Por qué cabe esperar para 2021 más inflación e inestabilidad cambiaria

A pesar de los desequilibrios que arrastra la economía argentina pareciera que es uno de los países en que más fácil es predecir lo que se avecina

El ministro Guzmán enfrentará varios desafíos para revertir los desequilibrios agravados con la llegada de la pandemia de covid-19 (Reuters)
El ministro Guzmán enfrentará varios desafíos para revertir los desequilibrios agravados con la llegada de la pandemia de covid-19 (Reuters)

A fin de año suele ser tiempo de balance de lo ocurrido y de perspectivas de lo que vendrá. En este marco, por un lado, los economistas suelen explicar lo sucedido en el año que termina, y por el otro, se les demanda que anticipen lo que vendrá. Sin embargo y al mismo tiempo, la gente de a pie suele pensar (equivocadamente) que “en Argentina anticipar más allá de seis meses es ciencia ficción”. Sin embargo, basado en la Teoría Austríaca del Capital de Eugen Von Bohm-Bawerk (“Capital e Interés”) y en la Teoría Macroeconómica de Roger Garrison (“Tiempo y Dinero”), no hay país en el cual sea más fácil anticipar lo que sucederá en el futuro que en la Argentina.

La teoría austríaca, al poner al capital en el centro de la escena, da al dinero tiempo para causar problemas, generando (primero) distorsión y (luego) destrucción de capital que (primero) atenta y (más tarde) aniquila el crecimiento económico. Hay un círculo vicioso que se retroalimenta negativamente entre la macro y la microeconomía.

En este marco de análisis de la teoría económica basada en el capital, se entiende que la macro mata a la micro, pero luego la micro empeora la macro, retroalimentando todos los desequilibrios macro, micro y financieros existentes. Así concebida, la teoría macroeconómica es una historia sobre como las cosas económicas pueden ir mal, de cómo los procesos productivos pueden desequilibrarse y, sin correcciones macroeconómicas de fondo de por medio; cada vez más.

De acuerdo con este marco analítico, sin reformas estructurales de fondo pro mercado que viren hacia las ideas de la libertad, el sector empresario deberá ponerse cada vez más ingenioso para continuar haciendo negocios y ganar dinero, con lo cual el proceso destrucción de capital iniciado hace más de cinco años proseguirá, y en la tendencia (más allá de un circunstancial resultado de PBI positivo en 2021) la economía seguirá achicándose en el largo plazo con un escenario monetario, cambiario e inflacionario de inestabilidad creciente en la película 2021-2023.

Concretamente, sin reformas pro mercado que viren hacia las ideas de la libertad, en la película de largo plazo la inversión neta continuará siendo negativa y la destrucción de capital seguirá a la orden del día, con lo cual la estructura de capital seguirá reduciéndose y la frontera de posibilidades de producción (FPP) achicándose. En este marco, la generación de riqueza proseguirá deteriorándose.

En la película 2021-2023, el PBI per cápita continuará cayendo (más allá de un rebote circunstancial inicial) y medido entre extremos, en el gobierno de Alberto Fernández la caída del PBI por habitante será mayor que en el precedente de Mauricio Macri, que a su vez ya había sido mayor que en la segunda presidencia de Cristina Fernández de Kirchner, cuando empezó a caer.

Asimismo, en 2021 habrá más inflación e inestabilidad cambiaria que en 2020. Más importante aún, medido punta a punta, sin reformas pro mercado que viren hacia las ideas de la libertad, la suba del dólar y de los precios al consumidor que acumulará el gobierno de Alberto Fernández, serán mayores que en los dos precedentes, y también los desafíos del ministro Martín Guzmán para controlar las variables macroeconómicas.

