del mercado interno). En este caso el problema para el consumo local es el poder de compra reducido de los hogares de menores ingresos, como consecuencia del permanente aumento en los niveles de pobreza.

"Los productores agropecuarios requieren una mayor cobertura de precios para mantener la producción ganadera, que se ha vuelto más riesgosa"
"Los productores agropecuarios requieren una mayor cobertura de precios para mantener la producción ganadera, que se ha vuelto más riesgosa"

¿Las empresas exportadoras argentinas son generadoras de empleos, o en general son intensivas en capital?

La industria exportadora, en general, paga mejores salarios, ya que alcanza niveles de productividad internacionales y, en el caso de la agroindustria, tiene el potencial de generar empleos en todo el territorio del país, lo que ayuda a resolver otro de los problemas estructurales del país que es el de la primacía de los grandes centros urbanos con alto desempleo y cinturones de pobreza.

Es parte de la “desorganización institucional” argentina, que siendo uno de los principales productores y exportadores de alimentos del mundo (estamos en el top 10 de exportación) no tengamos una política diseñada para hacer frente al ciclo de los precios internacionales que es recurrente. Parece que, cada vez que ocurre, el aumento de precios internacionales sorprende a las autoridades de turno. En contraste, en el mundo se han estudiado y aplicado instrumentos que son bien conocidos. Así, en el caso de los alimentos, del lado de la demanda se recomendaron subsidios directos al consumo y la reducción de impuestos junto con fondos públicos disponibles (o endeudamiento) para aumento de las importaciones. Del lado de la oferta se insistió en promover aumentos de la productividad y fortalecer las cadenas de producción aprovechando las etapas de auge de precios. En esos casos el rol del Estado se concentraría en la promoción de la investigación y desarrollo y en la provisión de infraestructura básica.

Durante los períodos de reducción de precios, también se aplican políticas como el aumento del financiamiento que permita lograr un “aterrizaje” del sector mediante la reducción de los costos internos y el aumento de la capacidad de almacenaje. Este listado también incluye acciones para completar el funcionamiento de los mercados mediante la organización de mercados de futuros y seguros para compensar riesgos climáticos.

Durante los períodos de reducción de precios internacionales en el mundo se aplican políticas como el aumento del financiamiento que permita lograr un “aterrizaje” del sector mediante la reducción de los costos internos

A más de un año y medio de Gobierno de Alberto Fernández ¿Cómo definiría la política exterior de la Argentina?

En la política de inserción externa económica veo iniciativas que no logran alinearse en una estrategia clara. El caso del Mercosur es uno de los ejemplos más relevantes para nuestro futuro. La Argentina es una economía cerrada y uno de los pocos instrumentos de que ha dispuesto para mejorar su situación comercial externa ha sido el bloque regional. En el primer semestre volvió a verse su importancia como socio comercial (17,3% de las exportaciones y 26,9% de las importaciones). Dentro de este acuerdo, el intercambio con Brasil ocupa más del 77% y este país sigue siendo el principal socio comercial.

"Se observa un “desacople industrial” entre la Argentina y Brasil"
"Se observa un “desacople industrial” entre la Argentina y Brasil"

El estancamiento de la integración sugiere que también en ese caso hay oportunidades perdidas para la Argentina que deberían recuperarse. En contraste, hoy veo que el Mercosur está en una situación muy comprometida. Por una parte, se observa un “desacople industrial” entre la Argentina y Brasil. En 2007, la Argentina recibía el 32% de sus importaciones industriales desde Brasil y ese porcentaje se había reducido al 20,8% en 2019. Del mismo modo, el 6,8% de las importaciones industriales del Brasil provenían de la Argentina en 2007 y en 2019 ese porcentaje había caído al 5,4%. El lugar que ocupaba nuestro país fue captado por China que absorbió todo el crecimiento de las importaciones brasileñas (China incrementó su participación en las importaciones totales brasileñas desde el 2.4% al 19.9% en el período comentado).

“El lugar que ocupaba nuestro país fue captado por China que absorbió todo el crecimiento de las importaciones brasileñas”

Entre los socios principales, el sector automotor siguió siendo el intercambio más importante. En consecuencia, los flujos del comercio entre los cuatro socios del Mercosur pasaron de representar un 25% del total comerciado en los 90 al 10% en 2019, antes de la llegada del Covid-19.

¿Es buen negocio para la Argentina aumentar las tensiones en el Mercosur? ¿Cuenta con mercados alternativos para cambiar la estructura del intercambio comercial?

— Sabemos que los ciclos políticos descoordinados no ayudan a las negociaciones dentro del bloque (Brasil tendrá elecciones presidenciales decisivas el año próximo, por ejemplo), pero eso no explica que por 30 años no se haya discutido la tabla de aranceles y se haya avanzado sólo en acuerdos marginales de libre comercio con el resto del mundo. El promedio de aranceles del Mercosur es el mismo que al momento de su formación, 12% con un rango entre 0% y 35%, con una protección creciente según el valor agregado manufacturero del producto. Esta protección es sustancialmente mayor que la de los miembros de la OMC que ronda el 4,2%, en promedio. Pese a la situación bien conocida, la Argentina no parece haberse preparado para previsibles cambios.

En el capítulo de las negociaciones internacionales del Mercosur también aparece el hasta ahora fallido avance en el acuerdo con la UE, que acaba de cumplir dos años desde su adopción “en principio” (dado que luego de la firma restaban aún cerrar varios aspectos de la negociación comercial). El acuerdo birregional con la UE ha encontrado obstáculos en varios de los países europeos y en su propio Parlamento.