Sin reformas pro mercado que viren hacia las ideas de la libertad, la suba del dólar y de los precios al consumidor que acumulará el gobierno de Alberto Fernández, serán mayores

Puntualmente, teniendo en cuenta una caída del PBI de 10,4% en 2020 que deja un arrastre estadístico positivo 1,8% para 2021, o sea, si el nivel de actividad quedara todo el 2021 “clavado” en el nivel de cierre de diciembre 2020 y no creciera nada durante el resto el período subiría 1,8%. Sin embargo, dado que se compara contra un año que tiene el piso de la cuarentena y todo “dividido por cero da infinito”, es muy probable que la variación final sea aún mayor. En Economía & Regiones presentamos un escenario de aumento de 4,4% en el PBI para todo el año.

Sin embargo, hay tres elementos que podrían hacer que esa recuperación parcial no se termine efectivizando y pudiera ser menor: 1) la cosecha que no “viene bien”; 2) los indudables rounds cambiarios (saltos de la cotización del dólar tipo de cambio) y monetarios (aceleración inflacionaria) que vendrán el próximo año y 3) la incertidumbre sobre los efectos del covid-19, la segunda ola, la cuarentena y al ritmo de vacunación.

El clima no jugó a favor de la cosecha 2020/2021 (Reuters)
El clima no jugó a favor de la cosecha 2020/2021 (Reuters)

Más allá del numerito, lo que hay que en cuenta es que en un escenario positivo de PBI de aumento de 4,4% en 2021, sólo se estaría recuperando 42% de la caída del 2020, y un 40% estaría sustentado en el arrastre estadístico, y el otro 60% en la baja comparación del piso de la cuarentena 2020. Por tanto, no se estaría en la vuelta al crecimiento, sino que tan sólo sería un rebote del gato muerto.

Hay que tener presente que no hay crecimiento económico cuando se registra una variación positiva del PBI en uno o dos años, y debe estar basado en la acumulación de capital físico y capital humano, o sea; en los procesos de inversión y formación de capital; todo lo contrario a lo que sucede en Argentina desde hace mucho tiempo, y que se ha acentuado en el primer año de gobierno de Alberto Fernández, con lo cual es esperable que de seguir por esta senda y no virar hacia reformas estructurales de fondo pro mercado y pro ideas de la libertad, hay altas probabilidades de que el PBI per cápita (al igual que en 2012-2020) continúe cayendo en 2022-2023. No son procesos que se puedan dar vuelta rápidamente, mucho menos haciendo más de lo mismo.

Para volver a crecer “en serio”, Argentina debe hacer reformas estructurales pro mercado y pro ideas de la libertad mucho más agresivas que las que Carlos Menem hizo en 1989-1991. Por ahora, no hay ninguna señal en este sentido. Por el contrario, las medidas que tomó Alberto Fernández han sido más pro Estado y menos pro sector privado desde fines de 2019. Sin cuarentena y sin covid-19 el PBI del primer trimestre 2020 había caído 4,1% en comparación con el cuarto trimestre 2019 y bajado 5,2% respecto de un año antes.

Teniendo en cuenta la performance de la inversión de los últimos años y las medidas recientes del Gobierno, no va suceder lo que proyectado en el Presupuesto 2021 de aumento sostenido del PBI por habitante, por el contrario, proseguirá con su sendero decreciente en 2020-2023. Sin reformas estructurales pro mercado e ideas de la libertad, la Argentina seguirá en su derrotero de destrucción de la generación de riqueza, achicamiento de la economía y empobrecimiento secular.

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¿Cuál es la causa detrás de la destrucción de la riqueza?

Es muy fácil de ver. Por un lado, está el sector privado que es el único que genera riqueza produciendo bienes y servicios en el mercado y con sistema de precios. Del otro lado está el Estado, que no genera riqueza, no produce bienes, ni opera bajo sistema de precios que le señale qué, cuánto, de qué calidad y donde producir. El Estado vive extrayéndole por la fuerza (impuestos, impuesto inflacionario, devaluación, etc.) recursos al sector privado. Más Estado es indefectiblemente más impuestos, y/o más impuesto inflacionario, y/o más impuesto devaluatorio.

También puede ser más deuda, lo cual es una expropiación intertemporal que le quita recursos al futuro en pos del presente, encareciendo el costo de capital, o sea; penalizando la inversión, la acumulación de capital, las tasas de retorno, las ganancias y por ende, la generación de riqueza.

Más Estado es indefectiblemente más impuestos, y/o más impuesto inflacionario, y/o más impuesto devaluatorio

Hace diez años que la economía se achica y la inestabilidad macroeconómica gana volumen porque el sector público ahoga cada vez más a las empresas y a todos los agentes económicos privados en general, particularmente los profesionales independientes, los cuentapropistas, las micropyme y las pyme.

En este contexto, por culpa del Estado a todos los agentes económicos les cuesta cada vez más hacer negocios y ganar dinero, porque el sector público y sus burócratas aumentan sostenidamente y cada vez más todo el manojo de regulaciones y trabas, mientras que llevan la presión tributaria hasta niveles récord. Además del impacto negativo de los impuestos legislados por los Congresos Nacionales, Provinciales y las tasas municipales, también hay que sumar el impacto negativo del impuesto inflacionario exorbitante, la devaluación exponencial y del endeudamiento público récord (más del 100% del PBI) que lleva el costo de capital por “las nubes”, imposibilitando cada vez más el cálculo económico en las empresas, lo cual lleva a que primero (primero) dejen de invertir y (más tarde) desinviertan, reduciéndose el capital instalado, la capacidad de producción y la posibilidad de generación de riqueza, es decir; una economía cada vez más chica y más pobre.

Como puede verse, todo lo que impacta negativamente en los negocios empresariales y en la generación de riqueza no es otra cosa que lo que financia al sector público (trabas, impuestos, impuesto inflacionario, impuesto devaluatorio y deuda), revelando que el problema es el Estado.

Y el inconveniente es que este Gobierno vino a agravar todos los problemas de fondo que agobian a las empresas, ya que vino a acrecentar el tamaño del sector público, el gasto público, el déficit fiscal, la presión tributaria, la cantidad de impuestos y de contribuyentes alcanzados, la deuda y también la emisión monetaria; por lo cual se volverá aún más escaso el ahorro y el capital.

En este sentido, sólo basta mencionar el Impuesto a la Riqueza y el aumento de la carga tributaria. En noviembre 2020 la recaudación de Ganancias y de Bienes Personales habían subido en términos reales (contra la inflación) 29,8% y 1.268%, respectivamente en comparación con igual mes del año previo.

Fuente: Economía & Regiones en base a datos del Indec
Fuente: Economía & Regiones en base a datos del Indec

Si la inversión bruta es aproximadamente 16% del PBI, la inversión neta es 0%, sólo se invierte lo mínimo y necesario para reponer el capital existente y así mantener la capacidad (frontera de posibilidades) de producción constante, pero no hay inversión tendiente a ampliar el stock de capital para poder producir más. De ahí que en términos agregados se destruye capital en Argentina hace 5 años.

Los niveles actuales de formación de capital son similares a los del último tramo de 2006 y primeros meses de 2007, pero con una población que creció más del 15% desde entonces; y es 30,8% inferior a la que se observaba al final del primer gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, con 10,1% más de habitantes. Así, la relación de inversión bruta por habitante cayó 44 puntos porcentuales, pasando de un índice 100 en 2011 a 56 al cierre de 2020. La frontera de posibilidades de producción se achica y la población crece.

La caída del stock de capital impacta negativamente en la capacidad de crear puestos de trabajo, y se torna sostenida largamente en el tiempo. Aunque dada la rígida legislación laboral que impide despidos, la cantidad de puestos de trabajo cae menos rápido que el capital.

Fuente: Economía & Regiones en base a datos del Indec
Fuente: Economía & Regiones en base a datos del Indec

Qué implica el cepo cambiario

Primero y antes que nada hay que analizar lo que es el cepo cambiario desde el punto de vista más importante de todo, la visión moral y ética. Es una medida violenta de los burócratas del Estado que tratan de impedir que la ciudadanía se proteja de ellos y atentan contra la libertad de las personas y de las empresas. Quieren que nos quedemos con los pesos que emiten, que es papel pintado, y con eso cobrar el impuesto inflacionario que es un tributo no legislado, del cual no hay escapatoria y además, impacta más nocivamente sobre los más pobres. Con eso distribuyen riqueza e ingresos desde el sector privado hacia el sector público.