Por el momento, la firma del Acuerdo birregional no se llevará adelante por parte de la UE hasta que no se revisen los aspectos ambientales y de desarrollo sostenible. Esta iniciativa refleja otras acciones de política general de la UE plasmadas en su Programa Verde y en la recientemente aprobada Política Agropecuaria Común (reciclaje verde, sustitución de importaciones de sustancias proteicas, etc.).

Por último, este año los 164 países miembros de la OMC se volverán a reunir para discutir los temas multilaterales del comercio. Los antecedentes inmediatos no son auspiciosos, la última ronda de negociaciones lanzada en 2001 (Ronda de Doha o del Desarrollo) se considera un ejercicio fallido. En el caso de nuestros países del Mercosur, uno de los aspectos centrales de la negociación es la revisión del funcionamiento del Acuerdo para la Agricultura que se gestó en la Ronda anterior (Ronda Uruguay) y en el que Brasil y la Argentina tuvieron una decisiva participación.

“Los 164 países miembros de la OMC se volverán a reunir para discutir los temas multilaterales del comercio. Los antecedentes inmediatos no son auspiciosos”

Desde entonces, el único avance considerable ha sido la eliminación de los subsidios a las exportaciones del sector logrado en 2015. El Comité Agrícola ha estado muy activo en las discusiones, pero algunas decisiones de importantes jugadores como la UE con su viraje hacia una economía verde, podrían volver a estancar los avances. Esta es otra instancia en la que la presión conjunta del Mercosur junto con otros países productores podría ser de gran utilidad.

El Gobierno ha decidido “anclar” el tipo de cambio como parte de la política antiinflacionaria, ¿Afectará esa estrategia el ritmo de las exportaciones justo en el semestre en que estacionalmente caen las ventas externas?

— Lo que se observa del programa macroeconómico del Gobierno es un ajuste fiscal favorecido del lado de los ingresos por los elevados derechos de exportación sobre altos precios internacionales y por el aporte solidario de grandes contribuyentes. A esto se suma el anclaje del tipo de cambio. Pero ambos aspectos lucen como paliativos de corto plazo para combatir la inflación. Esta operación de horizonte tan corto puede atribuirse a la incertidumbre de la Pandemia, a las negociaciones aún pendientes por la deuda externa o al año de elecciones. Pero mientras tanto, a medida que se sale de la crisis sanitaria la economía debería consolidar una reactivación y en la Argentina eso requiere más importaciones de insumos.

Además, dados los niveles bajos de nueva inversión, también se requiere de importaciones de partes y piezas de bienes de capital para mantener el parque de maquinaria en funcionamiento. El aumento del ingreso de divisas del agro abrió la posibilidad de aumentar las importaciones sin alterar el objetivo de un saldo comercial positivo y alto (USD 6.740 millones en el primer semestre).

"El promedio del intercambio comercial representa el 12% del PBI contra un promedio mundial del 30 por ciento"
"El promedio del intercambio comercial representa el 12% del PBI contra un promedio mundial del 30 por ciento"

Se sabe que conquistar mercados externos lleva muchos años, y también que demanda más tiempo recuperar mercados que se abandonan ¿Qué cabe esperar a partir de la política externa de la Argentina?

— Pese a la poca importancia que las exportaciones e importaciones tienen dentro de las actividades económicas de la Argentina (el promedio del intercambio comercial representa el 12% del PBI contra un promedio mundial del 30%), nuestro país comercia con más de 100 naciones en el mundo. Esta característica sugiere que hay mayores oportunidades que podrían aprovecharse, aun cuando en varios casos el comercio se deba exclusivamente a ventas agroindustriales mediadas por empresas comercializadoras internacionales.

Sin embargo, el paso previo para poder mejorar el desempeño exportador es el de trabajar en la productividad de los sectores transables y en ese punto vuelve la tradicional discusión sobre el “costo argentino”. Aspectos esenciales como el transporte y el financiamiento son ejemplos de esos costos que afectan nuestra competitividad, para sólo mencionar dos casos muy visibles en el presente por los temas de la hidrovía o la exigua participación del sector privado en el crédito bancario.

“El transporte y el financiamiento son ejemplos de los costos que afectan nuestra competitividad”

¿Una reflexión final?

Este año continuarán en el mundo las reuniones multilaterales que discuten el futuro inmediato del comercio, las inversiones, los impuestos, las ayudas para el desarrollo, el cambio climático. Aunque la coordinación mundial aumente en algunos temas, el escenario internacional se ha politizado mucho más que en los 90 cuando floreció la globalización y los países emergentes crecían. En ese período, casi 1.000 millones de personas salieron de la pobreza. Hoy tenemos una nueva carrera tecnológica entre China y las economías occidentales; las cadenas de valor de la globalización se están redefiniendo, el mundo multilateral se regionaliza y hay muchos abordajes nuevos para temas globales. Dentro del grupo de países de desarrollo intermedio, la Argentina está llegando tarde y con grandes debilidades para enfrentar esos cambios. Yo confío en la capacidad y creatividad de nuestro sector privado, pero el entorno de negocios local y las políticas que lo moldean lo tienen que acompañar. Y cada vez tenemos más urgencia en conseguirlo.

Fotos: Sebastián Pani

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