Es inmoral por eso y porque, además, le dicen qué hay que hacer con la plata, que cantidad se puede comprar de dólares, es como que impidan decidir cómo se destina el fruto del trabajo. Quien ahorra es para poder consumir en el futuro, y no se eligen los pesos porque sabe que la casta política cobrará el impuesto inflacionario, y por lo tanto reducirá el poder adquisitivo de la moneda.

Desde el punto de vista utilitarista, hay que entender que implica el cepo desde lo macroeconómico, para así poder visualizar que el control de cantidades y precios perpetúa e incentiva la destrucción de capital y la generación de riqueza, potenciando los desequilibrios macroeonómicos, fiscales y monetarios, con lo cual termina generando más pobreza e indigencia; y provoca exceso de demanda en el mercado cambiario.

Del otro lado, y en un marco de análisis de equilibrio general, están garantizados los excesos de oferta en todos los restantes mercados. El exceso de demanda en el mercado cambiario producido por el CEPO se traducirá en más suba del dólar, y a más tiempo y controles más férreos; peor.

También habrá excesos de oferta en el mercado de bonos, de dinero, de bienes y servicios y de trabajo, que se traducen en suba del riesgo país y por ende mayor costo de capital, impactando negativamente en la inversión, y por ende en la capacidad de producción.

Habrá excesos de oferta en el mercado de bonos, de dinero, de bienes y servicios y de trabajo, que se traducen en suba del riesgo país

El exceso de oferta en el mercado de monetario deriva en menor poder adquisitivo del peso y mayor inflación, lo cual también afectará negativamente a la inversión. El exceso de oferta en el mercado de bienes y servicios será pobre nivel de actividad. Paralelamente, el exceso de oferta en el mercado laboral será más destrucción de empleo, mayor desempleo y más bajo poder adquisitivo del salario. En consecuencia, no hay que esperar que la pobreza y la indigencia bajen, sino lo contrario. La única forma de que todos estos desequilibrios “aflojen” y los resultados sean los opuestos, es que el cepo cambiario sea relajado o eliminado.

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El Peso está sobrevalorado y el dólar está subvalorado

La gente corre a sacarse los pesos de encima que están artificialmente sobrevalorados e intenta cambiarlos denodadamente por dólares al tipo de cambio oficial que está barato. Pero los dólares son extremadamente escasos, con lo cual la gente deberá seguir corriendo hacia el mercado paralelo, o alternativos, como el libre o blue, contado con liquidación, MEP (Bolsa) y/o cualquier otro mercado no oficial, y la brecha cambiaria se agranda.

La ampliación de la brecha impacta negativamente en la liquidación de exportaciones y por ende, en el ingreso de dólares a la economía, retroalimentando negativamente el círculo vicioso. Se potencia la escasez de dólares, aumenta la demanda en el mercado paralelo y se agranda más la brecha, aumentando las presiones sobre la política del tipo de cambio oficial, que más temprano que tarde deberá convalidar una mayor devaluación.

La ampliación de la brecha impacta negativamente en la liquidación de exportaciones y por ende, en el ingreso de dólares a la economía

Vale la pena remarcar que la teoría económica sólo puede explicar el tipo de cambio en base a fundamentos monetarios, en consecuencia; sólo puede explicar el tipo de cambio en su tendencia de mediano y largo plazo. Por el contrario, la teoría económica no puede explicar los movimientos del tipo de cambio en el corto plazo, que responden a dinámicas puntuales alejadas de los fundamentos macroeconómicos. De ahí que, no hay que prestarle atención al movimiento de los últimos 2 meses y medio de cierre de la brecha cambiaria.

La inflación corre por detrás de la suba del dólar, lo cual se traduce en un encarecimiento del dólar y en una suba del tipo de cambio real. Primero aumentan los precios mayoristas, después los minoristas. Y de hecho, este fenómeno es el que de a poco está empezando a tener lugar. En este marco, es muy importante entender por qué la inflación se desaceleró en la primera parte del año y también es fundamental comprender por qué se empieza a acelerar en la segunda mitad, porque permitirá anticipar que la suba del índice general de precios seguirá acelerándose en la tendencia en este año que se inicia.

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En la primera mitad del año el Gobierno logró desacelerar la inflación, sustentado en el cambio de expectativas, se esperaba un nuevo plan, pero eso ya no está presente; mientras que en la segunda parte comienza a gravitar la política monetaria, porque se manifiesta con un retardo de entre 12 y 18 meses, la cual comenzó a ser muy expansiva a comienzos de 2020, y se intensificó con las medidas preventivas y asistenciales por la pandemia de covid-19. La producción de dinero crece en forma exponencial en relación con la producción de bienes y servicios.

Además, la cuarentena bancaria ayudó en forma muy relevante a que la inflación bajara, ya que evitó que salieran los pesos del sistema, impidiendo una mayor caída de la demanda de dinero, pero ese efecto comienza a agotarse.

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Dada la política monetaria excesivamente expansiva y su inconsistencia dinámica, la gente espera mayor inflación a futuro. En este marco, los agentes económicos no se va a refugiar en el peso, sino todo lo contrario, en el dólar.

La tenencia compulsiva de pesos está condenada a achicarse. De hecho, la demanda de dinero viene reduciéndose hace meses, lo cual ya empieza a sentirse en las variaciones del IPC, y en un futuro tendrá aún más impacto.

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Otro factor que posibilitó que la inflación se desacelerara en el primer tramo de 2020 fue que el BCRA tuvo fuerte capacidad de esterilización (absorción de los pesos excedentes) vía emisión de Leliq y Pases. O sea, el Gobierno prácticamente pudo retirar la mitad del dinero que emitía.

De hecho, solamente la mitad de la emisión de pesos destinada a asistir al fisco terminó convirtiéndose en expansión de la base monetaria. Y pasó de representar el 75% a aproximadamente 110% de la creación primaria de dinero.

La mitad de la emisión pesos destinada a asistir al fisco terminó convirtiéndose en expansión de la base monetaria

Hay que tener presente que la colocación de Leliq y pases parece perder dinamismo y difícilmente pueda seguir teniendo la misma envergadura, ya que los depósitos también comenzaron a perder fuerza.

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Con el corralito cambiario agrietándose, más dinero saliendo a la calle y con depósitos bajando, lentamente la esterilización perderá algo de potencia, con lo cual la emisión ganará volumen, el desequilibrio monetario se incrementará y la aceleración inflacionaria crecerá.

El efecto sobre las empresas

Con ese escenario cabe esperar que cada vez a las empresas se les volverá más difícil hacer negocios y ganar dinero. Ergo, deberán ponerse cada vez más ingeniosas, y tal vez podrían explorar la alternativa de incursionar en nuevos mercados y/o sectores.

Y, como plantea Samuel Konkin III en su manifiesto Neo-Libertario, “los gerentes y directores de empresas (en la medida de lo posible) deberán practicar la contra economía y el agorismo tratando de gambetear al Estado, lo cual será clave para la supervivencia de sus negocios, empresas y puestos de trabajo”.

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No hay que perder de vista que una pyme argentina que tiene todo en regla y paga todos los impuestos en tiempo y forma registra inexorablemente pérdidas, ya que debe pagar $106 por cada $100 que gana, en clara desventaja con la región y el promedio mundial donde esa relación es de 46% y 40%; respectivamente.

En este punto aparecen dos problemas: 1) la duración de la presión tributaria asfixiante, porque no es una situación transitoria que pueda ser revertida, sino que es permanente; y 2) esta situación no sólo no se revertirá en Argentina, sino que se agravará en 2021 y muy probablemente en 2022-2023 también, porque se han aprobado nuevos impuestos.

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